25-01-2026, 05:03 AM
(Última modificación: 25-01-2026, 05:04 AM por Voz Seductora.)
Inimaginable sería el término a la hora de esperar lo acontecido en esta parte de Rocky Port. Algo que, a priori, simplemente iba a ser una incursión más de los temerarios Mushoku, se había convertido en un intercambio de golpes y acciones que hacían que los cimientos de lo establecido se tambaleasen con cada impacto, que cada verdad se viera comprometida y que cada revelación sacudiese el momento. El capitán de aquella vorágine de guerreros despiadados había sufrido un intento, guiado por la justicia, de sabotaje y motín. El poderoso Rapax Gin había tratado de aniquilar - y casi lo consigue - al siempre acompañado de la muerte Ashura, el Mata-Héroes.
El cuerpo del hombre que había tenido en sus manos el poder de destruir el mundo yacía en el suelo de Hachinosu, junto al que antes había sido su capitán y el hombre al que juró seguir. Quizá por miedo, quizá por oportunidad... quizá por equivocación. Ahora ambos cuerpos parecían descansar del intercambio al que se habían visto sometidos.
Ashura echaría en falta la compañía de su mejor aliado, Nicolás, la voz en su cabeza que él aseveraba al coco que siempre portaba, quien había caído de su cintura durante el intercambio de golpes con Rapax fruto de las ondas sísmicas de este y se había ido rebotando entre los escombros, haciendo que nuevamente, no estuviera presente en el momento en el que un usuario de fruta del diablo perdía la vida y volviendo a salvarse esta vez, por suerte, de convertirse en una Akuma no Mi.
Encontrar a Nicolás sería una de las tareas pendientes de Ashura, pero no la prioritaria, pues frente a él hordas y hordas de furiosos guerreros que habían contemplado su gesta y cómo había sobrevivido contra aquel titán telúrico, se mostraban completamente impactados e incrédulos ante la demostración de fuerza de aquel par, empezando a dudar de su certeza sobre la fuerza de los altos mandos de la tripulación de Shinju Kagayaku, su capitán. Si tan solo en el intercambio de golpes de dos cuerpos que ascendían y descendían en vertical durante unos minutos había hecho sacudirse el mundo así, y si Ashura había sido capaz de sobrevivir aquellos impactos que habían agrietado el suelo y sacudido la isla, matando por el camino a la persona que los producía... su lealtad empezaba a tambalearse.
El silencio se apoderó de ellos, y el caos pasó a ser la calma. Algunos huyeron, corrieron para replegarse en la calavera de la isla, presos ante la impresión de ver derribado a aquel coloso al que consideraban invencible, y otros simplemente permanecieron allí, perplejos, en silencio, observando la situación... y los que permanecieron presentes, lanzaron sus armas al suelo y se rindieron, arrodillándose frente al demonio de humo.
~Una hora después~
El ruido de la gente hablando y del caos organizado en la ciudad era evidente. Una parte de las hordas pertenecientes a los piratas Mittsuami se había replegado en la base central, la calavera de la isla, y otra parte se había rendido ante la aparición de los Mushoku y su demostración bélica sin parangón. Estaban rodeando los cuerpos de los que habían venido a imponer su fuerza, pero no de forma hostil, si no como el ejército que camina contigo, que permanece a tu lado, y que lucha junto a ti: Los Mushoku habían ganado un ejército y habían puesto de su parte a aproximadamente el treinta por ciento de las tropas restantes en este punto del conflicto.
Durante esta hora, nuestros protagonistas habían podido descansar, recuperarse, reunirse, asimilar lo aprendido y volverse más fuertes y desde luego habían terminado de granjearse la confianza y apoyo de aquellos maleantes: Hombres y mujeres que veían innecesario morir contra alguien que era capaz de derrotar a miembros del alto mando de Shinju. Hombres y mujeres que veían la oportunidad de unirse a ellos para, con esperanza de ayudar en su conquista traer consigo la oportunidad de un futuro mejor bajo otra bandera.
Y precisamente por esa determinación, por ese vuelco de la situación en la que optaron por bajar las armas y unirse al bando que consideraban con la oportunidad de vencer, fue realmente extraño lo que sucedió a continuación.
El cielo se ensombreció por completo durante cinco segundos. Una gigantesca mole de oscuridad privó la luz sobre la tierra y las costas del Rocky Port y los lugares aledaños, ocultando el sol sin piedad, y para cuando este volvió a brillar, los soldados y maleantes que desertaban de los Piratas Mittsuami comenzaron a mirar al cielo aterrados, encogidos y temblorosos. Una fuerte explosión de viento sacudió el lugar, siguiendo aquella sombra un par de segundos tarde, alzando el polvo y la tierra presentes y trayendo consigo un mal presagio, junto con el zumbido seco de un aleteo, pero tan tosco y ensordecedor que era imposible pensar que hubiera algo con la fuerza suficiente para batir sus alas de tal forma.
Los soldados comenzaron a dispersarse y a huir en todas direcciones, buscando salir del lugar.
Sabían que él había llegado.
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