22-01-2026, 12:25 AM
Isla Samba – Día 31 de Primavera. Año 17.
Barrio residencial de Samba – Mercadillo.
– Clima: cálido.
El calor era distinto en Isla Samba. No abrasaba como en otros puertos, no se pegaba a la piel con desesperación. Aquí, el sol parecía más paciente, más amable. Como si supiera que los cuerpos estaban cansados y no necesitaban más castigo. Dravenia ajustó el cinturón de su chaqueta mientras bajaba los escalones del edificio. El cuero aún olía a sal y a pólvora, y eso le gustaba. Le recordaba que estaba viva. Que seguía en movimiento. Que no se había oxidado del todo.
La calle estaba tranquila. Algunos cruzaban con bolsas de arroz, frutas, herramientas. Otros, como ella, salían a buscar lo que les faltaba. El mercado del puerto abría temprano, y aunque no era su lugar favorito, prefería ir ella misma a que le trajeran cualquier cosa. Le gustaba ver lo que compraba. Elegir. Controlar. Desde que había llegado a la División 75 con Hae-won, no había dejado de observar. No hablaba mucho, pero tomaba nota de todo: los turnos, los silencios, las grietas en las botas de los demas, los gestos entre compañeros. Aún no tenían capitán. Aún no sabían si esa tripulación era temporal o definitiva. Y aunque no lo decía, eso le inquietaba.
No le gustaba improvisar. No le gustaba no saber a quién seguir.
Al salir del edificio, escuchó pasos detrás de ella. No necesitó girarse para saber quién era. Esa forma de caminar —segura, relajada, como si el mundo fuera suyo— solo podía pertenecerle a uno.
—Rifenhardt —dijo, sin mirarlo aún, mientras se ajustaba los guantes—. ¿Tú también vas al mercado?
Se giró apenas, lo suficiente para cruzar miradas. El sol le daba en el rostro, y por un segundo, sus ojos amarillos parecieron más dorados que nunca.
—¿Qué opinas de todo esto? —preguntó, sin aclarar a qué se refería exactamente—. ¿La división, la isla, el calor… la falta de un capitán?
Y echó a andar, esperando que él la siguiera. No porque lo necesitara. Sino porque, por alguna razón, quería saber qué pensaba.
