24-01-2026, 09:11 AM
(Última modificación: 24-01-2026, 09:14 AM por Lázaro Esvendim A. Montege.)
El ruido seguía ahí y era constante, molesto e insistente, pero por primera vez desde que había puesto un pie en ese lugar, no me importó, extraño pero cierto. Escuché a Tensui sin interrumpirlo. No porque me intimidara, no mucha gente logra hacer eso, sino porque su tono no pedía competencia, pedía atención y yo sabía reconocer la diferencia. Me mantuve quieto, el hacha aún en mi mano, sintiendo el peso exacto, la obediencia perfecta del metal. Cuando terminó de hablar, dejé que el silencio se estirara apenas un segundo más de lo necesario, lo suficiente para que quedara claro que ahora me tocaba a mí y a mi no se me puede interrumpir mientras hablo.
—Curioso —dije al fin, con calma estudiada —Es simplemente curioso como todos creen que hablo demasiado, pero muy pocos saben cuándo escuchar. — Apoyé el bastón contra el suelo con suavidad y giré el hacha una vez más, despacio, casi con cariño. El oro reflejó luces vulgares, sí, pero no se manchó con ellas, nada digno se contamina tan fácilmente.
—No te preocupes —continué —No tengo intención alguna de lucirla aquí, este sitio apenas merece que camine por él. — Alcé la hoja a la altura del rostro, observando el grabado del Kyūbi con ojos atentos, críticos, satisfechos. —Has hecho algo interesante, Tensui, no bonito, ni llamativo como muchos de los tontos sin conocimiento lo llamarían, sino correcto. — Bajé el arma con un movimiento limpio y la sostuve con naturalidad absoluta, como si siempre hubiera estado ahí.
—Dices que responde cuando mi vida dependa de ella —añadí —Eso está bien para mi, porque yo no peleo por honor, ni por gloria, ni por estupideces románticas, peleo cuando conviene y cuando hay algún pago por hacerlo. — Di un pequeño paso sobre la mesa cercana para quedar un poco más alto, es un gesto innecesario, pero apropiado para alguien como yo y entonces lo miré de frente.
—Y te equivocas en algo — le dije, sin dureza alguna, pero sin ceder mas del terreno que estaba dispuesto a ceder en este intercambio —El acero sí juzga. No con palabras, sino con consecuencias y todos los que tengan una cicatriz son testigo de ello. — Saqué el reloj de mi bolsillo, lo abrí, lo miré un instante y lo cerré, vuelvo a tener todo bajo control, el tiempo, el entorno, el mundo según mi propia naturaleza.
—Si esta hacha me traiciona, no será porque yo fallé al empuñarla, herrero —continué —Será porque el mundo decidió ponerse creativo y a veces cuando se le otorga ciertas libertades al mundo, suelo responder mal — Mi cola se movió despacio, tranquila, en mi no había enojo, solo certeza, en mi mente no hay mas verdad que la que salen de mis labios, simplemente no existe otra realidad.
Lo miré una vez más, de abajo hacia arriba, sin desafío, sin burla, con algo de reconocimiento, pero del tipo correcto, sobrio, exacto, por primera vez alguien no me parece tan inutil, aunque tampoco le daré tantos méritos. —Has hecho bien tu trabajo y cuando alguien hace bien su trabajo conmigo, no lo olvido fácilmente. — Guardé el hacha con cuidado, asegurándola a mi espalda junto a la otra, el contraste entre ambas evidente incluso sin palabras, le entregué la bolsa con Berries esperando dar por concluida la transacción.
—No la romperé — le dije —No la desafilaré por descuido y si se mancha de sangre será sangre que lo merecía. — Me giré, dando por concluido el intercambio, pero me detuve apenas a medio paso. —Una última cosa, Tensui. — Volví el rostro apenas lo suficiente para que me oyera. —No soy arrogante. Soy selectivo. —
—Curioso —dije al fin, con calma estudiada —Es simplemente curioso como todos creen que hablo demasiado, pero muy pocos saben cuándo escuchar. — Apoyé el bastón contra el suelo con suavidad y giré el hacha una vez más, despacio, casi con cariño. El oro reflejó luces vulgares, sí, pero no se manchó con ellas, nada digno se contamina tan fácilmente.
—No te preocupes —continué —No tengo intención alguna de lucirla aquí, este sitio apenas merece que camine por él. — Alcé la hoja a la altura del rostro, observando el grabado del Kyūbi con ojos atentos, críticos, satisfechos. —Has hecho algo interesante, Tensui, no bonito, ni llamativo como muchos de los tontos sin conocimiento lo llamarían, sino correcto. — Bajé el arma con un movimiento limpio y la sostuve con naturalidad absoluta, como si siempre hubiera estado ahí.
—Dices que responde cuando mi vida dependa de ella —añadí —Eso está bien para mi, porque yo no peleo por honor, ni por gloria, ni por estupideces románticas, peleo cuando conviene y cuando hay algún pago por hacerlo. — Di un pequeño paso sobre la mesa cercana para quedar un poco más alto, es un gesto innecesario, pero apropiado para alguien como yo y entonces lo miré de frente.
—Y te equivocas en algo — le dije, sin dureza alguna, pero sin ceder mas del terreno que estaba dispuesto a ceder en este intercambio —El acero sí juzga. No con palabras, sino con consecuencias y todos los que tengan una cicatriz son testigo de ello. — Saqué el reloj de mi bolsillo, lo abrí, lo miré un instante y lo cerré, vuelvo a tener todo bajo control, el tiempo, el entorno, el mundo según mi propia naturaleza.
—Si esta hacha me traiciona, no será porque yo fallé al empuñarla, herrero —continué —Será porque el mundo decidió ponerse creativo y a veces cuando se le otorga ciertas libertades al mundo, suelo responder mal — Mi cola se movió despacio, tranquila, en mi no había enojo, solo certeza, en mi mente no hay mas verdad que la que salen de mis labios, simplemente no existe otra realidad.
Lo miré una vez más, de abajo hacia arriba, sin desafío, sin burla, con algo de reconocimiento, pero del tipo correcto, sobrio, exacto, por primera vez alguien no me parece tan inutil, aunque tampoco le daré tantos méritos. —Has hecho bien tu trabajo y cuando alguien hace bien su trabajo conmigo, no lo olvido fácilmente. — Guardé el hacha con cuidado, asegurándola a mi espalda junto a la otra, el contraste entre ambas evidente incluso sin palabras, le entregué la bolsa con Berries esperando dar por concluida la transacción.
—No la romperé — le dije —No la desafilaré por descuido y si se mancha de sangre será sangre que lo merecía. — Me giré, dando por concluido el intercambio, pero me detuve apenas a medio paso. —Una última cosa, Tensui. — Volví el rostro apenas lo suficiente para que me oyera. —No soy arrogante. Soy selectivo. —
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