Aquella puerta, la cual parecía tener personalidad propia, sentir dolor, sufrimiento y aflicción, ahora, prestaba atención a una voz que, incluso a través de su madera, penetraba con profundidad. Era una voz opaca, oscura, algo macabra, que generaba cierta intimidación inicial inevitable...pero que buscaba otorgar una paz que ni el propio ancianito estaba siendo capaz de otorgar. Había una reflexión que se combinaba con empatía, como si el gran sujeto azulado, en buena medida, pudiese compartir aquel dolor como quien comparte una fruta o un trozo de pan, que convida a algo que solamente puede tener regusto a metal, y un amargor muy poco placentero. De manera involuntaria, incluso, parecía querer rasgar aquella puerta que, ante el mínimo accionar, ¡TUMB!, se puso mucho más sólida, como si del otro lado tuviese un peso que buscase evitar que fuese abierta; Era el hombre que se escuchaba del otro lado que, apoyando su espalda sobre la misma, buscaba entregar resistencia a obtener algún tipo de compasión que...objetivamente hablando, ni la propia Baquella ni el administrativo que por activa y por pasiva simplemente "les pedía que salgan, y ya", estaba siendo capaz de lograr. Parecía que la puerta no solamente estaba puesta de manera literal, sino, figurativa, dentro de un corazón acaparado por un dolor inconmensurable.
Hubo una frase que, pese a que no pudiese verse del otro lado, provocó una sensación tan amarga como negativa tanto en el anciano como en el masculino que ahí yacía. El más viejo de los varones ladeó su mirada, con una mezcla de vergüenza y sentimiento de culpabilidad que, debido a su edad, le generaba un agotamiento impresionante el querer hacer recular a aquellos dolientes. Del otro lado, la mirada era otra: Dientes apretados, ceño fruncido, y toda una espalda contra una pared de madera que buscaba ser una puerta encima de otra. Por primera vez, aunque sea, en estos cinco días, ALGUIEN estaba escuchando a los Yoake, ya que, pese a que el hombre era el cabeza de familia, ciertamente, la madre no parecía tener capacidad suficiente para poder transmitir sus palabras sin sollozar, siendo amplificadas por cada frase liberada por el musculoso azulado autocatalogado como carpintero.
-He matado inocentes, muchos inocentes. Era bueno en mi trabajo por no decir el mejor. Si abrieras la puerta y me vieras lo entenderias-
![[Imagen: o10Wq6n.png]](https://i.imgur.com/o10Wq6n.png)
-N-no creo...que decir algo así...nos pueda ayudar.-
Balbuceó el anciano, el cual necesitaba subir su cabeza hacia arriba para intentar hacer contacto visual en un rostro que parecía salido del mismísimo infierno. Un rostro que, sin duda algunas, representaba las propias palabras del carpintero -Cállate.- del otro lado, con sus graves algo opacados por la puerta de madera, pudo escucharse -Cuenta lo que ibas a decir.- interrumpiéndolo y, automáticamente -¡! Madre mía...- provocar un sobresalto seguido de un claro aspecto de incomodidad, terminó en un suspiro y una mano derecha hacia la cabeza, negativa, frustrada por creer que esto estaba siendo uno de los errores que podría empeorar aún más toda esta situación.
Su historia era cruda, horrorosa, demasiado rebuscada para ser una mentira bien contada. Aquel hombretón parecía ser un demonio en búsqueda de redención. Un individuo que cometió buena parte de los males del mundo que, algunos más heroicos, buscan erradicar. Él, por su parte, tomaba un enfoque distinto: En lugar de buscar realizar una gran acción que supla todo aquello que bajo un sesgo moral era considerado traído de la más cruenta pesadilla, por su parte, solo buscaba hacer "un mundo mejor a su paso", y eso era lo que demostraba en su acción y explicación. Por muy aterrador que sonase y por muy cruenta que fuera la afronta vivida, hubo una frase que sí impactó de lleno contra el corazón de quien protegía aquella puerta: "¿Crees que tu hija querría ver como su padre usa la luz por la que ella murió, causando mal?", aquello fue...duro, el golpe de una caída que ni Hikari podría sentir, porque tenía razón, y él...era un hombre de corazón y honestidad pura.
Cuando la sombra del gigante se posó sobre el anciano y sus palabras prosiguieron, con respecto a que "tenía todo el tiempo del mundo", finalmente, algo ocurrió: ¡CLIK-CLAK!, el sonido de una cerradura, fuerte, tosco, capaz de retumbar en toda la madera, apareció. El anciano parecía simplemente haber cedido a las interacciones, hasta el sonoro estruendo metálico tan característico y reconocible de las clavijas internas de un picaporte y su mecánico accionar -¡! ¡Es la puerta!- mencionó el viejito, atendiendo directamente hacia la misma mientras el estruendoso ¡IIIIIIIIIIIIIIIIIIK! se apersonaba, casi como si fuese un miembro más en aquella conversación. De la oscuridad, finalmente salieron tres figuras: Un hombre de cabello extenso y alborotado, barba incipiente y poco arreglada, una mujer rubia con su rostro cubierto en lágrimas y un pequeño niño que, probablemente no llegaría a tener más de siete años, tímido y oculto sobre la pierna de su padre que llegaba a medir un metro ochenta aproximadamente.
![[Imagen: TUdcZY8.png]](https://i.imgur.com/TUdcZY8.png)
-Necesitábamos ver con nuestros ojos a quien padeció todo lo que escuchamos.-
El padre, que parecía hablar por una familia doliente y completamente temerosa, mantenía sus ojos cerrados con pena y algo de vergüenza, avanzando progresivamente sin inmutarse demasiado por el imponente aspecto del monstruoso ser que yacía cruzado de piernas a pocos metros de su posición original -¿Cómo has conseguido perdonarte luego de todo lo que pasó?- parecía buscar respuestas esta vez, el anciano, desgraciadamente, había terminado en segundo plano. Su rostro, alzado hacia arriba, miraba esos enormes cuernos y colmillos. Su vestimenta se veía algo desgastada, un poco de entre-casa, casi como si tuviese una gran pijama. Sus manos se mostraban curtidas, algo heridas, con imperfecciones y callos por doquier, como si el trabajo en el faro hubiese sido algo realmente un trabajo de pura fuerza -Siento mucho por lo que has pasado. No creo que seamos nadie para poder juzgarte. ¿Cómo...cómo has hecho tú para poder vivir con el peso de saber que podrías haber hecho algo?- porque en sus palabras, y ya mitigado el dolor y reducida la búsqueda de culpables, el sentimiento parecía solo recaer sobre él -Si tan solo...- su puño derecho se cerró, con esa mirada que denota toneladas de frustración, ladeándose. Su esposa, cariñosamente, intentaba aferrar esos nudillos marcados en un abrazo con ambas palmas, como quien contiene a quien se enrabiaría marcadamente -...me hubiese amotinado como ella lo hizo.- a corazón abierto, aquellos tres, parecían haber quedado a merced de quien pretendía ayudarles...¿Pero cómo? ¿Cómo aliviar el dolor de algo irreparable? El viento, meciendo todo lo que allí yacía entre el césped, parecía querer incluirse dentro de aquel debate donde tanto hombre como ser azul, ciertamente, pese a la enorme diferencia de su aspecto, los vinculaba algo intangible: El dolor.
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