25-01-2026, 12:17 AM
(Última modificación: 25-01-2026, 06:41 AM por Ryota Miyamoto.)
El dueño de la mirada color miel, fija en el gigante, jamás esperó que todo terminara de aquella manera. Tras haber amenazado al coloso y escuchar la caída de la semi-oni, llegó a creer que tenía una chance de éxito, que su plan daría frutos y que sería testigo de la expresión frustrada de aquel arrogante gordinflón.
Una lástima que nada de eso pasó.
Tras dejar su kanabo caer, lo primero que Tornillo hizo fue acercarse a su amada ignorando la amenaza del peli castaño.

“Eh, oye, espera, que la voy a matar… si no… te quedas… quieto…”
Imposible hacer entrar en razón a un tonto. El rubio simplemente caminó hasta ella para demostrar su preocupación. “…” Ryota estaba pintado en la pared por lo visto, aunque no era tan chota corta para asesinar a alguien que no podía defenderse. “No la maten, ya fue… lidiaremos con lo que pase.” Exclamo para Runin y Barald, el segundo era un sádico asesino, capaz se le iba la mano de nuevo.
Ryota solo guardó silencio, viendo a la pareja reencontrarse en un enternecedor momento, que demostraba al menos que sus sospechas sobre su relación eran ciertas, si se amaban. ¿Se habían rendido? Quién sabe, el tonto no dijo nada.
“Vale, am… Alexander si, eso…” Desvió su atención al enano, seguro de que el dueño del lugar estaría sorprendido, quizás preguntándose por la razón de los delirios del castaño.
¿No? No, nada. Estaba sonriendo y calmando al público que reaccionó en vítores tras ver a los dos amantes reencontrarse.

“Nos pos… ta cabron…”
Opino, siendo él quien estaba sorprendido.
La voz del anfitrión resonó por toda la arena, haciendo gala de las ganancias que la pelea había significado para sus arcas. Para Ryota, la situación resultó frustrante; se limitó a observar con desgano cómo la fanfarria y los halagos se dirigían hacia Alexander en un hito sin precedentes.
Los beastmasters fué como los llamo, definitivamente eran bestias, tres asnos en un establo sin ninguna oportunidad.
Inhaló profundamente, llenando sus pulmones de aire, y lo dejó escapar en un largo suspiro mientras llevaba ambas manos a su cabello, peinándolo hacia atrás con el movimiento para reforzar su peinado. “Lo siento, niña tiburón, lo intenté.” Dijo en voz baja, siguiendo las indicaciones que luego Alexander les ofreció para salir de la arena.
“Creí que el enano trataría de asesinar a Tuerca para que Tornillo siguiera peleando Kekeke, me la re viví ¿no?” Explicó el motivo de sus palabras a sus dos compañeros antes de abandonar la arena. Ninguno de ellos conocía su plan ni sus apuestas, por lo que no era necesario profundizar en el asunto. “Aunque parece que si podías rendirte, no contaba con eso.” Hizo el comentario al aire, pues fue el motivo por el que creyó Alexander reaccionaria buscando la muerte de la peli roja.
Una vez que llegaron a la oficina junto a Alexander, Ryota mantuvo un silencio desmotivado. No era que creyera que todo lo que había planeado saldría a la perfección, pero todo plan conlleva ciertas expectativas, y al ver que ninguna se cumplió, era natural perder las ganas de seguir hablando. A eso se sumaba el pequeño detalle, de que lo único que los separaba de la muerte, era que al enanito de turno no se le ocurriera dispararles allí mismo.

“Dios, como quiere que le preste atención, no para de fanfarronearse, puto mal ganador, que paja, ya pégame un tiro y termina mi miseria, la wea mala, por favor alguien haga algo, como chota me largo de aquí, ya entendí no pude ganar, sos el mejor, la casa siempre gana, vete a buscar a un umpa lumpa, la puta madre que tipo tan insufrible.”
Los pensamientos de Ryota no cesaban mientras continuaba escuchando a Alexander con evidente indiferencia. Aun así, hubo algo que sí comprendió: fue ingenuo pensar que la casa no analizaba las apuestas. Estas no eran privadas y se conocían con antelación; al parecer, fue ahí donde falló su idea. Nunca tuvo una oportunidad real de hacer perder a la casa.
No espera.
“- Podría haberlo detenido. Podría haber cerrado las apuestas, disparado a alguien y seguir con la noche como si nada. Pero eso habría sido aburrido, el show es mas importante, mas divertido... -”
Ryota se mostró confundido. “¿Si no detuvo las apuestas? ¿no significaría eso igual un desbalance en las arcas de la casa? ¿tan claras eran las apuestas con las que ganamos y el cómo ganamos que tantos apostaron así? No, es imposible, mis apuestas solo las conocían los luchadores, sus cantidades deben ser ridículamente menores a las que las personas del palco podrían apostar.” Frunció el ceño en ese momento con molestia aparente. “Eso significa una ganancia abismal para todos ellos, sea como sea la casa perdería a menos que la casa hiciera las mismas apuestas creyendo que se realizarían, ¿quiere decir que la casa también apostó dinero por las mismas apuestas que seleccioné en la libreta?...”

“Qué tramposo eres.”
Exclamó con sorpresa ante lo que acababa de deducir, justo cuando Alexander les dio el espacio para hablar, ya que por lógica era la única forma en que la casa no perdería dinero.
¿Descubrirlo cambiaría algo? No.
Así que Ryota solo continuó con un gran suspiro. “Solo vine por dinero, y francamente ya gané un buen dinero con mis apuestas, ¿no? Así que me gustaría tomarlo y largarme si se puede. No pude ganarte, así que acepto la derrota.” Sonrió de vuelta, obviamente de forma falsa.
“Ah, verán, hice diferentes apuestas en nuestra pelea sobre varios props, algunos fáciles, otros más complicados como conseguir la rendición en una arena donde creí que no existía.” Suspiro. “Pero luego repartí esa hoja de apuestas a los demás luchadores para que ganaran dinero y así boicotear a la casa.” Elevo los hombros con desgano y una actitud irónica. “Pero tal parece que Alexander analizó el incremento en el mismo patrón de apuestas y lo usó para ganar dinero, prácticamente usó mi trampa para su propio beneficio.” No tenía razones para guardar algo que el mismo dueño de la arena ya sabía y por otro lado, sus compañeros entenderían la situación en la que se encontraban ahora.

“Sin resentimientos, ¿verdad, Bro? Jamás pensaría mal de ti, amable benefactor, alto y atlético que con su bondad nos dejara ir. Quedando todo en una graciosa anécdota, ¿verdad?.”
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