30-01-2026, 01:56 AM
(Última modificación: 30-01-2026, 12:08 PM por Lana.
Razón: No se entendía algo q escribí, saludos
)
Salsita no es una isla lujosa ni silenciosa, es invierno, pero para nada hostil, el aire es fresco, pero no del todo frío como para apagar los movimientos del cuerpo. Con solo tomar alcohol hace que la temperatura suba rápido. Es uno de los grandes lugares donde no importa trabajar, no se habla de esos temas, la mente de la gente está distraída, apagada en otras cosas mucho más divertidas y eso era algo que me gustaba de Salsita, esta isla con tanta gente loca, que yo ni siquiera resaltaba, parecía ser parte del lugar, a nadie le importa si me ven con el atuendo de monja y aparte tomando de una botella de vidrio recién abierta, todos miraban lo que les llamase más la atención, y aquí en los ojos de aquellos pueblerinos de Salsita es que soy casi una don nadie.
Literalmente soy una casi don nadie, no tengo trabajo, ninguno, y lo de ser monja es una gran mentira, pero cuando digo “casi” don nadie, es que para las monjas de la iglesia de Salsita si soy alguien a quien le pide hacer pequeñas tareas, como limpiar los pasillos extensos de la iglesia, o barrer las hojas de los jardines, o salir a las calles a repartir frutas a los más vagos, o vendérselas… he ganado más monedas vendiendo que regalando las frutas a los vagos… digo… necesitados… Eso. Nunca me ha gustado tratar a las personas, porque la mayoría pide demasiado… y yo no tengo nada que cambiar, nada que dar.
Una monja de mi edad o un poco mayor, se acercó para darme una nueva tarea, esas tareas son para hacerme cambiar de actitud… porque para ellas el comer flores está muy mal, el caminar desnuda por los jardines le parece para nada normal, me preguntan también por qué me encuentran con la ropa rasgada o por qué perdí tanto dinero de las donaciones de la iglesia, muchísimas cosas les molesta de mi y aunque les digo que fácilmente podrían dejarme ir… ellas prefieren que me quede. Claro… que me quede encerrada en medio de las frías paredes hechas de rocas, donde con suerte puedo apreciar el cielo estrellado cada noche en medio del silencio, porque dentro… el ruido del exterior desaparece.
Pero mi tarea de ahora es salir a buscar a una monja de edad que también se escapo de la iglesia. Entonces una de las monjas acudió a mi para pedirme si podía por favor buscarla, que no la han pasado días y que a mi no me da miedo salir a esas calles cochinas, y no me quedó otra que aceptarlo. Me despedí de la monja con un beso en la boca, algo común que las monjas de aqui hacen… salí con la túnica blanca y con la cuestión de tela sobre en la cabeza. Amado toda tapada sí da mucho calor, sin embargo, me mantenía de alguna forma… fresca, protegiéndome la piel de… de todo lo que había en la isla Salsita.
Bajé por las calles, mis ojos recorrían cada centímetro, cada rincón, cada físico y apariencia de las personas que caminaban al rededor, sin embargo.. no había señales de aquella mujerzuela. ¿Así es como las demas monjas se la pasan buscandome a mi? Por un momento quería pasar a tomar, cuando entro a uno de esos lugares donde hay bebidas, veo a un tipo… soltarse de un anciano de cabello blanco (Hasegawa) y lo veo chocar con todos los que tiene delante… y luego vuelvo la vista a ese anciano de cabello blanco (Hasegawa) que me hizo querer tomar con más ganas.
—Miauu, ¿qué tal señor? , ¿como estuvo esa pelea?, ¿practicando?— Saludo al de cabello blanco y me acerco a pedir un trago en la barra y me siento en uno de las sillas con acolchado, asi no me duele el trasero —Hola, quiero un trago, por favor, uno fuerte, muy fuerte, como ese anciano que agarro al otro. Miau— Aquel que preparaba la bebida no dijo nada, solo siguió haciendo lo suyo, lavando el baso, luego secándolo y finalmente sirviendo el liquido dentro. Me deja el vaso frente a mi y cuando lo tomo lo levanto a él, como agradecimiento y le lanzo un besito —Muack—. Lista… doy un sorbito. —Miauuu esto está muy bueno… Tengo una idea… ¡Por favor! Denle este mismo trago al anciano, para que recupere fuerzas, porque a mi ya lo hizo. Wow—. Dije arrugando la nariz.
Literalmente soy una casi don nadie, no tengo trabajo, ninguno, y lo de ser monja es una gran mentira, pero cuando digo “casi” don nadie, es que para las monjas de la iglesia de Salsita si soy alguien a quien le pide hacer pequeñas tareas, como limpiar los pasillos extensos de la iglesia, o barrer las hojas de los jardines, o salir a las calles a repartir frutas a los más vagos, o vendérselas… he ganado más monedas vendiendo que regalando las frutas a los vagos… digo… necesitados… Eso. Nunca me ha gustado tratar a las personas, porque la mayoría pide demasiado… y yo no tengo nada que cambiar, nada que dar.
Una monja de mi edad o un poco mayor, se acercó para darme una nueva tarea, esas tareas son para hacerme cambiar de actitud… porque para ellas el comer flores está muy mal, el caminar desnuda por los jardines le parece para nada normal, me preguntan también por qué me encuentran con la ropa rasgada o por qué perdí tanto dinero de las donaciones de la iglesia, muchísimas cosas les molesta de mi y aunque les digo que fácilmente podrían dejarme ir… ellas prefieren que me quede. Claro… que me quede encerrada en medio de las frías paredes hechas de rocas, donde con suerte puedo apreciar el cielo estrellado cada noche en medio del silencio, porque dentro… el ruido del exterior desaparece.
Pero mi tarea de ahora es salir a buscar a una monja de edad que también se escapo de la iglesia. Entonces una de las monjas acudió a mi para pedirme si podía por favor buscarla, que no la han pasado días y que a mi no me da miedo salir a esas calles cochinas, y no me quedó otra que aceptarlo. Me despedí de la monja con un beso en la boca, algo común que las monjas de aqui hacen… salí con la túnica blanca y con la cuestión de tela sobre en la cabeza. Amado toda tapada sí da mucho calor, sin embargo, me mantenía de alguna forma… fresca, protegiéndome la piel de… de todo lo que había en la isla Salsita.
Bajé por las calles, mis ojos recorrían cada centímetro, cada rincón, cada físico y apariencia de las personas que caminaban al rededor, sin embargo.. no había señales de aquella mujerzuela. ¿Así es como las demas monjas se la pasan buscandome a mi? Por un momento quería pasar a tomar, cuando entro a uno de esos lugares donde hay bebidas, veo a un tipo… soltarse de un anciano de cabello blanco (Hasegawa) y lo veo chocar con todos los que tiene delante… y luego vuelvo la vista a ese anciano de cabello blanco (Hasegawa) que me hizo querer tomar con más ganas.
—Miauu, ¿qué tal señor? , ¿como estuvo esa pelea?, ¿practicando?— Saludo al de cabello blanco y me acerco a pedir un trago en la barra y me siento en uno de las sillas con acolchado, asi no me duele el trasero —Hola, quiero un trago, por favor, uno fuerte, muy fuerte, como ese anciano que agarro al otro. Miau— Aquel que preparaba la bebida no dijo nada, solo siguió haciendo lo suyo, lavando el baso, luego secándolo y finalmente sirviendo el liquido dentro. Me deja el vaso frente a mi y cuando lo tomo lo levanto a él, como agradecimiento y le lanzo un besito —Muack—. Lista… doy un sorbito. —Miauuu esto está muy bueno… Tengo una idea… ¡Por favor! Denle este mismo trago al anciano, para que recupere fuerzas, porque a mi ya lo hizo. Wow—. Dije arrugando la nariz.
