La casualidad más larga [ Pasado | Ubbe | +18 ]
#8
Ubbe la vio agacharse para pasar por la puerta y, por un segundo, se le olvidó hasta respirar.
No fue por la puerta, ni por el sitio. Fue por la facilidad con la que lo hacía, como si el mundo entero tuviera que adaptarse a ella y aun así ella fuese la que se molestaba en calcular, plegar, encajar. Las alas se recogieron con precisión, sin ruido, sin torpeza… y eso le dio una sensación rara. Como ver a alguien peligroso moverse con elegancia. Además de ese cuerpo, claro...
Damn... baby - Pensó mientras los ojos se le iban solos al trasero de la chica.
Entró detrás, con el equipaje aún al hombro, y el Ancla Vieja le pareció más decente de lo que recordaba. Vigas gruesas, techo alto, madera vieja. No era un sitio de ricos. Pero sí de los que aguantan bien el tiempo.
Ubbe sonrió por debajo de las gafas, satisfecho, como si el mundo acabara de darle la razón, cuando la muchacha dijo que no estaba mal, contestó:
- Te lo dije, baby…
Y entonces ella caminó.
Ubbe intentó no mirarla de nuevo… pero fue una batalla perdida antes siquiera empezar. Tras las gafas de sol, los ojos se le fueron solos, bajando un segundo de más, midiendo curvas y movimiento. Intentó corregirlo, subir la mirada, parecer un caballero.
No le salió.
Siendo un poco más alto, el ángulo le delataba incluso más. Y el hecho de que ella lo supiera… solo lo empeoraba.
Las pulseras tintinearon. La tiara brilló. El pecho… ahí estaba; imponente, impresionante, exuberante y Ubbe hizo un esfuerzo casi heroico por no delatarse. Casi.
La mujer del mostrador los miró con sorpresa, esperando que no vinieran con ningún problema. Y que las camas pudieran aguantar el movimiento de tales e imponentes seres. Ubbe ya la conocía. Como había comentado, llevaba un tiempo hospedándose aquí. 
Bel habló con educación, con claridad, tomando decisiones, no pidiendo. Ubbe no dijo nada. Se limitó a estar ahí, enorme, tranquilo, como un guardaespaldas que no se ha dado cuenta de que está haciendo de guardaespaldas.
Bel aceptó con calma la habitación que le propuso la posadera. Ubbe se quedó mirándola un segundo más de la cuenta, no por el dinero, sino por la manera en que lo hacía: como si el mundo fuera un mercado y ella supiera perfectamente cuánto valía cada cosa.
Entonces ella giró la cabeza lo justo para mirarlo por encima del hombro y le preguntó a Ubbe sobre "cosas que dices haber olvidado". Ubbe ladeó la cabeza, como si estuviera evaluando la pregunta con seriedad.
¿Cosas que he olvidado?... -El Buccaneer se quedó pensativo por un momento, intentando averiguar si la lunarian lo decía por algo en concreto o no.
- Baby… -respondió, grave, con una sonrisa corta y con cierta picardía- Si recordaré esto o no, dependerá de como acabemos nuestra velada... Pero bueno, a ti ya te guardo un hueco en mi mente, y si quieres en mi corazón - intentó soltar la frase de ligoteo más hábil que se le ocurrió en ese momento, aunque tampoco mentía del todo, la chica le gustaba en cierta manera. 
La posadera deslizó la llave por el mostrador.
Cuando ella se inclinó para susurrarle lo del infierno y el cuarto, Ubbe notó ese cosquilleo raro en el estómago, el de “esto va en serio” pero en el buen sentido. Y encima soltó el “es todo un tema” con una naturalidad que le hizo fruncir el ceño un instante. No porque lo entendiera. Sino porque… le sonó, como una frase repetida, como algo que ya había oído antes.
Ubbe parpadeó una vez, lento, y se obligó a no pensar demasiado. Pensar era peligroso. Pensar cortaba el rollo.
- Pues no te preocupes, baby -dijo al final, con media sonrisa- Yo te llevo.
Y entonces ella pasó a su lado, rozándolo con el ala.
Un contacto breve, lo justo para dejarle petrificado. 
Ubbe se quedó quieto medio segundo, como si el cuerpo hubiera tardado en procesarlo, y luego sonrió otra vez… pero ya no era una sonrisa chula, de saber por qué camino va esta historia. 
La vio empezar a subir las escaleras, firme, elegante, como si la posada entera fuese suya desde el primer escalón. Ubbe tardó un instante en seguirla. No por duda, sino por puro disfrute.
Ajustó el equipaje al hombro, miró a la posadera de reojo, y le guiñó un ojo como si fueran colegas de toda la vida, aunque esta ya ni le estaba mirando. 
Siguió detrás de ella hasta que llegaron arriba, donde se puso delante para guiarle hasta la habitación. Cuando le pasó por el lado no pude evitar rozarle la mano, sin querer queriendo, claro. 
- Es por aquí, mi lady...
Ubbe avanzó esperando que la chica le siguiera, y tan solo unos metros más adelante, señaló una puerta. 
- Esa es la mía, si quieres te la enseño, así si te gusta, puedes devolver la llave de la otra, baby, no me importa compartir lo que es mío. 
Avanzó hacia la puerta, donde se quedó expectante a ver lo que hacía su acompañante, si ver la habitación del rubio, o pasar de largo e ir directamente a la suya, que estaba al lado unos metros más adelante.
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RE: La casualidad más larga [ Pasado | Ubbe ] - por Ubbe - 25-01-2026, 06:06 PM

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