24-01-2026, 09:48 PM
La residencia Do Sorte permanecía tranquila mientras aquella silenciosa observadora se preparaba para acceder a la residencia familiar que en aquellos momentos no estaba perfectamente guardada a diferencia del resto de la temporada. Los olores abundantes de Samba eran arrastrados por el viento mientras que las dulces fragancias de la residencia eran diseminadas también, el crujir del asiento donde un guardia se alimentaba, los refunfuños de un desgraciado perdedor en el azar y los ocasionales pasos de quien vigilaba más su reflejo que los alrededores estaban allí presentes.
Todos los miembros de la guardia familiar estaban relajados y tranquilos a su modo, solo unos pocos en guardia o alerta por la situación pues dentro de la mansión seguía el segundo al mando de su capitán, un joven inexperto pero con hambre de progreso y miedo al regaño que pudiera caer si había algún altercado mal resuelto o peor aún, un incidente de cualquier tipo antes del regreso del capitán de la guardia de la mansión.
El jefe de staff recorría los pasillos con tranquilidad en su guardia nocturna, ya se encontraba cansado bostezando, pero debía recorrer la casa con su farol encendido para estar atento a que cualquiera de los habitantes tuviera la mínima necesidad por la cual debiera atenderlos, al menos por una hora más, luego de eso podría darle la lámpara a una de las criadas que se levantaría para hacer el turno nocturno y estar ella atenta, los ojos del Encargado estaban entrecerrados por el agotamiento y sus sentidos aletargados, pero aún deambulaba por donde se le había ordenado.
Los pasillos eran cómodos y silenciosos, alfombras se extendían por muchos de ellos amortiguando el sonido de las pisadas de los que dentro deambulaban para impedir que los empleados que trabajaban por la noche en el mantenimiento de la mansión o se ocupaban de estar a disposición de los habitantes no fueran a incordiar a los amos que se suponía que debían servir fielmente hasta el agotamiento si querían ser recompensados adecuadamente.
El mundo estaba entre indiferente e ignorante al hecho de que una persona más se encontraba en el interior de la residencia Do Sorte, por el momento no había suficiente escandalo para alertar a nadie, las puertas parecían estar adecuadamente cerradas y las ventanas se encontraban dispuestas de la forma que todo el mundo estaba acostumbrado, parecía que sería una noche más de estar en vigilia simplemente para satisfacer los deseos de los amos que querían tener todo listo y dispuesto incluso ante la posibilidad de que ellos o alguno de sus invitados pudiera querer algo en medio de la noche.
Todos los miembros de la guardia familiar estaban relajados y tranquilos a su modo, solo unos pocos en guardia o alerta por la situación pues dentro de la mansión seguía el segundo al mando de su capitán, un joven inexperto pero con hambre de progreso y miedo al regaño que pudiera caer si había algún altercado mal resuelto o peor aún, un incidente de cualquier tipo antes del regreso del capitán de la guardia de la mansión.
El jefe de staff recorría los pasillos con tranquilidad en su guardia nocturna, ya se encontraba cansado bostezando, pero debía recorrer la casa con su farol encendido para estar atento a que cualquiera de los habitantes tuviera la mínima necesidad por la cual debiera atenderlos, al menos por una hora más, luego de eso podría darle la lámpara a una de las criadas que se levantaría para hacer el turno nocturno y estar ella atenta, los ojos del Encargado estaban entrecerrados por el agotamiento y sus sentidos aletargados, pero aún deambulaba por donde se le había ordenado.
Los pasillos eran cómodos y silenciosos, alfombras se extendían por muchos de ellos amortiguando el sonido de las pisadas de los que dentro deambulaban para impedir que los empleados que trabajaban por la noche en el mantenimiento de la mansión o se ocupaban de estar a disposición de los habitantes no fueran a incordiar a los amos que se suponía que debían servir fielmente hasta el agotamiento si querían ser recompensados adecuadamente.
El mundo estaba entre indiferente e ignorante al hecho de que una persona más se encontraba en el interior de la residencia Do Sorte, por el momento no había suficiente escandalo para alertar a nadie, las puertas parecían estar adecuadamente cerradas y las ventanas se encontraban dispuestas de la forma que todo el mundo estaba acostumbrado, parecía que sería una noche más de estar en vigilia simplemente para satisfacer los deseos de los amos que querían tener todo listo y dispuesto incluso ante la posibilidad de que ellos o alguno de sus invitados pudiera querer algo en medio de la noche.
Código:
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