Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#11
A pesar de la demostración incómoda de miedo por parte de los marines del buque, y de las palabras intercambiadas por la División 93, el prisionero se mantuvo en absoluto silencio, con la cabeza baja, avanzando sin oponer resistencia, llevado de un lugar a otro como un perro sujeto por una correa. A simple vista, no imponía respeto ni temor. Era un hombre delgado, de aspecto descuidado, con la ropa gastada y el cuerpo marcado por el paso del tiempo más que por la violencia. Para cualquiera que lo observara sin contexto, la escena parecía una injusticia, no un traslado de un criminal peligroso, sino el de un pobre hombre sometido por una fuerza desproporcionada.

Los murmullos comenzaron a surgir entre la gente del puerto, pescadores, comerciantes y curiosos detenían sus labores por un instante, observando con ceños fruncidos y miradas cargadas de duda. Algunos susurraban palabras incomprensibles, otros negaban con la cabeza, incapaces de entender por qué alguien así merecía un despliegue tan severo, nadie sabía quién era realmente aquel hombre y, aun así, la incomodidad crecía con cada paso que daba sobre el muelle, pero eso daba igual, pronto la división, junto al prisionero llegaron al camino que debían seguir para llegar al puerto indicado.

El bosque parecía tranquilo a simple vista, bañado por una calma espesa que envolvía cada tronco y cada hoja. Sin embargo, en ciertos momentos surgía una sensación incómoda, casi instintiva, como si la propia jungla estuviera observando cada movimiento, la quietud no era absoluta, era una quietud expectante. Para alguien como Akira, ya familiarizado con aquella isla en todo su esplendor, resultaba evidente que esa tranquilidad era engañosa, aunque el entorno daba la impresión de que no había nadie más alrededor, la realidad era distinta, no estaban completamente solos. Entre la vegetación se escuchaban ramas quebrándose sin que nadie pudiera señalar su origen. En ocasiones, el sonido sordo de un árbol hueco resonaba a lo lejos, amplificado por la humedad del bosque, otras veces, se percibían pasos, lentos y medidos, que parecían acercarse desde algún punto indeterminado solo para desaparecer antes de hacerse visibles.

Tal vez se tratara de algún animal siguiendo el avance del grupo, oculto entre las sombras y el follaje o quizá algo más, algo que conocía bien aquellos senderos y prefería mantenerse fuera de la vista. El bosque de Baterilla no atacaba ni se mostraba hostil, pero dejaba claro, con cada sonido y cada crujido, que no era un lugar vacío, y que cada paso estaba siendo acompañado por presencias invisibles. De pronto, desde un punto ciego entre la maleza, algo surcó el aire con un silbido seco, no fue más que una piedra, apenas del tamaño de un borrador de lápiz, pero el impacto fue abrumador. La roca se estrelló contra el suelo justo frente a Enji, a escasos centímetros de donde avanzaba llevando encadenado al ex sargento. El golpe levantó tierra húmeda y pequeñas astillas de roca, dejando una marca clara en el sendero. No fue un lanzamiento torpe ni accidental, la fuerza detrás de aquel proyectil era demasiado precisa, demasiado medida. La piedra no rebotó sin más, sino que se incrustó, como si quien la hubiera arrojado conociera exactamente cuánto poder aplicar.

El bosque volvió a quedarse en silencio por un momento, ni un grito, ni una advertencia, ni una figura revelándose entre los árboles, solo el eco breve del impacto y la sensación inequívoca de que aquello no parecía haber sido obra de un animal. Alguien o algo había calculado la distancia, el ángulo y el momento exacto para hacerse notar sin mostrarse. La jungla, hasta entonces inquietante, acababa de dejar claro que la escolta ya no avanzaba sin ser desafiada.

El hombre, que hasta ese momento había permanecido en silencio absoluto, sin alzar el rostro ni una sola vez, reaccionó por primera vez. Sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa extraña, fuera de lugar en medio de la tensión, no era una sonrisa nerviosa ni burlona, sino una cargada de reconocimiento, como si supiera exactamente qué había ocurrido o quién lo había provocado, entonces un sonido seco y violento quebró el aire, a la derecha del grupo, un árbol de buen tamaño cedió de golpe, partiéndose con un crujido brutal antes de desplomarse entre la maleza, como si algo invisible lo hubiese golpeado con una fuerza descomunal. El impacto sacudió el suelo y levantó hojas, polvo y fragmentos de corteza y no hubo tiempo para identificar el origen del ataque.

Y entonces, en un parpadeo, ocurrió , sin que nadie pudiera precisar cuándo ni cómo, apareció detrás del prisionero. Justo entre su espalda y sus hombros, aferrado a él con brazos y piernas, había un mono, su cuerpo era compacto y fibroso, de pelaje oscuro y áspero, con ojos brillantes que reflejaban una inteligencia inquietante, se mantenía inmóvil, abrazando al ex sargento como si aquel fuera su lugar natural, nadie lo había visto llegar, nadie había escuchado un salto. El contraste era perturbador, el prisionero, aún encadenado, permanecía erguido y tranquilo, mientras aquella criatura se aferraba a él sin mostrar miedo alguno a los marines ni a las armas. La sonrisa del hombre se ensanchó apenas, cargada ahora de algo más oscuro, algo que no encajaba con la imagen de indefensión que había proyectado hasta entonces.

[Imagen: f72IzcE.png]

Por primera vez desde su captura, habló, su voz fue baja, seca, casi afectuosa. —Gorgie.— El nombre flotó en el aire como una sentencia, el mono ladeó ligeramente la cabeza, sin apartarse de él, mientras el bosque parecía guardar silencio una vez más, no por calma, sino por expectativa.

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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Tensui Marlin - 29-01-2026, 04:55 AM

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