26-01-2026, 02:34 PM
La entrega del prisionero a la división de la vikinga no tuvo nada de teatral ni de solemne; al contrario, fue un trámite seco, casi tenso, como si el ambiente mismo pesara más de lo normal. A Sigrid le dio la impresión de que en aquel buque de la Marina nadie había dormido en días, y no por el balanceo del mar, sino por un miedo contenido que se reflejaba en los semblantes cansados, en las miradas esquivas y en la rigidez con la que cada soldado cumplía su función. El soldado Karaunt realizó la entrega oficial con una formalidad casi excesiva, pasando la custodia del prisionero a Juan Sebastián, quien a su vez, siguiendo la cadena de mando, lo entregó al sargento pervertido Enji, el mismo al que Sigrid ya había aprendido a mirar con una mezcla de cautela y resignación silenciosa. Todo ocurrió sin palabras de más, sin discursos, sin heroicidades; solo órdenes, firmas y pasos medidos.
Cuando Juan finalmente dio la orden de ponerse en marcha, Sigrid tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no soltar una carcajada. No porque la situación fuera graciosa, sino porque la seriedad forzada de su compañero, tan distinta a lo que ella ya intuía de su carácter, le resultó casi antinatural. Apretó los labios, infló un poco el pecho y mantuvo la compostura, recordándose a sí misma que estaban rodeados de marines del buque y que los estándares debían mantenerse, le gustara o no. Con la alabarda bien apoyada y la mirada al frente, Sigrid avanzó junto a la División 93, consciente de que aquel prisionero no era un encargo cualquiera y de que, aunque el inicio hubiera sido silencioso y tenso, el verdadero peso de la misión apenas estaba comenzando.
—Yo creo que ellos no son agentes de la justicia, Juanchi— comentó Sigrid con una media sonrisa ladeada, bajando un poco la voz pero sin molestarse en ocultar la burla— Más bien parecen verdugos mal pagados de los Dragones Celestiales— añadió con total honestidad, cruzándose de brazos mientras soltaba una breve risa nasal. El comentario le salió natural, casi inevitable, en cuanto Juan mencionó lo mucho que a los Cipher Pol les gustaban los secretismos, para ella, tanta sombra y tanto silencio no tenían nada que ver con la justicia que defendía. Sigrid prefería las cosas de frente, con nombres claros y responsabilidades visibles, no juegos de cartas escondidas ni órdenes susurradas, y si aquello la hacía sonar irreverente, bueno, también era parte de ser una vikinga demasiado grande para creer en disfraces elegantes.
Cuando Akira mencionó la idea de subirse a los hombros de la vikinga, Sigrid no solo no se negó, sino que reaccionó con total naturalidad, como si aquella propuesta fuera lo más lógico del mundo. Con cuidado, al menos el cuidado que alguien de su tamaño podía ofrecer, pasó sus enormes manos por la cintura del soldado y lo alzó sin esfuerzo alguno, acomodándolo con firmeza sobre sus hombros hasta asegurarse de que quedara bien sujeto y con una vista despejada del entorno. Para ella, la ventaja era evidente: si Akira conocía la flora y la fauna de la isla, tenerlo en lo alto significaba ojos expertos vigilando el camino por todos ellos, una ayuda clara para toda la División 93. —Confío en tu conocimiento de la isla, Aki-chan— comentó finalmente Sigrid con una sonrisa enorme y sincera, orgullosa de poder usar su fuerza no solo para golpear, sino también para proteger y apoyar a sus compañeros mientras avanzaban juntos hacia lo que fuera que aquella misión aún les tuviera preparado.
—Ero-Gunso— soltó Sigrid, girando apenas la cabeza para clavarle una mirada seria a Enji, muy distinta a su sonrisa habitual —Si por casualidad tu ropa interior también se deshace, creo que voy a partirte la espalda en dos— añadió con una calma peligrosa, como quien no está bromeando en lo más mínimo. No levantó la voz ni hizo aspavientos; la amenaza salió directa, honesta y absolutamente coherente con su forma de entender el respeto. —No me gustaria que tengan que asignarnos a otro Sargentos, ya me caes bien. — Luego volvió la vista al frente, como si el asunto ya estuviera zanjado, dejando claro que podía ser la más alegre del grupo pero también la última persona a la que alguien querría provocar.
Cuando Juan finalmente dio la orden de ponerse en marcha, Sigrid tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no soltar una carcajada. No porque la situación fuera graciosa, sino porque la seriedad forzada de su compañero, tan distinta a lo que ella ya intuía de su carácter, le resultó casi antinatural. Apretó los labios, infló un poco el pecho y mantuvo la compostura, recordándose a sí misma que estaban rodeados de marines del buque y que los estándares debían mantenerse, le gustara o no. Con la alabarda bien apoyada y la mirada al frente, Sigrid avanzó junto a la División 93, consciente de que aquel prisionero no era un encargo cualquiera y de que, aunque el inicio hubiera sido silencioso y tenso, el verdadero peso de la misión apenas estaba comenzando.
—Yo creo que ellos no son agentes de la justicia, Juanchi— comentó Sigrid con una media sonrisa ladeada, bajando un poco la voz pero sin molestarse en ocultar la burla— Más bien parecen verdugos mal pagados de los Dragones Celestiales— añadió con total honestidad, cruzándose de brazos mientras soltaba una breve risa nasal. El comentario le salió natural, casi inevitable, en cuanto Juan mencionó lo mucho que a los Cipher Pol les gustaban los secretismos, para ella, tanta sombra y tanto silencio no tenían nada que ver con la justicia que defendía. Sigrid prefería las cosas de frente, con nombres claros y responsabilidades visibles, no juegos de cartas escondidas ni órdenes susurradas, y si aquello la hacía sonar irreverente, bueno, también era parte de ser una vikinga demasiado grande para creer en disfraces elegantes.
Cuando Akira mencionó la idea de subirse a los hombros de la vikinga, Sigrid no solo no se negó, sino que reaccionó con total naturalidad, como si aquella propuesta fuera lo más lógico del mundo. Con cuidado, al menos el cuidado que alguien de su tamaño podía ofrecer, pasó sus enormes manos por la cintura del soldado y lo alzó sin esfuerzo alguno, acomodándolo con firmeza sobre sus hombros hasta asegurarse de que quedara bien sujeto y con una vista despejada del entorno. Para ella, la ventaja era evidente: si Akira conocía la flora y la fauna de la isla, tenerlo en lo alto significaba ojos expertos vigilando el camino por todos ellos, una ayuda clara para toda la División 93. —Confío en tu conocimiento de la isla, Aki-chan— comentó finalmente Sigrid con una sonrisa enorme y sincera, orgullosa de poder usar su fuerza no solo para golpear, sino también para proteger y apoyar a sus compañeros mientras avanzaban juntos hacia lo que fuera que aquella misión aún les tuviera preparado.
—Ero-Gunso— soltó Sigrid, girando apenas la cabeza para clavarle una mirada seria a Enji, muy distinta a su sonrisa habitual —Si por casualidad tu ropa interior también se deshace, creo que voy a partirte la espalda en dos— añadió con una calma peligrosa, como quien no está bromeando en lo más mínimo. No levantó la voz ni hizo aspavientos; la amenaza salió directa, honesta y absolutamente coherente con su forma de entender el respeto. —No me gustaria que tengan que asignarnos a otro Sargentos, ya me caes bien. — Luego volvió la vista al frente, como si el asunto ya estuviera zanjado, dejando claro que podía ser la más alegre del grupo pero también la última persona a la que alguien querría provocar.
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
