Kiyoshi Gaiden: el hombre en busca de ser fuerte [Fic]
#5
Durante varios días, Kiyoshi estuvo alejado de sus compañeros. No se preocupó de estar al pendiente de sus enfermedades o situación actual en la isla. Únicamente los contactaba por den den mushi para hacerles saber que sigue con vida. No es porque no piense en ellos como personas a las que les deba explicaciones, sino porque la concentración se mantuvo permanentemente en el entrenamiento. Pudo percatarse de la fuerza de algunos individuos en los Cabos Gemelos, personas que terminaron como si nada tras enfrentarse a enemigos tan peligrosos como el que él y Eros tuvieron que hacer frente. Imposible fue que Kiyoshi no viera mermada la ya poca confianza en sí misma que poseía, pero esto sirvió para que abra su mente a mejorar sus capacidades. Quedarse como estaba solo lo llevaría por el camino hacia una muerte tonta, tal como él las odia.

Lo primero en que ambos tiradores se centraron en mejorar es el poder moverse y disparar. Desde siempre, Kiyoshi, por el tipo de arma de fuego que usa, se centró en practicar su puntería desde la quietud. Básicamente, no se mueve. Se mantiene siempre estático con la intención de ser certero cada vez que decide jalar el gatillo. Sin embargo, esto tiene sus desventajas, sobre todo cuando te toca plantarle cara a un mundo en donde hay monstruos que, encerrado en tu humilde casa del South Blue, jamás imaginaste. Su propio maestro, por ejemplo, hizo gala de la gran agilidad que tiene para casi no ser visto al momento de atacar.

Pero con Kiyoshi la historia es muy diferente. Siendo así desde el nacimiento, su cuerpo se ha caracterizado por poseer una debilidad que no muchos padecen. Velocidad, resistencia, fuerza, todos atributos que carece. Media jornada parece un entrenamiento militar, pues se dedica a trotar como si no hubiese un mañana. Lo aborrece cada segundo, pues sus piernas temblaban en cada paso y sentía como si los gemelos fueran a desgarrase todo el tiempo. Durante el descanso para el almuerzo, solo se quedaba tirado sobre el piso. No le importaba la suciedad ni nada, solo dejaba caer como si un trapo para limpiar la cubierta fuese.

Muchas veces pensó en rendirse, en dar las gracias, retirarse y seguir dependiendo del resto para sobrevivir en este viaje. Pero recordar a aquellos que mostraron valentía frente a la muerte fue su fuente de inspiración para volver a levantarse y seguir. Cada gota de sudor debía valer la pena, pues si algo le comentaba su maestro a diario es que se podía olvidar de obtener resultados de un día para otro, pero que cada día que le dedique a la mejora, a la larga le hará mejor que todos aquellos que se rindieron antes de dar el primer paso.

No todos los que trabajaron duro alcanzaron el éxito, pero todos los que alcanzaron el éxito trabajaron duro.

La segunda mitad de la jornada se enfocar en disparar, centrándose en moverse y disparar a distintos objetivos, ya sea quietos o en movimiento. No solo le provocaba cansancio extremo al tener que estar en constante acción, sino que también lo azotaba un estrés mental del cual le costaba escapar. Ignoraba todas las recomendaciones de salubridad que conocía al tener que escupir continuamente al suelo, o vomitar en donde sea que haya algo para ocultarlo mínimamente. No podía ser exquisito con el entorno ni los cuidados, pues llegó un punto en que su cabeza no tuvo más espacio para ese tipo de ideas. Cuando llegas a la extrema fatiga, el intelecto disminuye, o más bien no tienes la capacidad para usarlo como es normal.

También fue obligado a utilizar otro tipo de armas de fuego, como pistolas. Siempre se enfocó en usar únicamente rifles, pues esa fue la educación que le dieron durante los años que estuvo en la academia. Si bien muchos principios acerca de la técnica de disparo se mantienen, hay muchos detalles que son bastante ajenos, teniendo que mojarse la cabeza para enfriarla y así poder poner atención a todas las instrucciones que le daba el viejo. Normal es que los primeros días no pudiera hacer nada con un arma diferente, pero poco a poco le iba agarrando el truco.

Aun así, no cambiaría su rifle por nada. Está demasiado arraigado a esa arma, especialmente al modelo que él posee, siendo un regalo de su padre como recompensa por haber aprobado el largo campus de entrenamiento en que participó.

— ¿De verdad crees que todo esto me servirá? A veces siento que me preparas para una tonta maratón. Llega el punto en que deseo dispararme a las piernas para cortarlas y me dejen de doler.

— No puedes depender solamente de tu arma o el poder de tu fruta del diablo. Tu cuerpo debe ser capaz de soportar el estrés y el dolor que trae consigo lanzarse a este mar tan peligroso como pirata. Solo espera y verás. Algún día me agradecerás todo lo que estoy haciendo por ti.

— Ya lo hago, pero sigue siendo duro… Siento que me canso menos que los primeros días, pero sigo siendo lento. He intentado aplicar conocimientos médicos sobre el entrenamiento, pero no sé…

— La verdad es que has nacido con físico antónimo a lo privilegiado, eso no te lo puedo negar. Aunque no consigas tener una buena aceleración, la resistencia te ayudará a. El primer día te cansaste meramente caminando hasta acá. Diría que ahora puedes trotar desde el pueblo sin terminar a punto de morir.

— Bueno, tal vez sea verdad… Aun así, he gastado casi todos mis inhaladores para el asma. Sin ellos, no podré mantener relativamente estable mi salud durante el entrenamiento.

— Tampoco creas que te entrenaré deporvida. Yo también tengo cosas que hacer por mucho que me divierta instruirte. Además, ser un pirata perteneciente a una tripulación no conlleva únicamente aumentar tu fuerza.

— ¿De qué hablas, tonto?

— Me extraña mucho que lo preguntes viniendo de un médico como tú. Necesitas mejorar la convivencia, el trabajo en equipo, aprender de tus compañeros. Mientras más sepas de ellos, mejor pirata serás. Claro, si nada de eso importa, mejor abandónalos y viaja por tu cuenta.

— Lo sé, eso es algo que ya intento hacer. Asumo que me lo dices porque llevo mucho tiempo desaparecido. Quizás ya pronto viene siendo hora de que los visite.

— Los piratas no se estancan en islas, muchacho, sino que siguen avanzando hasta donde su ambición los lleve. Por mucho que quieras mejorar mucho quedándote una larga temporada aquí, el verdadero entrenamiento se encuentra allá afuera. Nada te ayudará más que la experiencia real. Solo así conocerás tu auténtico potencial.

— Supongo que… tienes razón, viejo tonto.

Y sabio, muy sabio. De eso no se vayan a olvidar.

— Bien, lo último que deberemos trabajar es cómo usar ese poder especial que tienes con tu talento como tirador. Será la fase final de nuestro entrenamiento.

Ya estamos cerca del final de esta historia, lamentablemente. ¿Kiyoshi aguantará hasta el último día?
[Imagen: u2oxCl9.png]

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RE: Kiyoshi Gaiden: el hombre en busca de ser fuerte [Fic] - por Kiyoshi Maeda - 27-01-2026, 01:36 AM

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