Stick to the status quo :: Privado :: Pasado
#4
El joven arquero de la división 84, tras todo el caos de los eventos sucedidos en el cruce en los cabos gemelos, esa masacre sangrienta en donde no habrían podido salir vivos de haber dejado que rencillas personales, que si uno odia piratas, que si otro odia marines, en ese momento nada de eso importaba, pues todos eran los objetivos de una bestia claramente más fuerte que ellos, y por ello fue que tuvieron que unir fuerzas para vencer y salir vivos, aunque no ilesos. Todos y cada uno de ellos sufrieron heridas, algunos más serias que otros, pero al final todos salieron con vida de aquél lugar, y pudieron reunirse con sus compañeros y seguir con su viaje, como si nada hubiera pasado. Durante los días siguientes todo resultó extraño y raro, era una sensación de que habían sido parte de algo que no estaba previsto que pillara marines, como si los que organizaron no esperaran que un grupo de marines se vería afectado por ello, o más bien les daba igual lo que pasara a un pequeño grupo de marines que recién iniciaban sus andadas por los mares y decidieron avanzar hacia el Grand Line. El marine cada noche despertaba sudando, incapaz de tener una noche de sueño completa, cada que cerraba los ojos recordaba el foso, el no saber cómo llegó allí o porque había algo así en mitad del mar, recordaba la sensación de continuo peligro al enfrentar a una criatura claramente más fuerte que él y una impotencia brutal le inundaba nuevamente.

El joven pelirrojo llevaba tiempo apenas durmiendo, y cada que despertaba echaba la vista al horizonte, perdiéndose en sus pensamientos y recuerdos, preguntándose dónde estaría ahora mismo Titta mientras su rostro mostraba la tristeza que normalmente escondía, junto a la frustración de no haber podido hacer nada por salvar a sus abuelos, viendo sus cuerpos inertes cada tantas noches desde entonces. Debido a eso era que el joven no cesaba su entrenamiento, fortaleciendo sus capacidades, mejorando cada vez más su manejo del arco, y planificando municiones, mejores arcos y accesorios que le ayudaran a pelear con mayor soltura y lograr su objetivo con mayor eficiencia, sin recurrir a matar a los criminales prefiriendo encerrarlos siempre. Primero porque él no se consideraba con el derecho de decidir quien vive y quien muere, solo cumplía con su deber de arrestar a los criminales y hacer que enfrentaran el castigo correspondiente a sus crímenes. A sus ojos la justicia residía en que cada quien tuviera un castigo acorde a su crimen, pues no era lo mismo alguien que había robado a alguien que arrebató la vida a otra persona, o quien le arrebata su libertad a gente inocente por diversión o dinero, siendo el primero el que menos molestaba al marine de ojos y pelos rojos.

En esta ocasión el joven Bertram decidió adentrarse solo en la isla, acompañado únicamente por su montura peluda, su fiel amigo Rasmussen que seguramente pasó un muy mal rato con lo sucedido cuando todos salieron volando del barco. Por fortuna no le pasó nada y solo tuvo un susto, pero Bertram se sintió realmente mal por no poder acudir a ver cómo se encontraba su montura en un momento donde seguramente estaría bastante asustado y estresado. Desde entonces el arquero se decidió a acompañar a su pequeño gran hipopótamo en todo momento que estuviera descansando, así compensaba no asegurarse que estuviera bien tras ese tremendo impacto que tuvo que sufrir el barco cuando todos los marines salieron volando.

Realmente Bertram solo quería dar un paseo por la ciudad, comprar lo que necesitaran para el barco, tenerlo listo para en cuanto partieran a la siguiente isla tuvieran comida suficiente para no perecer en el intento o tener que racionar la comida hasta poder hacerse con más. A las malas podían pescar o si la siguiente isla tenía un bosque el propio arquero podría cazar algo, pero era mejor tener comida suficiente en el barco que apurar demasiado. Cuando llegó a una zona más apartada del pueblo, lejos de los negocios, lejos de todo, el joven arquero se reencontró con quien menos quería, la pirata que se parecía tanto a Titta que le hacía tener un conflicto entre su desprecio a los piratas y su incapacidad de tener odio a ella en concreto por recordarle a la persona más importante de su pasado que sigue viva, la única que estuvo con él junto a sus abuelos. El joven marine tuvo que salvarla de un animal que la iba a devorar, diciendo que siempre que la veía estaba en peligro, y al escuchar lo que dijo Maria tras sus palabras no pudo sino soltar su característica risa

-Trehehehehe, parece ser que tienes mala suerte. Si insistes, me llevaré el pato para que mi cocinero se encargue de él, pero en serio, deberías tener siempre al loco de tu hermano cerca, así evitarías estas cosas sir.-

Pese a sus palabras duras, el marine no tenía intención de hacer nada contra ella, por mucho que supiera que debía arrestarla, que debía cumplir su trabajo, cada vez que la miraba veía a Titta y no se veía capaz de atacarla por mucho que sintiera desprecio por los piratas. En cuanto el arquero mencionó que sabía ella era pirata pudo ver el miedo en sus ojos mientras se alejaba del marine. Sin embargo, antes de alejarse mucho se chocó con Rasmussen preguntando por su nombre y llamándolo peluche gigante, una descripción que no iba muy lejos del carácter del walkie que parecía haber animado a la joven con un lengüetazo cariñoso a que superara su miedo, un miedo razonable para una pirata pero innecesario debido al dilema interno del arquero. Y en ese momento la pirata pasó a la carga, desviando la culpa al marine diciendo que dejó a su esposa sola, la abandonó tras casarse, bueno ella casarlos, y dijo que no debería dejarla sola.

Sinceramente Bertram su pudiera la llevaría con él a todas partes, aunque fuera en una celda para mantenerla a salvo, pero no podía hacerlo sin tener que dejarla tirada en alguna base marine si no quería tener problemas con sus superiores, por ello era que su cuerpo era incapaz de moverse de forma totalmente hostil hacia ella. Mientras ella hablaba Bertram se rascó tras la cabeza, abrumado por todas las palabras de la mujer, la mención de la necesidad de unos anillos para el matrimonio también pilló al marine de sorpresa, sus abuelos no llevaban anillos y pasaron toda una vida juntos. Bertram suspiró y dijo

-Hi, hi entiendo. Yendo por partes parece que Rasmussen logró calmarte un poco, es algo que por algún motivo logra hacer con mucha facilidad. Respecto a lo de abandonarte ni sabía a donde te fuiste ni tu nombre, lo descubrí días después cuando mis compañeros me dieron el periódico de Samba. Y como mis abuelos me dieron una educación decente lo correcto es decirte mi nombre, Bertram Gaufrid. Y sí, logré encontrarme con ellos cuando regresaron de la torre mientras yo cuidaba del barco y de ese peludito. Imagino que tú también encontraste a los que te llevaron por el terrible camino de la piratería, los culpables de que hayas huido del hombre que tú misma declaraste tu esposo, sir.-

Bertram se acercó con calma al pato y lo levantó del suelo para luego llevarlo hasta donde Rasmussen y colocarlo en la parte trasera del mismo y sujetarlo bien con cuerdas para cuando fuera a llevarlo a su barco. Tras eso miró de nuevo a la pirata, miró la zona y recordó lo que mencionó de los tipos rudos de antes a lo que el joven marine dijo

-¿Y qué hacían esos tipos contigo?¿No serían basura pirata que hace daños a los demás, sir? –

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RE: Stick to the status quo :: Privado :: Pasado - por Bertram Gaufrid - 22-01-2026, 03:07 AM

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