28-01-2026, 08:59 PM
Llegó el día. Muchos pensaron que nunca llegaría, pero si algo han demostrado este grupo de hombres llenos de sueños es que para derribarlos y destruir sus emociones se necesita más que fuerza, dolor y destrucción. Los peligros que han atravesado en esta selva creada surgida desde el mismísimo infierno los pusieron a prueba cada día que se atrevieron a sobrevivir y no permitir que el reino de los muertos los arrastre hasta sus fauces. Partieron perdiéndolo todo, absolutamente todo. Lo que parecía ser el inicio de un largo viaje se transformó en una montaña rusa de emociones cuando aquel barco que sería su vehículo terminó hecho pedazos.
Durante largos días tuvieron que arreglárselas para alimentarse, dormir y vivir un día más. Fuerza física no fue lo único necesario, sino que el poder mental fue un requisito obligatorio para no sucumbir ante la locura y tomar decisiones precipitadas que podían costarles la vida.
En un inicio, los tres sepultureros restantes (pues hubo quieres que el mar les quitó la vida y otros simplemente decidieron seguir su camino bajo otro techo) llegaron valores que distan mucho a los de hoy. Pelear y matar se volvió una filosofía que la vida se encargó de imponerles a base de golpes. A día de hoy, Kiyoshi sigue dudoso de si ese es el camino que desea seguir. Sin embargo, tiene claro que cuando es su vida y la de los suyos la que corre el riesgo, no hay tiempo para pensar en el bienestar de aquellos que se atreven a identificarse como enemigos.
Porque somos nosotros contra el mundo, y me parece justo.
El hecho de que Eros pudiera construir un barco propio utilizando todo el material recolectado, dándole una identidad a aquel navío que se encargará de guiarlos por un largo viaje, fue un soplo de aire fresco que impulsó mucho la motivación de los presentes. Al fin sentían que estaban como en casa, que pertenecían a un lugar en donde nadie los juzgaría y solo tendrían que chocar espalda con espalda para cubrirse unos con otros.
Hubo un hecho que marcó un antes y un después para Kiyoshi. La buena relación de amistad que comenzó a construir con su capitán se vio levemente mermada ante la llegada de un nuevo tripulante. Si bien es un viejo conocido que el médico respeta desde entonces y sigue siendo así hasta la actualidad, el problema radica en la función que cumple. Inicialmente, Kiyoshi le prometió a Eros convertirse en un navegante para suplir al anterior que vio su vida terminada en la llegada a Little Garden. Por consiguiente, estudió durante incontables horas aquella información que encontró en libros dentro de la embarcación de Kiroku y compañía. Pero, de un momento a otro, todo ese esfuerzo se hizo pedazos.
Desde entonces, Kiyoshi ha evitado tener charlas uno a uno con el hombre topo. Esto no significa una ley del hielo ni mucho menos, pero la decepción que sintió es un sentimiento que sigue arraigado en él hasta hoy. Probablemente se le pase en algún momento, pero un tipo tan gruñón como Kiyoshi es imposible que no se sienta de esta forma.
Mientras el resto se prepara para partir, Kiyoshi se encuentra en el interior del barco, específicamente donde duerme, revisando su querido rifle. El mismo ha sufrido una que otra abolladura debido a la frenética estadía en la isla, pero se ha encargado de dejarlo lo mejor posible. Es un recuerdo muy valioso y, por ahora, su principal medio de defensa. Descuidarlo es algo que no puede suceder. Además, el mismo proceso lo repitió con otra adquisición, o más bien, un pago recibido por cierto individuo.
Al ser una ocasión especial, se aseguró de tener su ropa perfectamente limpia, como si se hubiese vestido para una gala. Porta un traje formal que lo hace ver como alguien importante, con clase, totalmente distinto al resto. La tela llega a brillar de tanto que la talló, así que hay que darle mucho mérito. En su espalda, pareciendo un auténtico cazador, se encuentran sus dos rifles puestos en diagonal, pero en distintas direcciones, formando una equis con ambos.
Se presenta en cubierta justo al hablar Varo, no gustándole mucho la apuesta que plantea. — No seas tonto, Varo. Si llega a ocurrir algo en pleno mar, me aseguraré de lanzar a quien sea al mar de un disparo en la cabeza. Solo deseo llegar a una isla en donde podamos tener una mejor calidad de vida que en este lugar tan repugnante. — Por si ya no fuera obvio desde antes, Kiyoshi realmente odia Little Garden. Ojalá no le toque regresar jamás porque lo sufriría como ningún otro.
Ahora, avanza pasos hasta donde se encuentran los otros dos tripulantes, realizando una petición que puede estar de más, sobre todo para Eros, pero que de todas formas debe ser tomada en cuenta. — Espero que unos tontos como ustedes tengan todo bien listo. No puede ocurrir que volvamos a naufragar como cuando llegamos a esta isla. — Al terminar de hablar, da dos golpes al piso con el pie derecho, queriendo con esto que la atención de todos se centre en el suelo. — Hice mi trabajo y este lugar parece un espejo de lo limpio que está. Si nos ve otro barco, seguramente sentirá envidia. Hagan su parte también. — Qué mal genio que tiene a veces.
Y parten. Finalmente, los Piratas de la Sepultura se lanzan nuevamente al mar luego de meses, observando hacia un horizonte desconocido que desean alcanzar y conocer. Quién sabe qué nuevos peligros les esperan a nuestros protagonistas, pero de algo sí podemos estar seguros: deberán dar más que sangre, sudor y lágrimas para derribarlos.
Porque mi corazón y mi alma cargarán mi cuerpo cuando mis piernas no puedan más.
Durante largos días tuvieron que arreglárselas para alimentarse, dormir y vivir un día más. Fuerza física no fue lo único necesario, sino que el poder mental fue un requisito obligatorio para no sucumbir ante la locura y tomar decisiones precipitadas que podían costarles la vida.
En un inicio, los tres sepultureros restantes (pues hubo quieres que el mar les quitó la vida y otros simplemente decidieron seguir su camino bajo otro techo) llegaron valores que distan mucho a los de hoy. Pelear y matar se volvió una filosofía que la vida se encargó de imponerles a base de golpes. A día de hoy, Kiyoshi sigue dudoso de si ese es el camino que desea seguir. Sin embargo, tiene claro que cuando es su vida y la de los suyos la que corre el riesgo, no hay tiempo para pensar en el bienestar de aquellos que se atreven a identificarse como enemigos.
Porque somos nosotros contra el mundo, y me parece justo.
El hecho de que Eros pudiera construir un barco propio utilizando todo el material recolectado, dándole una identidad a aquel navío que se encargará de guiarlos por un largo viaje, fue un soplo de aire fresco que impulsó mucho la motivación de los presentes. Al fin sentían que estaban como en casa, que pertenecían a un lugar en donde nadie los juzgaría y solo tendrían que chocar espalda con espalda para cubrirse unos con otros.
Hubo un hecho que marcó un antes y un después para Kiyoshi. La buena relación de amistad que comenzó a construir con su capitán se vio levemente mermada ante la llegada de un nuevo tripulante. Si bien es un viejo conocido que el médico respeta desde entonces y sigue siendo así hasta la actualidad, el problema radica en la función que cumple. Inicialmente, Kiyoshi le prometió a Eros convertirse en un navegante para suplir al anterior que vio su vida terminada en la llegada a Little Garden. Por consiguiente, estudió durante incontables horas aquella información que encontró en libros dentro de la embarcación de Kiroku y compañía. Pero, de un momento a otro, todo ese esfuerzo se hizo pedazos.
Desde entonces, Kiyoshi ha evitado tener charlas uno a uno con el hombre topo. Esto no significa una ley del hielo ni mucho menos, pero la decepción que sintió es un sentimiento que sigue arraigado en él hasta hoy. Probablemente se le pase en algún momento, pero un tipo tan gruñón como Kiyoshi es imposible que no se sienta de esta forma.
Mientras el resto se prepara para partir, Kiyoshi se encuentra en el interior del barco, específicamente donde duerme, revisando su querido rifle. El mismo ha sufrido una que otra abolladura debido a la frenética estadía en la isla, pero se ha encargado de dejarlo lo mejor posible. Es un recuerdo muy valioso y, por ahora, su principal medio de defensa. Descuidarlo es algo que no puede suceder. Además, el mismo proceso lo repitió con otra adquisición, o más bien, un pago recibido por cierto individuo.
Contenido Oculto
Al ser una ocasión especial, se aseguró de tener su ropa perfectamente limpia, como si se hubiese vestido para una gala. Porta un traje formal que lo hace ver como alguien importante, con clase, totalmente distinto al resto. La tela llega a brillar de tanto que la talló, así que hay que darle mucho mérito. En su espalda, pareciendo un auténtico cazador, se encuentran sus dos rifles puestos en diagonal, pero en distintas direcciones, formando una equis con ambos.
Se presenta en cubierta justo al hablar Varo, no gustándole mucho la apuesta que plantea. — No seas tonto, Varo. Si llega a ocurrir algo en pleno mar, me aseguraré de lanzar a quien sea al mar de un disparo en la cabeza. Solo deseo llegar a una isla en donde podamos tener una mejor calidad de vida que en este lugar tan repugnante. — Por si ya no fuera obvio desde antes, Kiyoshi realmente odia Little Garden. Ojalá no le toque regresar jamás porque lo sufriría como ningún otro.
Ahora, avanza pasos hasta donde se encuentran los otros dos tripulantes, realizando una petición que puede estar de más, sobre todo para Eros, pero que de todas formas debe ser tomada en cuenta. — Espero que unos tontos como ustedes tengan todo bien listo. No puede ocurrir que volvamos a naufragar como cuando llegamos a esta isla. — Al terminar de hablar, da dos golpes al piso con el pie derecho, queriendo con esto que la atención de todos se centre en el suelo. — Hice mi trabajo y este lugar parece un espejo de lo limpio que está. Si nos ve otro barco, seguramente sentirá envidia. Hagan su parte también. — Qué mal genio que tiene a veces.
Y parten. Finalmente, los Piratas de la Sepultura se lanzan nuevamente al mar luego de meses, observando hacia un horizonte desconocido que desean alcanzar y conocer. Quién sabe qué nuevos peligros les esperan a nuestros protagonistas, pero de algo sí podemos estar seguros: deberán dar más que sangre, sudor y lágrimas para derribarlos.
Porque mi corazón y mi alma cargarán mi cuerpo cuando mis piernas no puedan más.
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