29-01-2026, 06:56 PM
Esperando una respuesta por parte del invasor, seguí estático sobre el montón de arena que le envolvía, admirando el horizonte con la calma que me caracteriza y estando a gusto bajo la luz del sol. — Hace un buen día, ¿verdad? — seguí hablando, balanceando mi pie izquierdo que colgaba en el aire al haber cruzado mi pierna zurda por encima de mi diestra. — o hacía... con lo a gusto que estaba yo en mi tranquilidad. — Seguía esperando, sin embargo no oía nada. — ¿Vas a responder mis preguntas, o acaso piensas que soy un monstruo?. El reloj sigue contando, ¿me sigues?.
Tras ello observé el navío con el que este grupo de individuos nos atacaron y con el que pensaban que podrían arribar a la isla. Le daba vueltas a la cabeza pensando en qué podría hacer con él una vez terminase de limpiar la costa, ya que tenerlo ahí flotando en nuestras aguas con una bandera pirata no creo que le hiciese gracia a mis compañeros. Por otro lado el barco no era la gran cosa comparado a nuestra estrella, O Redentor. Ya no sólo nuestro barco era más impresionante, sino que además lucía más estilo y era más festivo que cualquier barco. Irradiaba personalidad y no tenía sentido cambiarlo para quedarnos con ese.
Con mis compañeros en mi mente, hice aparecer mi mochila con mis bártulos a través de mi pecho arenoso. Lo dejé caer a un lado del montículo de arena y seguí esperando, ya que podrían llamarme en cualquier momento. Mi invitado seguía sin responderme. Ni quién era, ni si trabajaba para alguien, ni por qué estaba allí, ni qué tenían pensado hacer con la isla, ni lo más importante: por qué osaron interrumpir mi descanso con un racimo de cañonazos. — Veo que eres de pocas palabras, está bien, no todos podéis tener la buena actitud y la alegría de los hijos de Samba... sin embargo te daré una segunda oportunidad. Dime tu nombre y anímate a cantar algo. Yo empiezo con la primera estrofa y tú sigues con la segunda. — No tenía prisa, ni tenía pensado irme a ningún lado, así que me aclaré la voz y comencé a entonar. — É que eu quería muito ela, ela não me dava atenção. Fiz de tudo por ela pra manter uma relação e hoje nós nem conversa, tô decidido e não é á toa que eu me joguei no Mandela. Foi que eu me joguei pro Mandela... — Tras cantar la primera estrofa, comencé a hacer un ritmo de funk carioca con la boca para darle paso al pirata. Se encontraba en un problema, el abrazo de mi arena seguía envolviéndole por completo, manteniendo la presa sobre él.
Tras ello observé el navío con el que este grupo de individuos nos atacaron y con el que pensaban que podrían arribar a la isla. Le daba vueltas a la cabeza pensando en qué podría hacer con él una vez terminase de limpiar la costa, ya que tenerlo ahí flotando en nuestras aguas con una bandera pirata no creo que le hiciese gracia a mis compañeros. Por otro lado el barco no era la gran cosa comparado a nuestra estrella, O Redentor. Ya no sólo nuestro barco era más impresionante, sino que además lucía más estilo y era más festivo que cualquier barco. Irradiaba personalidad y no tenía sentido cambiarlo para quedarnos con ese.
Con mis compañeros en mi mente, hice aparecer mi mochila con mis bártulos a través de mi pecho arenoso. Lo dejé caer a un lado del montículo de arena y seguí esperando, ya que podrían llamarme en cualquier momento. Mi invitado seguía sin responderme. Ni quién era, ni si trabajaba para alguien, ni por qué estaba allí, ni qué tenían pensado hacer con la isla, ni lo más importante: por qué osaron interrumpir mi descanso con un racimo de cañonazos. — Veo que eres de pocas palabras, está bien, no todos podéis tener la buena actitud y la alegría de los hijos de Samba... sin embargo te daré una segunda oportunidad. Dime tu nombre y anímate a cantar algo. Yo empiezo con la primera estrofa y tú sigues con la segunda. — No tenía prisa, ni tenía pensado irme a ningún lado, así que me aclaré la voz y comencé a entonar. — É que eu quería muito ela, ela não me dava atenção. Fiz de tudo por ela pra manter uma relação e hoje nós nem conversa, tô decidido e não é á toa que eu me joguei no Mandela. Foi que eu me joguei pro Mandela... — Tras cantar la primera estrofa, comencé a hacer un ritmo de funk carioca con la boca para darle paso al pirata. Se encontraba en un problema, el abrazo de mi arena seguía envolviéndole por completo, manteniendo la presa sobre él.
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