Musiquita
Si tuviera que describir aquel momento con una sola palabra sería fuego, un fuego que ardía con una intensidad lo suficientemente fuerte como para arrasar la selva de nuestro alrededor. Pues no era solo yo, por alguna razón esta perfecta desconocida respondía con una fiereza inaudita a cada estímulo. Sus piernas envolvían mi cintura no dejándome escapatoria, forzándome a penetrarla más y más duro cada vez.
Sus gemidos, acompasados de la percusión que producían nuestros cuerpos al chocar sonaban como una pieza armónica en mi cabeza haciéndome dar incluso más de mi, queriendo follar hasta que ninguno de los dos pueda más y acabemos los dos exhaustos, hasta derramar hasta la última gota de mi esencia en su interior.
Pensé que sería una tarea sencilla, que la chica ya estaría perdida, tratando de soportar el tamaño de mi miembro sin romperse por dentro. Por eso, en cuanto con una fuerza visceral desgarró mi bandana que mantenía sus muñecas unidas me sorprendí, pero no tuve tiempo para procesarlo. Pues agarró mis mejillas y con incluso una mayor pasión que la última vez besó mis labios, haciendo que me viniera a la cabeza aquel pensamiento que pronuncié en voz alta hacía ya un rato, una teoría que ahora comprobaba en mis carnes y podía corroborar, pues si besaba así… Era obvio que iba a follar como una verdadera ninfómana.
No podía parar, su sabor, el roce de su piel, los leves y dulces gemidos que salían de su boca. Todo en ella era tan adictivo, tan único que lo único que tenía en mi cabeza era un ruego, un ruego para que este momento no acabase nunca. En cuanto se separó pasé mi lengua a unos centímetros de sus labios pero sin llegar a rozarlos, con una sonrisa de pervertido y mis ojos casi idos, clavados en los suyos soltó una frase que me hizo prenderme mucho más, pidiéndome que la mirara, que ahora era una “zorrita” adicta a mi.
¿Como esperaba que reaccionara a eso? Mi mano que descansaba en su cadera ascendió a su pecho, ahora agarrando ambos, moviéndolos en círculos lentamente, ejerciendo bastante presión sobre estos, tratándolos con la misma brusquedad con la que le había tratado todo este tiempo. -Claro que le eres… Eres mi puta zorra… -Solté antes de lanzarme a su cuello como un depredador hambriento de aquella jungla que devoraba a su presa, clavando mis colmillos en su carne, procurando no hacerle sangre o alguna herida importante pues pese a querer marcarla, para que recordara este encuentro durante unos días no quería hacerle daño, no demasiado, aunque con todo el placer que estaba sintiendo no me podía controlar lo suficiente.
Una vez quedé satisfecho volví a incorporándome, aún apretando sus senos con ambas manos, y mi cintura unida a la suya. Contemplé con orgullo todos y cada uno de los moretones que había podido hacerle alrededor de su cuello como muestra de la pasión del momento, la brutalidad de estos contrastando con su nívea y delicada piel, pareciendo muescas y jirones, pequeñas roturas y desgarros de aquella inocencia que la caracterizaba al inicio, como si a cada embestida, cada caricia y cada mordisco desvelaran una pasión insaciable, un incendio que no podría extinguirse y… en esta situación ya no me importaba arder junto a ella.
En ese preciso momento, solo con la luna y un águila pervertida preguntó por mi nombre. ¿Realmente era el momento, no podía esperar a que termináramos? Pero cuando sus gemidos le permitieron continuar me convenció. El hecho de que quisiera gritar mi nombre cuando se corriera, como una fan pidiendo otra canción. -Ik… Iggy… El nombre de tu amo… es Iggy… -Le contesté deslizando mis manos desde sus tetas, pasando pos las marcas de su cuello hasta llegar a sus mejillas, agarrando su cabeza con fuerza para que me mirara atentamente a los ojos, cargados de locura, pasión y lujuria, a la vez que soltaba mis siguientes palabras. -¿Acaso… no estás ya perdida…? No creo que vayas a olvidar… esto en mucho tiempo…
Pero no era solo ella, a mi también me costaría borrar de mi mente este recuerdo. Estaba desbordado de placer, casi a punto de llenarla. Pero casi como una dulce venganza, por no dejarle terminar en su boca, su cuerpo respondió con un espasmo a una de mis embestidas haciendo que mi polla saliera de su apretada y húmeda cavidad. Supuse que era normal, que ella simplemente no podía soportarlo más. No podía estar más equivocado.
Quise meterla de nuevo para continuar con mi insaciable sed de volver a estar conectado a ella y sentir su calor. No obstante fue ella la que actuó primero. De un empujón, me hizo caer sobre mi espalda de nuevo, pero con una mayor fuerza con la que lo hizo cuando me impuso el reto de no poder tocarla. Pero esta vez sin juegos o apuestas de por medio. Sin esperar, se empaló sobre mi pene y comenzó a subir y bajar sin darme tregua, sin un solo segundo para procesar el cambio de posición, pues ella volvía a tener el control.
El ritmo era salvaje e incontenible, me ordeñaba sin piedad, sus uñas marcaban mi piel como… Si, ahora el depredador era ella, y yo su presa de la cual se quería alimentar. Seguía hablando, gimiendo y deleitándose completamente perdida, sus pechos rebotando, siguiendo el ritmo de sus frenéticos movimientos. Era tan… Jodidamente placentero que era muy fácil dejarse llevar, dejar que terminara así el trabajo, dejar… ¿qué ella ganara? Nah, Iggy no era una persona que se rindiera fácil.
Volví a levantarme, con mi espalda erguida, tomando a la semisirena con una mano de su cintura ayudándole a coordinar un poco mejor nuestros movimientos, y la otra… Simplemente se deslizó por su espalda aplicando una fuerza imposible de controlar en esta situación, mis dedos descendieron desde su nuca hasta el final, arrancando y destrozando algunas de sus escamas en el proceso y tras terminarlo, agarré su cuello rápidamente con esta misma mano. Simplemente lo contorneé acariciando las marcas producidas por nuestra pasión. Apreté un poco, lo suficiente para sentir sus puso acelerado pero sin llegar a estrangularla. -Vamos… a jugar… a un último juego… -Logré decir a trompicones, pues estaba cerca de darle lo que buscaba.
-Solo podrás correrte cuando cuente hasta tres… -Susurré acercándome a su oído, sabiendo que con esto volvía a tenerla bajo mi merced. -Uno… -La mano que sostenía su cintura la apreté con más fuerza, comenzando a controlar el ritmo, forzándola a subir y bajar más rápido, a un ritmo brutal y salvaje. -Dos…-Está vez fui yo quien mordió su labio inferior, saboreando su sangre, deleitándome con ello, y tal vez haciendo su herida un poco más grande. La mano que sostenía su cuello se movió a su cintura también, obligando a reducir sus movimientos casi en seco, pues ahora era yo quien comenzaba a embestirla desde abajo. Solo mi cadera se movía mientras anclaba su cuerpo, forzándole a recibir mi grueso en su totalidad a un ritmo que no sabía si iba a ser capaz de aguantar. Pude notar la excitación en sus ojos, y estaba seguro que también ella la podía ver en los míos, los dos estábamos al límite.
-¡TRES! -Solté rápidamente su labio, y comencé a reducir el ritmo pues, como si fuera una explosión contenida, una gran cantidad de semen salió despedida al interior de la chica llenándola por completo. El viscoso y caliente líquido comenzó a desbordarse, miré sus ojos de color ámbar, quería ver su expresión de placer en primer plano mientras los dos llegábamos al límite, de aquel fortuito encuentro.
Tardé un rato en volver en mi mismo, pues trataba de recuperar el aliento, abrazando el sudado cuerpo de la artífice de este genial orgasmo. Posiblemente… Uno de los polvos más top de mi vida… -Confesé en voz baja, disfrutando del momento íntimo tras hacerlo. Tomé algo de distancia, aún sentado en las rocas y ella sobre mis piernas. Me quité sus bragas de la cabeza y se las coloqué a MM sobre la suya, soltando una carcajada al verla. -Te devuelvo tu corona princesita zorra… Dije finalmente metiéndome con ella, satisfecho, pero con mi mente aún pensando en la sacudida y la intensidad de hace unos instantes, algo triste por que hubiese terminado y con tal vez ganas de repetirlo algún día.
