26-01-2026, 06:40 AM
El impacto de los cortes que propinó el oriundo de Roshwan no detuvo a la bestia, los filos de las armas cortaron la carne de su hocico y si bien la sangre fluía el dolor de la bestia se convirtió en furia pura avanzando nuevamente para cortar la distancia entre ellos. Sus pupilas se dilataron ante el estímulo sensorial del dolor, un gruño emergió de su pecho a medida que sus patas traseras se clavaban firmes en el adoquín con otro zarpazo de sus garras en dirección al espadachín, el mismo era descendente y buscaba claramente herir el cuello del muchacho yendo hacia los puntos vitales.
La herida solo había logrado encender aun mas su instinto de caza, ahora no era una atracción del circo sino un cazador más de la jungla dispuesto a matar a su presa comprimida en trescientos kilos de violencia.
En la plazoleta de Sorbet no quedaba ni un alma más que el espadachín y la bestia, o al menos eso parecía ser el caso hasta que desde el callejón Este y Oeste comenzaron a acercarse dos siluetas de tamaños menores pero aún colosales en comparación a un felino doméstico, igual de agraciados. Sus pasos eran precisos analizando la situación que ante sus miradas salvajes se desenvolvían, casi en sincronía los mismos comenzaban a andar alrededor del alfa que parecías estar dispuesto a darlo todo por el codiciado alimento tras tres días sin probar bocado.
La respiración de las bestias era constante, precisa, sus miradas metódicas. Parecían estar respetando el rito de caza de su líder ¿Pero podía estar seguro de ello el espadachín? Uno de ellos llegó a cinco metros de distancia de su flanco izquierdo, y el tercero por el flanco derecho en cualquier momento podría desencadenarse una carnicería en la que ninguno de los cuatro podría quedar bien parado...
La herida solo había logrado encender aun mas su instinto de caza, ahora no era una atracción del circo sino un cazador más de la jungla dispuesto a matar a su presa comprimida en trescientos kilos de violencia.
En la plazoleta de Sorbet no quedaba ni un alma más que el espadachín y la bestia, o al menos eso parecía ser el caso hasta que desde el callejón Este y Oeste comenzaron a acercarse dos siluetas de tamaños menores pero aún colosales en comparación a un felino doméstico, igual de agraciados. Sus pasos eran precisos analizando la situación que ante sus miradas salvajes se desenvolvían, casi en sincronía los mismos comenzaban a andar alrededor del alfa que parecías estar dispuesto a darlo todo por el codiciado alimento tras tres días sin probar bocado.
Contenido Oculto
La respiración de las bestias era constante, precisa, sus miradas metódicas. Parecían estar respetando el rito de caza de su líder ¿Pero podía estar seguro de ello el espadachín? Uno de ellos llegó a cinco metros de distancia de su flanco izquierdo, y el tercero por el flanco derecho en cualquier momento podría desencadenarse una carnicería en la que ninguno de los cuatro podría quedar bien parado...
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