23-01-2026, 02:12 AM
El Centro de Danza de Samba era, objetivamente, un desastre. Música demasiado alta, pasos descoordinados golpeando el suelo como si intentaran despertarlo a la fuerza, risas innecesarias y, por supuesto, sudor. Mucho sudor, el tipo incorrecto de sudor, apreté los labios con visible disgusto mientras avanzaba entre la multitud, mi bastón marcando cada paso con un toc seco y autoritario que nadie parecía respetar como debía. —Increíble —murmuré —Un reino entero dedicado a moverse sin propósito y a oler peor con cada minuto que pasa. — Mi cola purpúrea se agitó con fastidio detrás de mí mientras me subía a la baranda de un pequeño escenario lateral para evitar el contacto directo con la gente, desde ahí, por fin, lo vi.
Imposible no hacerlo, Tensui es un gyojin marlin imponente, con piel grisácea, un cuerpo fornido, brazos cruzados y mirada seria. Estaba quieto, como una roca en medio del caos, y a su espalda incluso envuelta, el arma, la sentí antes de verla, no por misticismo barato, sino por puro instinto de propiedad y sonreí —Vaya, vaya —dije en voz lo suficientemente alta para que me oyera —Has sobrevivido al lugar sin arrancarle la cabeza a nadie. Ya es un mérito. — Avancé por la baranda hasta quedar frente a él, saltando con elegancia estudiada para aterrizar justo sobre una mesa cercana. Me sacudí el abrigo como si el aire mismo pudiera mancharlo y alcé la vista para mirarlo de arriba abajo sí, de arriba abajo, porque así funcionan las jerarquías reales.
—Llegas tarde —le dije, aunque sabía perfectamente que no lo hacía —Pero te lo perdonaré, porque hoy estoy de buen humor. — Saqué mi reloj de bolsillo dorado, lo abrí, revisé la hora y lo cerré con un clic suave, el mundo a mi alrededor pese a ser diferente, estaba en orden. Mis ojos ámbar se desviaron inmediatamente hacia el bulto envuelto que cargaba.
—Eso —señalé con el bastón —Enséñamelo. — Pero no fue una simple petición, nunca lo es. Cuando Tensui descolgó el hacha y comenzó a desenvolverla, el ruido del lugar pareció volverse irrelevante. La tela cayó y allí estuvo, Kyūbi no Kitsune, ya le habia dado ese nombre desde antes, lo sabía, era la indicada para estar con Nogitsune. El oro pulido de la hoja captó la luz danzante del salón con una dignidad que ese sitio claramente no merecía. Los grabados blancos del zorro de nueve colas recorrían el metal con una precisión casi insultante para cualquier otro artesano que no fuera él.
Mis ojos se entrecerraron, lentamente —Oh—exhalé. Salté de la mesa y me acerqué, apoyando el bastón contra el suelo para inclinarme apenas hacia el arma, no la toqué aún, había rituales que respetar. —Así que esto es lo que obtuve por mi dinero, mi paciencia y mi excelente criterio al elegirte —comenté —Admito que temía que arruinaras algo tan importante. — Extendí la mano y, finalmente, tomé el hacha, pesaba lo justo, ni más ni menos. El equilibrio era perfecto, casi ofensivo, la empuñadura de marfil y seda blanca se acomodó a mis dedos como si hubiera sido hecha bueno, para mí.
—Hm—La levanté, girándola con un movimiento elegante —No está mal.— La probé en el aire con un corte limpio, silencioso, preciso. Sentí una satisfacción inmediata, genuina y hasta peligrosa. —No —corregí —Está muy bien.— Mis labios se curvaron en una sonrisa orgullosa, absoluta, sin intención de ocultarla. Me giré hacia Tensui, hacha en mano, bastón apoyado a mi lado. —Kyūbi no Kitsune —repetí el nombre —Un nombre adecuado, hermoso, arrogante, con historia, como yo. — Levanté la hoja a la altura de mis ojos y observé los grabados una vez más.
Imposible no hacerlo, Tensui es un gyojin marlin imponente, con piel grisácea, un cuerpo fornido, brazos cruzados y mirada seria. Estaba quieto, como una roca en medio del caos, y a su espalda incluso envuelta, el arma, la sentí antes de verla, no por misticismo barato, sino por puro instinto de propiedad y sonreí —Vaya, vaya —dije en voz lo suficientemente alta para que me oyera —Has sobrevivido al lugar sin arrancarle la cabeza a nadie. Ya es un mérito. — Avancé por la baranda hasta quedar frente a él, saltando con elegancia estudiada para aterrizar justo sobre una mesa cercana. Me sacudí el abrigo como si el aire mismo pudiera mancharlo y alcé la vista para mirarlo de arriba abajo sí, de arriba abajo, porque así funcionan las jerarquías reales.
—Llegas tarde —le dije, aunque sabía perfectamente que no lo hacía —Pero te lo perdonaré, porque hoy estoy de buen humor. — Saqué mi reloj de bolsillo dorado, lo abrí, revisé la hora y lo cerré con un clic suave, el mundo a mi alrededor pese a ser diferente, estaba en orden. Mis ojos ámbar se desviaron inmediatamente hacia el bulto envuelto que cargaba.
—Eso —señalé con el bastón —Enséñamelo. — Pero no fue una simple petición, nunca lo es. Cuando Tensui descolgó el hacha y comenzó a desenvolverla, el ruido del lugar pareció volverse irrelevante. La tela cayó y allí estuvo, Kyūbi no Kitsune, ya le habia dado ese nombre desde antes, lo sabía, era la indicada para estar con Nogitsune. El oro pulido de la hoja captó la luz danzante del salón con una dignidad que ese sitio claramente no merecía. Los grabados blancos del zorro de nueve colas recorrían el metal con una precisión casi insultante para cualquier otro artesano que no fuera él.
Mis ojos se entrecerraron, lentamente —Oh—exhalé. Salté de la mesa y me acerqué, apoyando el bastón contra el suelo para inclinarme apenas hacia el arma, no la toqué aún, había rituales que respetar. —Así que esto es lo que obtuve por mi dinero, mi paciencia y mi excelente criterio al elegirte —comenté —Admito que temía que arruinaras algo tan importante. — Extendí la mano y, finalmente, tomé el hacha, pesaba lo justo, ni más ni menos. El equilibrio era perfecto, casi ofensivo, la empuñadura de marfil y seda blanca se acomodó a mis dedos como si hubiera sido hecha bueno, para mí.
—Hm—La levanté, girándola con un movimiento elegante —No está mal.— La probé en el aire con un corte limpio, silencioso, preciso. Sentí una satisfacción inmediata, genuina y hasta peligrosa. —No —corregí —Está muy bien.— Mis labios se curvaron en una sonrisa orgullosa, absoluta, sin intención de ocultarla. Me giré hacia Tensui, hacha en mano, bastón apoyado a mi lado. —Kyūbi no Kitsune —repetí el nombre —Un nombre adecuado, hermoso, arrogante, con historia, como yo. — Levanté la hoja a la altura de mis ojos y observé los grabados una vez más.
