30-01-2026, 01:21 AM
Ohmmm…
Ahora mismo desea sentarse en posición digna de alguien que ansía meditar. Es ese extraño peso de realidad lo que hace que ella, como miembro del cuerpo de marines, mantenga la tranquilidad y el porte en medio de las circunstancias más adversas. Si algo tiene que elogiar de sí misma, es que en verdad tiene una paciencia titánica y una manera extraña de ver las cosas. Sí. Es verdad que quiere hundir la cabeza de Hasegawa en el barreño más cercano y que allí se quede, pero no va a hacer eso.
—Usted, Hasegawa, sí que es temerario.
¿Por qué le hablas así a mi amiga? ¿Qué no ves que va a usar esos melones que dejaste momentos atrás como nueva decoración para tu cabeza?
Hae-won respira una vez, dos, tres, cuatro. Solo mantiene la tranquilidad teniendo en cuenta que están en un lugar público atrayendo miradas extrañas en su dirección.
Mantiene la civilidad por esa extraña manera que tiene de ser. No puede decir demasiado. No cuando tiene que lidiar con dos chiquillos de parvulario. Sin embargo, no puede quejarse de ninguno de ellos por simples razones: Dravenia es su mejor amiga y siempre ha tenido forma de detectar a las personas extrañas; Shin es un compañero de trabajo al que acaba de conocer, pero su apellido tiene un peso simbólico importante para la propia Hae-won al ser su familia la que le inspiró a seguir ese camino.
Sin los Hasegawa, ella no habría podido conocer a Dravenia. Sin Dravenia, no podría reírse internamente de la situación que está viviendo con Shin. Sin los dos, Hae-won no estaría tan extrañamente relajada ahora mismo. Supone, entonces, que es un buen día porque, justamente, puede compartir un espacio común con este par... Aunque parece que se van a matar en cualquier momento.
—Oiga —No me trate de loca, iba a decir, pero prefiere calmarse—... Hmmmm… Olvídelo. Ya que se ofrece a pagar, entonces iremos a ese puesto de comida.
Porque en sí, no quiere tomar ningún tipo de mala represalia contra nadie. Se lleva ambos brazos a la espalda y mira con más ilusión el cielo claro del mediodía. Luego de eso, se acerca a su amiga para tomarla del brazo y sostenerse un poquito de ella, como la hermana menor que siempre es, entre las dos.
—En lo que a mí respecta, me gusta transitar estos parajes, porque aquí sí se puede encontrar un poco más de trabajo, en el buen sentido —No quiere decir que estas sean zonas conflictivas o peligrosas—. Es bueno ver a los civiles de aquí para allá, trabajando en este tipo de entornos. Una persona aprende mucho de ellos cuando se detiene a observar en detalles.
Además, es en ese tipo de lugares donde Hae-won pasó gran parte de su adolescencia hasta ingresar a la marina. Desde que enterró a sus padres en el fango de la deshonra por sus crímenes, Choi no tuvo demasiado para comenzar, así que pulió sus habilidades lo mejor que pudo en lugares que se veían así, como esos en los que ahora transita.
—¿Y usted? —No, no dirá nada del nuevo apodo que ese hombre le puso, porque ChoiChoi le es tan ajeno como divertido—. ¿Por qué le gusta patrullar por estos lugares?
Ahora mismo desea sentarse en posición digna de alguien que ansía meditar. Es ese extraño peso de realidad lo que hace que ella, como miembro del cuerpo de marines, mantenga la tranquilidad y el porte en medio de las circunstancias más adversas. Si algo tiene que elogiar de sí misma, es que en verdad tiene una paciencia titánica y una manera extraña de ver las cosas. Sí. Es verdad que quiere hundir la cabeza de Hasegawa en el barreño más cercano y que allí se quede, pero no va a hacer eso.
—Usted, Hasegawa, sí que es temerario.
¿Por qué le hablas así a mi amiga? ¿Qué no ves que va a usar esos melones que dejaste momentos atrás como nueva decoración para tu cabeza?
Hae-won respira una vez, dos, tres, cuatro. Solo mantiene la tranquilidad teniendo en cuenta que están en un lugar público atrayendo miradas extrañas en su dirección.
Mantiene la civilidad por esa extraña manera que tiene de ser. No puede decir demasiado. No cuando tiene que lidiar con dos chiquillos de parvulario. Sin embargo, no puede quejarse de ninguno de ellos por simples razones: Dravenia es su mejor amiga y siempre ha tenido forma de detectar a las personas extrañas; Shin es un compañero de trabajo al que acaba de conocer, pero su apellido tiene un peso simbólico importante para la propia Hae-won al ser su familia la que le inspiró a seguir ese camino.
Sin los Hasegawa, ella no habría podido conocer a Dravenia. Sin Dravenia, no podría reírse internamente de la situación que está viviendo con Shin. Sin los dos, Hae-won no estaría tan extrañamente relajada ahora mismo. Supone, entonces, que es un buen día porque, justamente, puede compartir un espacio común con este par... Aunque parece que se van a matar en cualquier momento.
—Oiga —No me trate de loca, iba a decir, pero prefiere calmarse—... Hmmmm… Olvídelo. Ya que se ofrece a pagar, entonces iremos a ese puesto de comida.
Porque en sí, no quiere tomar ningún tipo de mala represalia contra nadie. Se lleva ambos brazos a la espalda y mira con más ilusión el cielo claro del mediodía. Luego de eso, se acerca a su amiga para tomarla del brazo y sostenerse un poquito de ella, como la hermana menor que siempre es, entre las dos.
—En lo que a mí respecta, me gusta transitar estos parajes, porque aquí sí se puede encontrar un poco más de trabajo, en el buen sentido —No quiere decir que estas sean zonas conflictivas o peligrosas—. Es bueno ver a los civiles de aquí para allá, trabajando en este tipo de entornos. Una persona aprende mucho de ellos cuando se detiene a observar en detalles.
Además, es en ese tipo de lugares donde Hae-won pasó gran parte de su adolescencia hasta ingresar a la marina. Desde que enterró a sus padres en el fango de la deshonra por sus crímenes, Choi no tuvo demasiado para comenzar, así que pulió sus habilidades lo mejor que pudo en lugares que se veían así, como esos en los que ahora transita.
—¿Y usted? —No, no dirá nada del nuevo apodo que ese hombre le puso, porque ChoiChoi le es tan ajeno como divertido—. ¿Por qué le gusta patrullar por estos lugares?
