04-11-2023, 03:36 PM
Al enterarme de que el hermano mink de Murray ya no estaba entre nosotros se esfumaron mis ilusiones de poder conocer algo de mi pasado, y recordé aquella siniestra y traumática imagen del mink adulto con un tablón clavado. No quería acabar así, ese no era mi destino. Quizá había sido así la muerte de Xas, el misterioso ornitorrinco del que me hablaba. ¿Y si había muerto por mi culpa? ¿Y si una serie de malas decisiones habían creado tal trauma en mí, que me habían hecho perder esos recuerdos? Tenía que asegurarme de que no fuese así. De todas formas, no creo que en el mundo existan muchos más minks de mi especie.
El sol era abrasador y parecía que el aire se escapaba de nuestros pulmones, dejándonos con una sensación de ahogo continua. El sol quemaba la espalda y nos hacía encorvarnos. Apoyado en el palo y con la boca seca, llegué a la cima del sendero estrecho y árido. Dhanna, la diosa de la tierra y los bosques no se había presentado en esa isla en siglos y la única vegetación que se atisbaba eran unos pequeños matorrales que hacía mucho que habían muerto por falta de agua. Había recordado el nombre de otra deidad, en concreto, la reina de los suyos, lo cual me alegraba inmensamente. El paisaje era desolador. ¿Cuánto tiempo llevaba yo en aquella isla? No creo que hubiese aguantado más de dos o tres días. En ese momento, Murray tuvo la brillante idea de dejarle a los dioses nuestro destino, cogiendo una rama e invocando al caprichoso dios del destino, Urtike. Soltó la ramita, la cual cayó hacia el oeste. - Urtike nos ha señalado el camino correcto. - Sonreí y asentí con la cabeza. No se tomaba lo de los dioses a broma y eso me hacía relajarme y confiar un poco más en aquel extraño pirata de barba naranja. - Todo camino nace en un pueblo y va a parar a algún lugar de interés. ¿No? – Tenía razón, así que asentí y comenzamos a caminar hacia el oeste. Al cruzar un desfiladero ascendente, aproximadamente a una media hora del puente que no llegamos a cruzar, comprobamos que el camino bajaba hasta un pueblo. Murray no se había equivocado y el mar brillaba con el sol de la mañana. Parecía que nos iluminaba como si de un premio por las buenas decisiones se tratase. Me aclaré la garganta. Aunque el pueblo no estaba lejos, creo que era el momento de esclarecer si el mink de su visión era el misterioso y difunto Xas. - Mira... ornitorrinco, lo siento, es que no me has dicho tu nombre todavía, no se como llamarte. Urtike nos ha señalado el camino correcto, allí abajo está el pueblo. Apuesto mil berries a que tardaremos menos de una hora en alcanzarlo – Me cortó antes de poder hablar. Asentí y pensé que tenía razón, pero que, si apurábamos un poco el paso, llegaríamos en menos de 45 minutos. Aunque con aquel sol era complicado apurar mucho más el paso. Así que decidí rechazar la apuesta.
Urtike nos dio su favor por confiar en él, sí. Pero no debemos confiarnos de que siempre nos lleve por el camino correcto. Opino lo mismo que tú, en una hora, aproximadamente, estaremos en el pueblo. Si te soy sincero, Murray… -Pensé que, finalmente, sí podía confiar en aquel pirata. De una forma u otra me había recordado dos de los dioses más importantes. – No recuerdo mi nombre, y espero que alguien me conozca en el pueblo. Aunque con el calor que hace aquí, no creo que lleve demasiado tiempo. Es complicado…
Mientras caminábamos hacia aquel pueblo, el cual estaba cada vez más cerca, me pareció una buena idea que, por fin, me contara algo de la historia de aquel amigo suyo tan cercano como para llamarlo hermano. De cualquier forma, habríamos andado por lo menos la mitad del camino en silencio y necesitaba romper el hielo de alguna forma y el barbanaranja parecía abierto a hablar. Podría ser útil para saber de dónde venía yo. Así que empecé a hablar, visiblemente nervioso.
Entiendo que puede ser bastante duro, pero ¿puedes contarme algo de lo que le ocurrió a ese hermano tuyo? Quizá me ayude a esclarecer varios flashes que tengo muy difusos. Entendería que no quieras, pero, creo que puede ser importante para mí saber cómo acabó.
El sol era abrasador y parecía que el aire se escapaba de nuestros pulmones, dejándonos con una sensación de ahogo continua. El sol quemaba la espalda y nos hacía encorvarnos. Apoyado en el palo y con la boca seca, llegué a la cima del sendero estrecho y árido. Dhanna, la diosa de la tierra y los bosques no se había presentado en esa isla en siglos y la única vegetación que se atisbaba eran unos pequeños matorrales que hacía mucho que habían muerto por falta de agua. Había recordado el nombre de otra deidad, en concreto, la reina de los suyos, lo cual me alegraba inmensamente. El paisaje era desolador. ¿Cuánto tiempo llevaba yo en aquella isla? No creo que hubiese aguantado más de dos o tres días. En ese momento, Murray tuvo la brillante idea de dejarle a los dioses nuestro destino, cogiendo una rama e invocando al caprichoso dios del destino, Urtike. Soltó la ramita, la cual cayó hacia el oeste. - Urtike nos ha señalado el camino correcto. - Sonreí y asentí con la cabeza. No se tomaba lo de los dioses a broma y eso me hacía relajarme y confiar un poco más en aquel extraño pirata de barba naranja. - Todo camino nace en un pueblo y va a parar a algún lugar de interés. ¿No? – Tenía razón, así que asentí y comenzamos a caminar hacia el oeste. Al cruzar un desfiladero ascendente, aproximadamente a una media hora del puente que no llegamos a cruzar, comprobamos que el camino bajaba hasta un pueblo. Murray no se había equivocado y el mar brillaba con el sol de la mañana. Parecía que nos iluminaba como si de un premio por las buenas decisiones se tratase. Me aclaré la garganta. Aunque el pueblo no estaba lejos, creo que era el momento de esclarecer si el mink de su visión era el misterioso y difunto Xas. - Mira... ornitorrinco, lo siento, es que no me has dicho tu nombre todavía, no se como llamarte. Urtike nos ha señalado el camino correcto, allí abajo está el pueblo. Apuesto mil berries a que tardaremos menos de una hora en alcanzarlo – Me cortó antes de poder hablar. Asentí y pensé que tenía razón, pero que, si apurábamos un poco el paso, llegaríamos en menos de 45 minutos. Aunque con aquel sol era complicado apurar mucho más el paso. Así que decidí rechazar la apuesta.
Urtike nos dio su favor por confiar en él, sí. Pero no debemos confiarnos de que siempre nos lleve por el camino correcto. Opino lo mismo que tú, en una hora, aproximadamente, estaremos en el pueblo. Si te soy sincero, Murray… -Pensé que, finalmente, sí podía confiar en aquel pirata. De una forma u otra me había recordado dos de los dioses más importantes. – No recuerdo mi nombre, y espero que alguien me conozca en el pueblo. Aunque con el calor que hace aquí, no creo que lleve demasiado tiempo. Es complicado…
Mientras caminábamos hacia aquel pueblo, el cual estaba cada vez más cerca, me pareció una buena idea que, por fin, me contara algo de la historia de aquel amigo suyo tan cercano como para llamarlo hermano. De cualquier forma, habríamos andado por lo menos la mitad del camino en silencio y necesitaba romper el hielo de alguna forma y el barbanaranja parecía abierto a hablar. Podría ser útil para saber de dónde venía yo. Así que empecé a hablar, visiblemente nervioso.
Entiendo que puede ser bastante duro, pero ¿puedes contarme algo de lo que le ocurrió a ese hermano tuyo? Quizá me ayude a esclarecer varios flashes que tengo muy difusos. Entendería que no quieras, pero, creo que puede ser importante para mí saber cómo acabó.
Resumen
