22-01-2026, 02:55 AM
En un grupo siempre hay una persona con un humor de perros y Satsuki encontró la suya en el hombre que se enfadó por ahora oler a cítricos. Los hombres nunca estaban contentos con nada. Se paró de puntitas para hacerle frente y frunció el ceño. Había sido un accidente, tampoco era para tanto, pero la gente solía subestimarla por ser tan bajita y menuda. Infló las mejillas, preparada para patearlo antes de correr cuando la voz de Dharma los interrumpió.
— ¿Venir a Samba? —miró hacia arriba, procesando la información—. Pues… era el siguiente puerto en mi camino —lo señaló—. ¡Ah!
Se sobresaltó cuando más personas comenzaron a aparecer, acercándose a su viejo conocido. Hizo una elegante reverencia cuando la presentaron a esa gente extraña, pero —curiosamente— interesante, después de todo la primera impresión siempre era la más importante. Los ojos dorados de Satsuki se abrieron con ilusión cuando otra chica apareció, invitándolos a dejar ese sitio e ir a un lugar con más clase.
—Al menos no tendrás que bañarte —murmuró Satsuki a Sanemi—. Deberías agradecerme —se giró hacia Dharma y lo miró con reproche—. ¿Esperar? ¿Por qué?
La calma era una mala compañía, traía pensamientos y recuerdos, así que Satsuki se giró a la barra y pidió otra bebida, mientras se iban presentando. Hizo lo que, normalmente, no hacía: quedarse callada y escuchar. Disfrutaba de su nueva bebida frutal y analizaba a los ‘‘aliados’’ de su colega. Un malhumorado y dos Gyojin interesantes. Salvo por el tal Sanemi, la tripulación era aceptable. Comenzó a hacer ademanes como si quitara algo alrededor del hombre.
—Iugh —siguió arrancando ‘‘cosas’’—. ¿Qué nunca te habían limpiado el aura? —negó con una mueca—. Estás todo polvoriento, con razón eres tan gruñón, ue —miró a la exótica mujer y le guiñó un ojo—. Tú estás excelente.
Satsuki realmente no estaba muy convencida de esto, pero después de todo lo que había pasado en los últimos años, la idea de estar sola otra vez la aterraba de una forma irónica. Sus ojos pasearon rápidamente por el resto del lugar, dándose cuenta de que —quizá— estaban llamando demasiado la atención. Buscar la salida y prepararse para correr era la decisión más sensata, así que aferró su laúd discretamente. Llevaba dentro de sus bolsillos, las bolsas de berries que había robado y su preciada lista. Esa que mantendría hasta cumplir su promesa.
—Creo que ya estás decente —se separó de Sanemi—. Bueno, amigos, hermosa reunión, todos muy majos y lindos, pero aquí se rompió una taza…
