22-01-2026, 08:04 PM
La aparición de una sombra que, progresivamente, iba oscureciendo la totalidad del ancianito y también del faro, empezó a llamar poderosamente su atención para detener su palabrería -¡Sé que están enojados y frustrados! ¡Pero...el pueblo de...- y, cuando el canoso comenzó a percatarse de la oscuridad repentina y presente de una sombra descomunal, volteó hasta encontrar colores que, pese a que su vista esté deteriorada y con uso de lentes para ver de lejos, pudiese identificar un repentino manchurrón amarillo, marrón, negro y azul que tapaba la totalidad de su espalda.
Pese a que hubiesen unos dos o tres metros de altura de diferencia, ya la mera existencia del ser era apreciable, incluso, a la lejanía de cuando había aparecido delante del propio faro no solamente por su gigantesco tamaño, sino, por la fuerte intensidad de unas pisadas que movilizaban un kilaje que, probablemente, oscilaría en toneladas. Cuando el anciano escuchó su término "por las profundidades" peor se puso, cerrando sus ojos y aceptando su destino, creyendo que podría llegar hasta los cien años con vida, pero bueno...noventa no estaban mal, tampoco -...no vienes a matarnos a todos?- el viejito, intentando defenderse sin ningún tipo de caso con ambas manos hacia adelante, progresivamente, comenzó a abrir uno de sus ojos con inseguridad, teniendo que alzar su cabeza hacia arriba y elevar el tono de voz: El sujeto era alto, mucho, demasiado, tanto que hasta parecía comunicarse con una rodilla apoyada sobre el terreno y, así, proseguir con una voz tan grave como estruendosa. Decía ser carpintero, entre muchas otras cosas. Además, parecía querer meterse en aquella afronta de manera completamente directa y, pese a su aterrador aspecto y su intimidante voz, había reflexión en sus palabras. Cuando se elevó esa mano gigante y azul, los orbes oscuros del viejete viajaron hacia una palma inmensa que, como si se tratase de una nube gigante, surcó los cielos hasta entrar en contacto con el gran portón de madera. Su simple roce ya fue suficiente para provocar un sonido del otro lado -¡¿EH?! ¡NO VAS A TIRAR LA PUERTA!- porque aquel gran hombre azulado era grande, demasiado, tanto como para generar un pequeño empujón imperceptible en la madera solo con el propio peso de su extremidad superior.
No hubo exactamente una pregunta, sino, la búsqueda de una explicación de parte del azulado. Sus palabras, pese a que del otro lado yacía un tono de voz tan grave como profundo, entregaban...¿Comprensión? Algo que el anciano no había hecho hasta ahora, sino, poner más histérico al masculino que se encontraba del otro lado -Si no fuese por habernos llamado al ayuntamiento...Hikari estaría...- si el sujeto quería que "lo ayudasen a entender", no dudaría en recibir explicaciones. La voz masculina se quebró al final, deteniendo sus palabras en seco -Sigh...- mientras que, el anciano, explicativo y teniendo que levantar el cuello en demasía para coincidir con ese rostro de mil demonios que portaba el monstruoso ser, prosiguió -Hace aproximadamente cinco días, hubo una inmensa tormenta en la que obligamos a la familia Yoake, los protectores de este foro, a abandonarlo. Era peligroso, mucho, estar controlando la luz del faro con el suelo húmedo solo puede acabar en desgracia.- necesitaba alzar un poco la voz más de lo normal. Uno diría, ¿Cómo es que comenzaba a soltar información casi así, de la nada? Pero había desesperación en la mirada de un hombre que ya, cansado, intentaba desesperadamente buscar una solución inminente a un problema que podría escalar hasta ser algo que atente contra la seguridad y economía de todo el pueblo -Nos habíamos llevado a todos...excepto a Hikari, la hija mayor. Ella...- ahora, su mirada se desvió hacia un lado, resistiéndose, pudiendo verse su rostro anciano lleno de culpa -...decidió encerrarse en el balcón, que tiene una puerta que limita el paso. No podíamos permitir que les pasase nada a los protectores del faro, ¿Qué pasaría si nadie iluminase el camino de los pesqueros, nuestra principal y casi única economía?- el hombre viejo hablaba con responsabilidad, como si él formase parte de algo más grande que "simplemente ser un aldeano", y así lo gesticulaba, casi justificando aquel accionar -Quise preguntarles el porqué ocurrió aquello...porqué ella no quiso venir con nosotros, pero no tuvo caso.-.
La respuesta parecía concluirse por si sola, al igual que la expresión del anciano y el silencio sepulcral que podía escucharse del otro lado de la puerta -Tan solo queríamos proteger a toda la familia, pero Hikari decidió encerrarse por sí misma.- porque las tragedias, por más que no tengan un culpable, duelen siempre de la misma manera -Pero si esa noche hubiésemos estado todos juntos...quien hubiese muerto hubiera sido yo, y no mi niña.- la voz masculina interrumpió del otro lado, deteniendo un poco el hilo de la conversación del propio anciano -Porque ustedes, el ayuntamiento de Baquella, solo decidieron preservarnos porque somos los únicos que sabemos todos los trucos que tiene este maldito faro del demonio. Un faro en el que carga, ahora, mi dolor, el de mi esposa y el de mi hijo pequeño.- la puerta seguía hablando con tono masculino y opaco, sin siquiera mostrar quién yacía del otro lado -¿Acaso pueden hacer algo para devolverme a mi hija? En ese caso, como ustedes han hecho lo que han querido con nosotros, nosotros haremos, no, YO haré lo que quiera con la luz del faro. Habrán días que funcionará bien, otros que la luz va a estar todo el día enfocando a una casa, y otros en donde simplemente por las noches estará apagada.- eran palabras vengativas, molestas, de alguien que decide hacer daño simple y llanamente para obtener algún tipo de justicia de lastimar a un inocente. Como si fuese una balanza donde puedan ponerse los males del mundo equilibrados con los auto-provocados y, así, "obtener justicia".
Luego de cuatro segundos de silencio, el anciano, cabizbajo, comenzó a hablar -Ayúdame, por favor.- había auxilio en sus palabras, derrota -Estoy muy viejo para intentar solucionar esto. Yo simplemente formo parte de la administración del ayuntamiento de Baquella y llevo horas...bueno, días, buscando cómo resolverlo.- se sinceraba, genuinamente, en una asistencia en la que parecían haberlo dejado completamente solo a resolver -Como esto siga así una semana más...no habrá economía que sustente al pueblo.-.
![[Imagen: cpCTIxB.png]](https://i.imgur.com/cpCTIxB.png)
-¡OH NO! ¡Es un acólito del señor de los mares para llevarnos a todos!-
Pese a que hubiesen unos dos o tres metros de altura de diferencia, ya la mera existencia del ser era apreciable, incluso, a la lejanía de cuando había aparecido delante del propio faro no solamente por su gigantesco tamaño, sino, por la fuerte intensidad de unas pisadas que movilizaban un kilaje que, probablemente, oscilaría en toneladas. Cuando el anciano escuchó su término "por las profundidades" peor se puso, cerrando sus ojos y aceptando su destino, creyendo que podría llegar hasta los cien años con vida, pero bueno...noventa no estaban mal, tampoco -...no vienes a matarnos a todos?- el viejito, intentando defenderse sin ningún tipo de caso con ambas manos hacia adelante, progresivamente, comenzó a abrir uno de sus ojos con inseguridad, teniendo que alzar su cabeza hacia arriba y elevar el tono de voz: El sujeto era alto, mucho, demasiado, tanto que hasta parecía comunicarse con una rodilla apoyada sobre el terreno y, así, proseguir con una voz tan grave como estruendosa. Decía ser carpintero, entre muchas otras cosas. Además, parecía querer meterse en aquella afronta de manera completamente directa y, pese a su aterrador aspecto y su intimidante voz, había reflexión en sus palabras. Cuando se elevó esa mano gigante y azul, los orbes oscuros del viejete viajaron hacia una palma inmensa que, como si se tratase de una nube gigante, surcó los cielos hasta entrar en contacto con el gran portón de madera. Su simple roce ya fue suficiente para provocar un sonido del otro lado -¡¿EH?! ¡NO VAS A TIRAR LA PUERTA!- porque aquel gran hombre azulado era grande, demasiado, tanto como para generar un pequeño empujón imperceptible en la madera solo con el propio peso de su extremidad superior.
No hubo exactamente una pregunta, sino, la búsqueda de una explicación de parte del azulado. Sus palabras, pese a que del otro lado yacía un tono de voz tan grave como profundo, entregaban...¿Comprensión? Algo que el anciano no había hecho hasta ahora, sino, poner más histérico al masculino que se encontraba del otro lado -Si no fuese por habernos llamado al ayuntamiento...Hikari estaría...- si el sujeto quería que "lo ayudasen a entender", no dudaría en recibir explicaciones. La voz masculina se quebró al final, deteniendo sus palabras en seco -Sigh...- mientras que, el anciano, explicativo y teniendo que levantar el cuello en demasía para coincidir con ese rostro de mil demonios que portaba el monstruoso ser, prosiguió -Hace aproximadamente cinco días, hubo una inmensa tormenta en la que obligamos a la familia Yoake, los protectores de este foro, a abandonarlo. Era peligroso, mucho, estar controlando la luz del faro con el suelo húmedo solo puede acabar en desgracia.- necesitaba alzar un poco la voz más de lo normal. Uno diría, ¿Cómo es que comenzaba a soltar información casi así, de la nada? Pero había desesperación en la mirada de un hombre que ya, cansado, intentaba desesperadamente buscar una solución inminente a un problema que podría escalar hasta ser algo que atente contra la seguridad y economía de todo el pueblo -Nos habíamos llevado a todos...excepto a Hikari, la hija mayor. Ella...- ahora, su mirada se desvió hacia un lado, resistiéndose, pudiendo verse su rostro anciano lleno de culpa -...decidió encerrarse en el balcón, que tiene una puerta que limita el paso. No podíamos permitir que les pasase nada a los protectores del faro, ¿Qué pasaría si nadie iluminase el camino de los pesqueros, nuestra principal y casi única economía?- el hombre viejo hablaba con responsabilidad, como si él formase parte de algo más grande que "simplemente ser un aldeano", y así lo gesticulaba, casi justificando aquel accionar -Quise preguntarles el porqué ocurrió aquello...porqué ella no quiso venir con nosotros, pero no tuvo caso.-.
![[Imagen: fckIK9P.png]](https://i.imgur.com/fckIK9P.png)
-La tormenta fue tan intensa, tan terrible, que parte de la vidriera que amplifica la luz del faro reventó, haciendo que entre agua a borbotones por culpa de la tormenta y la altura del faro. Ella...en su intento de seguir intentando que el faro funcionase, resbaló y se golpeó la espalda contra la barandilla del balcón...y...bueno...-
La respuesta parecía concluirse por si sola, al igual que la expresión del anciano y el silencio sepulcral que podía escucharse del otro lado de la puerta -Tan solo queríamos proteger a toda la familia, pero Hikari decidió encerrarse por sí misma.- porque las tragedias, por más que no tengan un culpable, duelen siempre de la misma manera -Pero si esa noche hubiésemos estado todos juntos...quien hubiese muerto hubiera sido yo, y no mi niña.- la voz masculina interrumpió del otro lado, deteniendo un poco el hilo de la conversación del propio anciano -Porque ustedes, el ayuntamiento de Baquella, solo decidieron preservarnos porque somos los únicos que sabemos todos los trucos que tiene este maldito faro del demonio. Un faro en el que carga, ahora, mi dolor, el de mi esposa y el de mi hijo pequeño.- la puerta seguía hablando con tono masculino y opaco, sin siquiera mostrar quién yacía del otro lado -¿Acaso pueden hacer algo para devolverme a mi hija? En ese caso, como ustedes han hecho lo que han querido con nosotros, nosotros haremos, no, YO haré lo que quiera con la luz del faro. Habrán días que funcionará bien, otros que la luz va a estar todo el día enfocando a una casa, y otros en donde simplemente por las noches estará apagada.- eran palabras vengativas, molestas, de alguien que decide hacer daño simple y llanamente para obtener algún tipo de justicia de lastimar a un inocente. Como si fuese una balanza donde puedan ponerse los males del mundo equilibrados con los auto-provocados y, así, "obtener justicia".
Luego de cuatro segundos de silencio, el anciano, cabizbajo, comenzó a hablar -Ayúdame, por favor.- había auxilio en sus palabras, derrota -Estoy muy viejo para intentar solucionar esto. Yo simplemente formo parte de la administración del ayuntamiento de Baquella y llevo horas...bueno, días, buscando cómo resolverlo.- se sinceraba, genuinamente, en una asistencia en la que parecían haberlo dejado completamente solo a resolver -Como esto siga así una semana más...no habrá economía que sustente al pueblo.-.
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