26-01-2026, 01:47 AM
Narrador / María Merlot
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«No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.»
MUSIQUITA
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«No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.»
María caminaba, con su andar fascinante, buscando llamar la atención de todos, hechizar a los cortos de inteligencia y esclavos de sus deseos. Cada paso, suave e hipnótico, buscaba evitar el enfoque en su hermana, después de todo, si los cazadores de aquel recinto se perdían en su apariencia hermosa, la otra podría pasar desapercibida… cortar la cabeza de la serpiente, y sacarlas de ahí intactas, junto a las crías de dinosaurios bebes. La joven de cabellera rosada, miro al cielo por un breve segundo: azul, despejado, le recordó al color natural de las hebras de su cabeza. Un día perfecto para estar chapoteando en el océano, un día perfecto para comenzar de nuevo. Desde que salieron del South Blue, todo había ido a peor, pero considerando que ella era una optimista innata, solo podía imaginar que en cualquier momento liberarían el lastre, y retomarían el vuelo.
«No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.»
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.»
En su joven vida, había pasado por muchos eventos… no deseados. Sin embargo, nunca se rindió, y aquellos a los que había conocido hasta ahora, tampoco lo habían hecho. A su manera, cada uno continuaba su viaje en busca de lo que anhelaba su corazón. Con una mirada de reojo, vio a lo lejos a la valkiria besada por el sol. ¿No era ella prueba de esperanza y resiliencia? Su cuerpo contaba una historia cargada de quemaduras, nunca se la había preguntado, la verdad... es que iba más allá de su habitual cotilleo, porque hasta alguien como María entendía que habían historias que no podían forzarse. Algún día, la peliverde se abriría con ella, compartirían sus pasados, beberían bajo la luz de las estrellas y se reirían de los crueles giros del destino. Tal vez, ese día fuera hoy, cuando salieran de esa pequeña gran aventura. Pensarlo, hizo brillar los ojos ámbar de la mestiza, quien ya estaba ideando un plan para robar el whisky oculto en la bodega del Flush Royal.
«Aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.»
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.»
No debía perder el enfoque, debía concentrarse en la actividad que la había traído a ese lugar: Encontrar a los dinos bebes. Con un movimiento de su diestra, movió su larga cabellera rosada, dejando al descubierto la nívea piel de su hombro lleno de escamas azuladas: la capa, el bolso y el escudo, lo llevaba el tonto cazador, del cual provino un suspiro cuando la mujer realizó la acción anterior. María, solo pudo girar sus ojos, todos eran iguales, pero eso siempre, o la mayoría de las veces, le ayudo a sobrevivir, sin su bonita apariencia, quizás la hubieran matado hacía mucho tiempo…
“¡ROOAAAAAAAARRRRRR!”
El caos “normal” de ese campamento fue subyugado por el alarido de una bestia. El sonido retumbo en los oídos de la mestiza haciéndola detener sus pasos y buscar por instinto de dónde provino esa especie de rugido. Miro a su hermana a lo lejos, estaba bien, era lo único que le preocupaba realmente. El suelo empezó a retumbar, llámenla loca, pero juraba que se movía, como si fuera el epicentro de un sismo. Estuvo a punto de preguntarle al hombre si los temblores con rugidos eran habituales en esa parte de la isla, cuando el caos “anormal” se desato: gritos, pánico y acciones irracionales, nacidas del miedo a lo desconocido, o más bien, de lo conocido que los haría tartar.
«Porque existe el vino Merlot y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.»
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.»
Un gigante, uno con malas pulgas invadió el campamento de frente y sin artilugios, en el lado mas cercano a su Unnie. Los ojos de María se abrieron como plato, ella conocía a dos gigantes, ambos de buen corazón y amables, pero ese… ese parecía que tenía un muy mal día, quizás una astilla clavada en el piesote, o una cita con una giganta que salió mal; un abanico de posibilidades, y una sola conclusión: Estaban jodidos — … Mi…erda — la voz llena de terror del hombre se superpuso al caos, le tiro sus cosas y salió corriendo, hacia quien sabe dónde. Sin dejar de mirar a su hermana, y dando un paso hacia atrás, acercándose más al borde del lago mientras se cruzaba el bolso y el escudo a su espalda, la capa la descarto, no había tiempo de podérsela ni guardarla.
Escóndete
Con su aguda vista, y su inútil habilidad de leer los labios, entendió la orden de su hermana. Tenia que alejarse, no podía estorbarle, no cuando esa cosa parecía enfocada en ella, y solo ella. Iba a dejarse caer al lago de espaldas, el agua (y las celdas) eran sus lugares seguros en el mundo, aunque… por un tonto impulso dio un paso hacia adelante, tal vez… ella… podría… hacer… algo… ayudar… no le termino de dar ni formar a la idea cuando algo la agarro por detrás, una mano grande y femenina, que la arrastro a las profundidades de esa fuente de ella, y no fue de una manera amistosa.
«Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos»
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos»
El agua chocó con su piel, el deseo del chapuzón se cumplió sin previo aviso. El sudor de la caminata y la hemedad de la selva quedaron atrás mientras la superficie se iba alejando de su vista. Fue tan inesperado, esa mano como el gigante rojo, que María olvido que era una semi sirena, aguantando la respiración como una humana... medio para evitar ahogarse mientras con su cuerpo y piernas se intentaba mover para soltarse del agarre de lo que fuera que la tenía sujetada. Intento gritar que se ahogaba, que la soltarán pero si abría la boca se iba a morir mas rápido ¿No? No, no, no… ¡NO! Por supuesto que no, ella podía estar bajo el agua, ella podía respirar. Se iba a regañar mentalmente por ese momento de estupidez pero lo dejaría para luego, porque ahora con su boca mordió la manota con todas sus fuerzas haciendo que la sangre fluyera y por ende la soltaran; la joven semi sirena, tenía años sin probar la sangre de otros, se sintió… irreal y un recordatorio de la crueldad del mundo. Sus ojos ámbar miraron al causante de su recaída en la carne… fresca: otro monstruo gigante, aunque estaba vez claramente: una mujer. La vio sacudir la mano, su unnie le había dado una orden, no se iba a quedar ahí, así que se giro y nado, en zigzag, como un pececito huyendo de un depredador mas grande. Su velocidad aumentaba cuando estaba sumergida, no quería ni iba a descubrir cuan rápido era su compañera de estanque, así que, viendo a lo lejos, una especie de salida subacuática, se metió por ahí, no sabía a dónde la llevaría, pero por ahora necesitaba buscar la superficie, y esperar a que la Valkiria Besada por el Sol, le diera la señal para regresar… y mientras tanto, idearía un plan B, C, D, H y los que fueran necesarios porque ese sitio, no las vería caer…
«No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay vida en tus sueño,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.»
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay vida en tus sueño,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.»
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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