26-01-2026, 04:15 AM
Era de fábula todo lo que vía frente a sus ojos, gente peleando por sus vidas, puños, patadas, incluso gritos de alegría y sufrimiento, todo lo que deseaba estaba frente a ella. solo debía mirar, dar un paseo con su mente, memorizar todo y no perderse detalles… hace unos segundos estaba decidida a robar algo, pasarla bien un rato y quizás irse a su barco a dormir… pero ahora solo deseaba pelear, sudar, crujir huesos y quizás encontrar un contrincante interesante. Todo esto le emocionaba y era una verdadera coincidencia que su sueño fuera efectivamente un coliseo de batalla, no móvil, una arena que fuera para el mundo, espectáculos tanto de fuerza como de talento.
Era el medico de una arena clandestina… que hermosa profesión, Maki le miro de arriba abajo con algo de incredulidad, creyendo que le tomaba el pelo… —No te ves como un verdadero doctor del bajo mundo…— Bueno no es el verdadero bajo mundo, pero era lo más parecido no tan alejado de la luz del sol. Porque al fin y al cabo meterse en asuntos de ese tipo si que era peligroso… sobre todo con tantos monstruos en el mar devorando a cuanto pirata con confianza se aventuraba a surcar los mares. Así crecían estas leyendas, matando a los más débiles y osados.
Las reglas eran simples, ganaba quien pegaba más fuerte o quien era más astuto. Lo de las armas no le llamaban tanto la atención pues el objetivo de estas pruebas de fuerza era siempre medirse, no matar. Para eso estaba el mar abierto, las calles llenas de desdichados con malditos bastardos que solo buscaban robar, matar y violar. Con esos ella no tenía compasión, pero matar en una prueba de fuerza le resultaba fuera de su radar. Aun así. La lucha le calentaba la sangre, el alma salía disparada y no quería perderse ningún detalle. Asentía ante cada palabra del doctor
Mierda… casi aplastada por una gran mole de músculos ensangrentado vapuleado, hecho pedazos con el cabello revuelto los puños llenos de sangre. Cayo justo al lado, pudo sentir el hedor de la derrota en sus fosas nasales y la emoción inundo el corazón y el pecho de Maki… sus ojos desorbitados, enloquecidos y decididos aprobarse se movieron entre el derrotado y el vencedor. Entre los puños de ambos y su pasión. Todo le embargaba eran sensaciones que no podía dejar pasar. Le dio un consejo… también luchaba… claro lo había mencionado.
Le hizo seguirle y ella como un cachorrito adoptado le siguió, sin apartar la vista del vencedor, un hombre grande… no en tamaño quizás, pero si en bravura, en emoción… su sonrisa llena de sangre sus cabellos alborotados igualmente le dotaban de una belleza que solo una enferma como Maki podría apreciar. Sintió algo, algo raro, como… excitación. No la sexual, sino de aquella que te emociona por hacer. ¿De verdad tenían pensado dejarla participar?... era una locura, pero no tanto pues estas arenas si que se necesitan insumos, y esos insumos son carne joven, nueva y dispuesta a perder un trozo solo por las risas.
Vaya parece que no le tenían en tanta estima pues el par le amenaza con risas y dichos que en otro momento solo habría desencadenado en una pelea, el puño de Maki se enfundo en su bolsillo, jamás lo hacía jamás se contenía, menos cuando amenazaban a su nuevo mejor amigo.
Abrió la boca para morder el ego de los malditos, pero el huesudo se encargó el mismo. Nada le gustaba más a ella que un hombre que peleaba sus propias batallas. Le resultaba erótico y satisfactorio pues de esos no habían muchos, pasivos, que se dejaban manipular que seguían las reglas y que solo se volvían violentos cuando no tenían más opción. En fin… odiaba a los malditos marines y a sus aliados. Eran lo peor y representaba todo lo que ella detestaba.
Así que ese era su plan… ofrecerla como luchadora… claro… se veía como una, se movía, hablaba y desconfiaba como una, pero como podría saber el doctor que era una buena? ¿Solo confiaba o le conocía de antes?... Maki tenía una memoria horrenda para los nombres, un poco menos para los rostros… si, no creía conocerlo de nada, pero aseguraba que era la mejor… Maki entrecerró los ojos ante sus dichos, pero ya lo arreglaría después.
Cuando salieron de la habitación, en los vestidores… Maki se acerca al doctor… su rostro demuestra una sonrisa, pero como si fuera el mismísimo diablo su mano izquierda se mueve veloz como el relámpago, su objetivo el hombro derecho de él, agarrando con fuerza pone su antebrazo presionando contra el cuello de para azotarlo contra el muro… su daga, oculta entre las ropas danza entre la brumosa hostilidad. —Que es esto? ¿Una trampa? Quieres que pague tus deudas hijo de puta?... esto me agrada, claro, pero no soy el juguete de nadie… dame solo un motivo para que tus tripas no se vuelvan el festín de los gusanos que pululan esta mierda de arena!!!.— No le molestaba luchar a Maki, pero si que la utilizasen para fines ocultos, la mentira, las acciones en las sombras. Eran siempre sucias y Maki siempre iba de frente.
Era el medico de una arena clandestina… que hermosa profesión, Maki le miro de arriba abajo con algo de incredulidad, creyendo que le tomaba el pelo… —No te ves como un verdadero doctor del bajo mundo…— Bueno no es el verdadero bajo mundo, pero era lo más parecido no tan alejado de la luz del sol. Porque al fin y al cabo meterse en asuntos de ese tipo si que era peligroso… sobre todo con tantos monstruos en el mar devorando a cuanto pirata con confianza se aventuraba a surcar los mares. Así crecían estas leyendas, matando a los más débiles y osados.
Las reglas eran simples, ganaba quien pegaba más fuerte o quien era más astuto. Lo de las armas no le llamaban tanto la atención pues el objetivo de estas pruebas de fuerza era siempre medirse, no matar. Para eso estaba el mar abierto, las calles llenas de desdichados con malditos bastardos que solo buscaban robar, matar y violar. Con esos ella no tenía compasión, pero matar en una prueba de fuerza le resultaba fuera de su radar. Aun así. La lucha le calentaba la sangre, el alma salía disparada y no quería perderse ningún detalle. Asentía ante cada palabra del doctor
Mierda… casi aplastada por una gran mole de músculos ensangrentado vapuleado, hecho pedazos con el cabello revuelto los puños llenos de sangre. Cayo justo al lado, pudo sentir el hedor de la derrota en sus fosas nasales y la emoción inundo el corazón y el pecho de Maki… sus ojos desorbitados, enloquecidos y decididos aprobarse se movieron entre el derrotado y el vencedor. Entre los puños de ambos y su pasión. Todo le embargaba eran sensaciones que no podía dejar pasar. Le dio un consejo… también luchaba… claro lo había mencionado.
Le hizo seguirle y ella como un cachorrito adoptado le siguió, sin apartar la vista del vencedor, un hombre grande… no en tamaño quizás, pero si en bravura, en emoción… su sonrisa llena de sangre sus cabellos alborotados igualmente le dotaban de una belleza que solo una enferma como Maki podría apreciar. Sintió algo, algo raro, como… excitación. No la sexual, sino de aquella que te emociona por hacer. ¿De verdad tenían pensado dejarla participar?... era una locura, pero no tanto pues estas arenas si que se necesitan insumos, y esos insumos son carne joven, nueva y dispuesta a perder un trozo solo por las risas.
Vaya parece que no le tenían en tanta estima pues el par le amenaza con risas y dichos que en otro momento solo habría desencadenado en una pelea, el puño de Maki se enfundo en su bolsillo, jamás lo hacía jamás se contenía, menos cuando amenazaban a su nuevo mejor amigo.
Abrió la boca para morder el ego de los malditos, pero el huesudo se encargó el mismo. Nada le gustaba más a ella que un hombre que peleaba sus propias batallas. Le resultaba erótico y satisfactorio pues de esos no habían muchos, pasivos, que se dejaban manipular que seguían las reglas y que solo se volvían violentos cuando no tenían más opción. En fin… odiaba a los malditos marines y a sus aliados. Eran lo peor y representaba todo lo que ella detestaba.
Así que ese era su plan… ofrecerla como luchadora… claro… se veía como una, se movía, hablaba y desconfiaba como una, pero como podría saber el doctor que era una buena? ¿Solo confiaba o le conocía de antes?... Maki tenía una memoria horrenda para los nombres, un poco menos para los rostros… si, no creía conocerlo de nada, pero aseguraba que era la mejor… Maki entrecerró los ojos ante sus dichos, pero ya lo arreglaría después.
Cuando salieron de la habitación, en los vestidores… Maki se acerca al doctor… su rostro demuestra una sonrisa, pero como si fuera el mismísimo diablo su mano izquierda se mueve veloz como el relámpago, su objetivo el hombro derecho de él, agarrando con fuerza pone su antebrazo presionando contra el cuello de para azotarlo contra el muro… su daga, oculta entre las ropas danza entre la brumosa hostilidad. —Que es esto? ¿Una trampa? Quieres que pague tus deudas hijo de puta?... esto me agrada, claro, pero no soy el juguete de nadie… dame solo un motivo para que tus tripas no se vuelvan el festín de los gusanos que pululan esta mierda de arena!!!.— No le molestaba luchar a Maki, pero si que la utilizasen para fines ocultos, la mentira, las acciones en las sombras. Eran siempre sucias y Maki siempre iba de frente.

![[Imagen: Maki_NNM.gif]](https://sig.grumpybumpers.com/host/Maki_NNM.gif)
![[Imagen: mikiocheja.png]](https://i.ibb.co/Cs5LLpXR/mikiocheja.png)