La Crux de ayuda [AV. T3- Presente Relativo]
#25
En una pelea pueden suceder muchas cosas, cuando dos combatientes conscientes se enfrentan, entran en juego factores que pueden medirse o al menos anticiparse, técnicas, experiencia, fuerza, velocidad, resistencia. Todo parece seguir una lógica reconocible, sin embargo, en la jungla esa lógica se diluye. Allí, las reglas cambian y la supervivencia no responde a cálculos precisos. Una simple hormiga puede acabar con un hombre, del mismo modo que dos mink pueden diezmar a un centenar de chimpancés prehistóricos armados. En Little Garden, la vida no premia al más fuerte ni al más numeroso, sino a quien logra adaptarse y, a veces, simplemente se permite ser cruelmente irónica.

Digno de un auténtico guerrero de la tribu mink, Kibai fue el primero en lanzarse contra la horda de simios. En ese punto, ya no parecía un marine que luchara bajo el estandarte de la justicia; era una bestia más de Little Garden, tan salvaje y despiadada como las criaturas que la habitaban. Su figura se movía entre los chimpancés prehistóricos con una ferocidad absoluta, tajando y desgarrando su piel como si no fuera más resistente que mantequilla caliente. Garras, colmillos y acero trabajaban al unísono en una danza sangrienta, donde cada movimiento era letal y no había espacio para la compasión. Tan rápido como comenzó aquella masacre, terminó: cincuenta simios yacían sin vida, abatidos de la forma más brutal posible, mientras Kibai permanecía en pie, cubierto de sangre, respirando como un depredador que aún no había saciado del todo su instinto.

Del otro lado del claro, los cincuenta simios restantes vacilaron. Habían sido testigos de cómo uno de aquellos hombres uniformados había aniquilado a la mitad de su grupo en cuestión de instantes, una demostración de violencia que incluso para criaturas nacidas en la brutalidad resultaba antinatural. Sin embargo, la duda no fue suficiente para apagar lo que ardía en su interior. La furia seguía allí, tan primaria como la sangre que corría por la tierra, y por encima de todo estaba su instinto más profundo, proteger a su líder, salvaguardar a su comunidad, defender aquello que les daba sentido como grupo. Con gritos ásperos y cuerpos lanzándose sin orden, se abalanzaron sobre Moja, quien ya había iniciado su propio avance. El enfrentamiento fue breve y devastador. Uno a uno, los simios cayeron, hasta que la última resistencia fue silenciada entre golpes, cortes y el caos de la jungla rota. Cien simios. Una comunidad entera, sostenida por la presencia del Gigantopithecus, había sido borrada en cuestión de minutos por dos intrusos que nunca debieron poner un pie en Little Garden. La isla, testigo muda de la masacre, absorbía la sangre sin emitir juicio alguno, recordando que en ese lugar la supervivencia no entiende de justicia, solo de consecuencias.

Pero nada termina realmente ahí. En medio del asalto final y la caída de la horda, ambos marines también habían descargado su violencia sobre el simio gigante, acumulando un daño que resultó abrumador incluso para una criatura de su tamaño y antigüedad. Tal vez no fue un golpe que acabara con su vida de inmediato, pero sí algo mucho más profundo, quebró su espíritu. Cada impacto se sumó al anterior, las heridas abiertas sangraban sin tregua y el peso del cansancio comenzaba a arrastrar su enorme cuerpo hacia el suelo. Aun así, lo más devastador no fueron los golpes ni el dolor físico. Fue la pérdida, donde antes había movimiento, voces y una comunidad entera que respondía a su presencia, ahora solo quedaban cuerpos inmóviles y silencio. Para una bestia nacida en la brutalidad de Little Garden, aquello era una derrota imposible de ignorar. El Gigantopithecus permanecía en pie únicamente por inercia, sostenido por un instinto que ya no encontraba razón para seguir luchando, incluso en un animal salvaje, hay límites que, una vez cruzados, no permiten continuar.

Y cuando todo parecía encaminarse a un final inevitable, la isla aún tenía algo que decir. Desde la espesura, rompiendo la quietud con un estruendo de ramas y tierra arrancada, un triceratops emergió a una velocidad absurda para una criatura de su tamaño. Su embestida fue directa y brutal, clavando uno de sus cuernos en las extremidades del simio gigante con una estocada baja que sacudió el suelo. El impacto fue suficiente para quebrar el equilibrio del Gigantopithecus, que estuvo a un instante de caer de rodillas, salvándose únicamente al aferrarse con desesperación a un árbol seco que crujió bajo su peso. El coloso ya no era la amenaza de antes, su cuerpo estaba cubierto de cortes profundos, la piel abierta y manchada de sangre, el rostro deformado por la hinchazón causada por las picaduras y el castigo acumulado. Sus ojos, apagados y pesados, apenas lograban mantenerse abiertos, traicionados por el agotamiento y el dolor. El árbol al que se sujetaba terminó cediendo, y con él, la última resistencia del gigante. Finalmente, el enorme cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, levantando polvo y hojas, inmóvil. La pelea reclamaba lo suyo, la criatura ancestral había caído, no con gloria ni furia, sino como caen incluso los más grandes cuando la isla decide que su tiempo ha terminado.

[Imagen: 8szyYv3.jpeg]

El triceratops se aproximó con una calma casi solemne hasta quedar a poca distancia de Moja. No había agresividad en su postura, ni tensión en su cuerpo macizo, solo una paciencia extraña, impropia de una bestia prehistórica, sus grandes ojos oscuros se posaron primero en el marine, luego se desviaron hacia un sendero apenas visible que se abría más allá del claro, entre la maleza aplastada y los árboles antiguos, como si señalara un camino que debía ser seguido. El gesto se repitió más de una vez. Mirada a Moja, mirada al sendero. No hacía falta comprender palabras para entender la intención, no era una advertencia ni una amenaza, sino un acto de reconocimiento, aquel dinosaurio no era un desconocido, era el mismo que había sido liberado horas atrás, el que había recuperado su libertad gracias a una decisión tomada en medio del caos. Ahora, en silencio, parecía devolver el favor a su manera, incluso las criaturas más antiguas recordaban y algunas de ellas sabían cómo saldar sus deudas.

[Imagen: i4g2h0D.png]

Infobox


Mensajes en este tema
RE: La Crux de ayuda [AV. T3- Presente Relativo] - por Tensui Marlin - 29-01-2026, 03:55 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)