23-01-2026, 12:02 PM
(Última modificación: 23-01-2026, 12:07 PM por Akira Raito.)
El grupo de marines “experimentados”, o al menos más experimentados que la reciente división 93, formaban un cordón de seguridad alrededor de aquel hombre delgaducho. Según la carta, alguien peligroso, según su apariencia, alguien con mucha hambre y pocas ganas de vivir. Akira se mantuvo sereno, ni siquiera tensó sus músculos al verlo bajar a pesar de que aquellos compañeros armados les costaba hasta tragar saliva. Le tenían miedo, y no se molestaban ni siquiera en ocultarlo—. ¿Qué habrá hecho que les genera tanta ansiedad? —pensó mientras miraba más al escuadrón que les pasaba el relevo de aquel tipo que al propio detenido. Aunque una cosa tenía clara, las apariencias engañan, y esa actitud calmada y alejada de querer montar un alboroto, podía transformarse en cuestión de segundos. No iban a darles sino esa advertencia por nada.
Observó como Juan le entregaba a Enji las cadenas que ataban Douglas Maracai Bo, y por intentar romper un poco el hielo le habló de manera directa. No esperaba que le contestara, ya que no había intercambiado una sola palabra desde que le habían podido diferenciar en el buque—. Curiosa melena amigo, aunque tienes las greñas peor cuidadas que Enji, pero te crece el pelo en picos como a mí… Igual algún día me lo dejo largo, no queda nada mal, aunque bien limpito y cuidado mucho mejor —si le mediaba palabra y les dejaba escuchar su voz sería todo un logro, aunque estaba casi seguro al 100% que aquello no iba a pasar.
—¡Juan, yo también quiero que mejores mis guantes! Encima te encajan en la pinza, que locura, ¿cuánto te ha llevado hacerlos? Bien callado te lo tenías eh… Querías sorprendernos —respondió con orgullo a su amigo, sin duda se había convertido en un pilar fundamental, tener a alguien capaz de mejorar sus atuendos o armas para hacerles más resistentes o ganar daño en combate podía marcar la diferencia.
Una vez en marcha en dirección a la selva, ya con una estrategia y una formación que seguramente les duraría entre cero y nada, se adentraron en la naturaleza con Juan encabezando la marcha, Enji en el centro, llevando al prisionero como si estuviera paseando al perro, y en la retaguardia, Akira compartía espacio con Sigrid. Era una formación en triángulo perfecto, pero Akira siendo de la isla y conociéndose la selva mejor que ninguno de sus otros tres compañeros sentía que podía aportar mucho más.
—Oye Sigrid, yo creo que si me subes a hombros podemos tener una visión más periférica —le propuso a su compañera con una sonrisa mientras se frotaba las manos, o mejor dicho, los guantes. Era alta, muy alta en comparación con Akira, y el rubio sabía dónde mirar. Los distintos caminos salvajes que él mismo había inventado para atajar a las playas más remotas de la isla, playas vírgenes sin gente, le habían dado una confianza en la selva que rodeaba al volcán que le hacían sentirse en casa. Y no solo eran los caminos saltando entre raíces, sino que trepaba a las palmeras y se colgaba de ellas como si fuera un mono—. ¿Qué me dices? Puedo subirme también de pie, mantengo muy bien el equilibrio, incluso mirando hacia atrás creo que es hasta mejor idea, y así nos cubrimos las espaldas, yo me encargo, confía en mi.
—¡Oíd chicos, yo me conozco la selva y hay bastantes animales, algunos del tamaño de Sigrid y otros más pequeños que yo y ojo, su veneno es peor que el de Enji! ¡Tened cuidado! ¡Ah y la gente! Aunque Baterilla sea una ciudad moderna, hay alguna tribu por ahí que igual nos intenta atacar con una cerbatana y seguramente no lo vais a ver venir, si aparecen yo me encargo que a alguno lo conozco. Ah y también hay gente muy gruñona que ha decidido construir su casa perdida entre la laurisilva, a esos si que no les digáis nada, no se puede razonar ya lo he intentado —les intentó advertir de los posibles peligros que podían cruzarse en la selva, tal vez por eso la carta expresaba tan bien el que el prisionero debía llegar sin un solo rasguño, su misión, más que el traslado, era protegerlo. Ahora, la pregunta era: ¿de qué o quién?
—¿No podrían haber rodeado la isla en barco y entregar a este hombre a los del cipher pol directamente? ¿A qué clase de prueba nos están sometiendo? —pensó en voz alta, esta vez esperando escuchar ya no solo las opiniones de sus compañeros, sino también las del exsargento Maracai Bo.
Observó como Juan le entregaba a Enji las cadenas que ataban Douglas Maracai Bo, y por intentar romper un poco el hielo le habló de manera directa. No esperaba que le contestara, ya que no había intercambiado una sola palabra desde que le habían podido diferenciar en el buque—. Curiosa melena amigo, aunque tienes las greñas peor cuidadas que Enji, pero te crece el pelo en picos como a mí… Igual algún día me lo dejo largo, no queda nada mal, aunque bien limpito y cuidado mucho mejor —si le mediaba palabra y les dejaba escuchar su voz sería todo un logro, aunque estaba casi seguro al 100% que aquello no iba a pasar.
—¡Juan, yo también quiero que mejores mis guantes! Encima te encajan en la pinza, que locura, ¿cuánto te ha llevado hacerlos? Bien callado te lo tenías eh… Querías sorprendernos —respondió con orgullo a su amigo, sin duda se había convertido en un pilar fundamental, tener a alguien capaz de mejorar sus atuendos o armas para hacerles más resistentes o ganar daño en combate podía marcar la diferencia.
Una vez en marcha en dirección a la selva, ya con una estrategia y una formación que seguramente les duraría entre cero y nada, se adentraron en la naturaleza con Juan encabezando la marcha, Enji en el centro, llevando al prisionero como si estuviera paseando al perro, y en la retaguardia, Akira compartía espacio con Sigrid. Era una formación en triángulo perfecto, pero Akira siendo de la isla y conociéndose la selva mejor que ninguno de sus otros tres compañeros sentía que podía aportar mucho más.
—Oye Sigrid, yo creo que si me subes a hombros podemos tener una visión más periférica —le propuso a su compañera con una sonrisa mientras se frotaba las manos, o mejor dicho, los guantes. Era alta, muy alta en comparación con Akira, y el rubio sabía dónde mirar. Los distintos caminos salvajes que él mismo había inventado para atajar a las playas más remotas de la isla, playas vírgenes sin gente, le habían dado una confianza en la selva que rodeaba al volcán que le hacían sentirse en casa. Y no solo eran los caminos saltando entre raíces, sino que trepaba a las palmeras y se colgaba de ellas como si fuera un mono—. ¿Qué me dices? Puedo subirme también de pie, mantengo muy bien el equilibrio, incluso mirando hacia atrás creo que es hasta mejor idea, y así nos cubrimos las espaldas, yo me encargo, confía en mi.
—¡Oíd chicos, yo me conozco la selva y hay bastantes animales, algunos del tamaño de Sigrid y otros más pequeños que yo y ojo, su veneno es peor que el de Enji! ¡Tened cuidado! ¡Ah y la gente! Aunque Baterilla sea una ciudad moderna, hay alguna tribu por ahí que igual nos intenta atacar con una cerbatana y seguramente no lo vais a ver venir, si aparecen yo me encargo que a alguno lo conozco. Ah y también hay gente muy gruñona que ha decidido construir su casa perdida entre la laurisilva, a esos si que no les digáis nada, no se puede razonar ya lo he intentado —les intentó advertir de los posibles peligros que podían cruzarse en la selva, tal vez por eso la carta expresaba tan bien el que el prisionero debía llegar sin un solo rasguño, su misión, más que el traslado, era protegerlo. Ahora, la pregunta era: ¿de qué o quién?
—¿No podrían haber rodeado la isla en barco y entregar a este hombre a los del cipher pol directamente? ¿A qué clase de prueba nos están sometiendo? —pensó en voz alta, esta vez esperando escuchar ya no solo las opiniones de sus compañeros, sino también las del exsargento Maracai Bo.
Info.

