25-01-2026, 09:13 AM
¿Desde cuándo el amor se confunde con la inacción? ¿En qué instante la valentía, la zozobra y el empeño se ven eclipsadas por el desdén y el desencanto? ¿A partir de qué momento el temor y la parsimonia dictan aquello que debería arder en determinación? El entendimiento de la amazona se desvanece, como la consciencia de quien ha combatido y caído aferrada a la esperanza de proteger a aquel que no levantó un solo dedo para defenderla, para ayudarla, para mantenerla a salvo.
La decepción, el furor y la aversión se mezclan en el interior de la fémina, gestando emociones que en algún momento se traducirán en interminables jaquecas. ¿Por qué? No logra comprenderlo. No consigue dar forma a los sucesos ocurridos en la arena, en ese último combate que le remueve el estómago, que abrasa cada centímetro de su cuerpo, que provoca un amargor persistente en sus papilas gustativas.
El acercamiento del semi gigante se siente en cámara lenta aunque no sea así. La manera en la que pronuncia el nombre de la pelirroja parece lejano y burdo, la forma en que la oni ha hincado la rodilla hasta perder el conocimiento genera desazón. ¿Por qué? Se preguntá sintiendo la necesidad de decir o hacer algo, mas no logra mover su cuerpo, ni siquiera sus labios; solo puede observar la escena mientras los puños se aprietan y los nudillos pierden color en el interior de sus guantes.
La decepcionada voz de su compañero cala hondo en los sentidos de la morena. ¿Matarla? Los pensamientos se decantan en Tuerca. No, no vale la pena. Tal vez podría intentar acabar con Tornillo, enfrentarlo hasta obligarlo a entender lo que significa poseer un ápice de ímpetu, una pizca de tenacidad. No vale la pena. El pensamiento acaricia hasta la más inflexible de sus ideas. Una última mirada es depositada sobre la pelirroja, sabe que es un caso perdido, aún así quiere creer que tiene “esperanza”. No te termines de convertir en una Rhiannon.
De repente, los aplausos inundan el ambiente, imponiéndose a los lamentos del semigigante, incluso a los espectadores que se encuentran extasiados apreciando el desenlace del combate. Alexander interviene con una combinación de teatralidad y expectación. ¿Beastmasters? El protagonismo es compartido al ofrecerles una migaja de atención y reconocimiento. Los pasos terminan por alejarse, tanto los del magnate en combates ilegales como los de ellos. Una última mirada se dirige hacia la colosal pareja.

—Cobarde.
¿Por permitir que Tornillo terminase en esa situación? ¿Por no atreverse a combatir y enfrentarlos correctamente? ¿Por no poder hacer nada más que ver a su amada yacer en el suelo sin intentar buscar culpables? Las razones se vuelven irrelevantes y superfluas, no necesita respuestas, al menos no en ese momento.
—Razones no te faltaban para creer eso. —La fémina golpea el dorso de sus manos provocando que la luz de sus guantes se extinguiera en el acto. Los orbes chocolate delinean la expresión del castaño. —¿Tenías ganas de rendirte, cariño? Fufufu. —Aunque una ligera risa escapa, su rostro no parece mostrar jocosidad. —De haberlo sabido ¿Habría cambiado algo? —Murmura más para sí que para los demás. Seguramente no. La conclusión queda grabada en su mente.
La oficina, austera en apariencia, apesta a alcohol caro y a dinero sucio. En los vocablos de Alexander se aprecia el desdén, la codicia y el control. ¿Piensa utilizarlos como si de títeres se tratasen? La amazona esboza una leve sonrisa, una muestra de implícito desafío; en su mirar brilla algo más, el fuego propio de la burla en sintonía con la ira que palpita en su interior. ¿Está tratando de parecer un benevolente benefactor solo por no irrumpir en nuestro combate? La sola idea provoca un chasquido de su lengua.
La mirada divaga hasta alcanzar a sus compañeros. ¿A qué se debe la expresión de Ryota? ¿Estará tan enfadado como ella? No, al contrario, parece demasiado desenfadado, como si algo lo hubiera desalentado. La fémina eleva una de sus cejas sin entenderlo, sabe que el castaño no dirá demasiado así le pregunte por lo que voltea a observar a Barald. ¿No necesita ser revisado por un médico? El tiempo se hace eterno en esas cuatro paredes.
El acercamiento de Alexander toma por sorpresa a Runin, en especial al notar la diferencia de estaturas. Se mantiene impasible aunque por dentro solo quiere lanzarse a carcajear. ¿Órdenes? El entrecejo se frunce mientras la respuesta de Ryota empieza a aflorar. Frustrada lanza un pesado suspiro, repentinamente no le importa la presencia de Alexander o la de sus compañeros, busca por encima algo que ha estado necesitando desde que llegó a la arena, cuando da con ello emprende marcha.
Un pequeño aparador tras el escritorio contiene una botella de vino del hombre que los ha citado ahí. —Con permiso, cariño. —O sin él; toma una botella de vino a medio beber, deposita el oscuro líquido en uno de los vasos del interior del aparador y bebe hondo y desinteresada, siente que algo en ella se relaja, como si el estrés la tuviera en abstinencia. Vuelve a beber de nueva cuenta, esta vez logrando centrarse en el castaño, en sus mentiras, en esa sonrisa que conoce no es real.
¡Brillante! Aunque la sonrisa de él demuestra derrota, la que ahora ostenta Runin es una de estima, diversión y asombro; al menos hasta que la conclusión llega a sus oídos. ¿Así que Alexander ha sido más inteligente que Ryota? La idea le molesta de sobremanera, así que vuelve a beber un poco más de vino mientras se acerca con la botella y el vaso. ¿Compartir? No, gracias.

—Fufufufufufu. Realmente es una anécdota graciosa, cariño.
Una risa sincera brota de los labios de la fémina ante las últimas palabras de su compañero, es un mentiroso descarado, quizá por ello se llevan tan bien. Runin se coloca junto al castaño, en realidad da la impresión de adelantarse un poco. —Disculpa el atrevimiento, cariño, llevaba demasiado tiempo sin probar este elixir y eso me estaba poniendo de muy mal humor. —Se encoge de hombros, no parece tener la intención de compartir.
—La respuesta es simple, cariño. Dinero. Soy una mujer de gustos irreverentes. Podría conseguir fácilmente lo que quisiera pero, en ocasiones, me gusta obtener las cosas por mis propios medios. —No se ha quitado los guantes. Levanta la izquierda que sostiene la botella. —Otra respuesta podría ser diversión y desahogo. —No ahonda en ello, no hace falta. —Quiero hacer una pregunta, cariño. —No espera la respuesta, igual la hace.

—¿Realmente importa saber lo que queremos? Por la manera en la que hablas no parece ser algo relevante.
La decepción, el furor y la aversión se mezclan en el interior de la fémina, gestando emociones que en algún momento se traducirán en interminables jaquecas. ¿Por qué? No logra comprenderlo. No consigue dar forma a los sucesos ocurridos en la arena, en ese último combate que le remueve el estómago, que abrasa cada centímetro de su cuerpo, que provoca un amargor persistente en sus papilas gustativas.
El acercamiento del semi gigante se siente en cámara lenta aunque no sea así. La manera en la que pronuncia el nombre de la pelirroja parece lejano y burdo, la forma en que la oni ha hincado la rodilla hasta perder el conocimiento genera desazón. ¿Por qué? Se preguntá sintiendo la necesidad de decir o hacer algo, mas no logra mover su cuerpo, ni siquiera sus labios; solo puede observar la escena mientras los puños se aprietan y los nudillos pierden color en el interior de sus guantes.
La decepcionada voz de su compañero cala hondo en los sentidos de la morena. ¿Matarla? Los pensamientos se decantan en Tuerca. No, no vale la pena. Tal vez podría intentar acabar con Tornillo, enfrentarlo hasta obligarlo a entender lo que significa poseer un ápice de ímpetu, una pizca de tenacidad. No vale la pena. El pensamiento acaricia hasta la más inflexible de sus ideas. Una última mirada es depositada sobre la pelirroja, sabe que es un caso perdido, aún así quiere creer que tiene “esperanza”. No te termines de convertir en una Rhiannon.
De repente, los aplausos inundan el ambiente, imponiéndose a los lamentos del semigigante, incluso a los espectadores que se encuentran extasiados apreciando el desenlace del combate. Alexander interviene con una combinación de teatralidad y expectación. ¿Beastmasters? El protagonismo es compartido al ofrecerles una migaja de atención y reconocimiento. Los pasos terminan por alejarse, tanto los del magnate en combates ilegales como los de ellos. Una última mirada se dirige hacia la colosal pareja.

—Cobarde.
¿Por permitir que Tornillo terminase en esa situación? ¿Por no atreverse a combatir y enfrentarlos correctamente? ¿Por no poder hacer nada más que ver a su amada yacer en el suelo sin intentar buscar culpables? Las razones se vuelven irrelevantes y superfluas, no necesita respuestas, al menos no en ese momento.
—Razones no te faltaban para creer eso. —La fémina golpea el dorso de sus manos provocando que la luz de sus guantes se extinguiera en el acto. Los orbes chocolate delinean la expresión del castaño. —¿Tenías ganas de rendirte, cariño? Fufufu. —Aunque una ligera risa escapa, su rostro no parece mostrar jocosidad. —De haberlo sabido ¿Habría cambiado algo? —Murmura más para sí que para los demás. Seguramente no. La conclusión queda grabada en su mente.
La oficina, austera en apariencia, apesta a alcohol caro y a dinero sucio. En los vocablos de Alexander se aprecia el desdén, la codicia y el control. ¿Piensa utilizarlos como si de títeres se tratasen? La amazona esboza una leve sonrisa, una muestra de implícito desafío; en su mirar brilla algo más, el fuego propio de la burla en sintonía con la ira que palpita en su interior. ¿Está tratando de parecer un benevolente benefactor solo por no irrumpir en nuestro combate? La sola idea provoca un chasquido de su lengua.
La mirada divaga hasta alcanzar a sus compañeros. ¿A qué se debe la expresión de Ryota? ¿Estará tan enfadado como ella? No, al contrario, parece demasiado desenfadado, como si algo lo hubiera desalentado. La fémina eleva una de sus cejas sin entenderlo, sabe que el castaño no dirá demasiado así le pregunte por lo que voltea a observar a Barald. ¿No necesita ser revisado por un médico? El tiempo se hace eterno en esas cuatro paredes.
El acercamiento de Alexander toma por sorpresa a Runin, en especial al notar la diferencia de estaturas. Se mantiene impasible aunque por dentro solo quiere lanzarse a carcajear. ¿Órdenes? El entrecejo se frunce mientras la respuesta de Ryota empieza a aflorar. Frustrada lanza un pesado suspiro, repentinamente no le importa la presencia de Alexander o la de sus compañeros, busca por encima algo que ha estado necesitando desde que llegó a la arena, cuando da con ello emprende marcha.
Un pequeño aparador tras el escritorio contiene una botella de vino del hombre que los ha citado ahí. —Con permiso, cariño. —O sin él; toma una botella de vino a medio beber, deposita el oscuro líquido en uno de los vasos del interior del aparador y bebe hondo y desinteresada, siente que algo en ella se relaja, como si el estrés la tuviera en abstinencia. Vuelve a beber de nueva cuenta, esta vez logrando centrarse en el castaño, en sus mentiras, en esa sonrisa que conoce no es real.
¡Brillante! Aunque la sonrisa de él demuestra derrota, la que ahora ostenta Runin es una de estima, diversión y asombro; al menos hasta que la conclusión llega a sus oídos. ¿Así que Alexander ha sido más inteligente que Ryota? La idea le molesta de sobremanera, así que vuelve a beber un poco más de vino mientras se acerca con la botella y el vaso. ¿Compartir? No, gracias.

—Fufufufufufu. Realmente es una anécdota graciosa, cariño.
Una risa sincera brota de los labios de la fémina ante las últimas palabras de su compañero, es un mentiroso descarado, quizá por ello se llevan tan bien. Runin se coloca junto al castaño, en realidad da la impresión de adelantarse un poco. —Disculpa el atrevimiento, cariño, llevaba demasiado tiempo sin probar este elixir y eso me estaba poniendo de muy mal humor. —Se encoge de hombros, no parece tener la intención de compartir.
—La respuesta es simple, cariño. Dinero. Soy una mujer de gustos irreverentes. Podría conseguir fácilmente lo que quisiera pero, en ocasiones, me gusta obtener las cosas por mis propios medios. —No se ha quitado los guantes. Levanta la izquierda que sostiene la botella. —Otra respuesta podría ser diversión y desahogo. —No ahonda en ello, no hace falta. —Quiero hacer una pregunta, cariño. —No espera la respuesta, igual la hace.

—¿Realmente importa saber lo que queremos? Por la manera en la que hablas no parece ser algo relevante.
OFF ROL
