La música que nos une [Pasado][Privado]
#1


2 de Invierno, Año 16
Al atardecer
Reino de Samba, South Blue







Son muchas las tardes de invierno que se ven grises, apagadas, escondidas entre la blanca neblina y tapados cielos sin brillo. Más no ésta. La tarde había caído teñida de melancolía, no una triste, sino esa que es llena de calma, sosiego, esa melancolía que no carga, libera. El deseo estuvo siempre en el corazón del pelinegro, la idea estaba materializandose por fin... ¿Cuánto era la tierra de uno? ¿Hasta dónde llegaban los mares? ¿El cielo se veía igual en cada lugar?... No podía ir contra su naturaleza que le empujaba a aventurarse y descubrir que había más allá ¿Y luego? Ver que hay más allá, o ir donde su tripa le dijera, siempre había sido igual, no podía cambiar... Pero sí empezar a moverse por sus deseo, nunca pudo ir en contra de lo que quería hacer.
El cielo de la tarde desmechado entre tonos azulados y anaranjados era el beso del chef en toda la obra, por eso Cill había elegido una mesa al exterior para tomar un trago de licor. En la mesa, modesta, solo la botella, su vaso, y un cenicero apenas cargado de cenizas. Mientras su vista se perdía en el horizonte, disfrutando del cielo, entre los dedos índice y corazón de su diestra, un cigarro a medio fumar consumiendose lentamente. Sus ojos, por momentos enfocaban en su mano derecha, mirando el cigarro, con una sonrisa en su rostro.

~ Cigarros... ¿Piratas del cigarro? ~ divagaba en su cabeza mientras observaba el escenario, su cigarro, y la idea de un nombre, de un emblema, una identidad... Con la cuál entregarse a su deseo de ir a lo desconocido. Pero su cabeza se ladeó a un lado, no convencido por ese nombre. ~ No, no suena tan bien... ~ se convencía dejando salir el humo por ambas fosas nasales. Sorbió el último trago, mientras se incorporaba y empezó a caminar. Sí, se estaba yendo sin pagar, no solía pensar en ello, solo hacía lo que tenía ganas, a veces si lo recordaba y pagaba sus cuentas, pero no, este no era ni el día ni la ocasión, empezó su marcha sin más, satisfecho, con una sonrisa mientras terminaba su cigarro y arrojaba la colilla para esconder sus manos en los bolsillos mientras andaba.

Por momentos, se perdió en la multitud, la tarde invitaba a la gente a salir de sus casa, recorrer las calles, ir a los mercados, buscae donde pasear, en la bahía, en el centro, la plaza del pueblo... En el ambiente se sentía una paz sepulcral, la tranquilidad era absoluta, o quizás el joven aventurero estaba muy ensimismado en sus propios pensamientos, pero el ruido ajeno a su interior se oía lejano, enmudecido, pasando desapercibido, como si solo estuviera él en ese plano de existencia ajeno a esa dimensión. Mientas caminaba, su cuerpo reaccionaba por instinto, se movía solo evitando los cuerpos delante que se le cruzaban al pasearse por las calles, mientras sus pasos le conducían a la plaza, donde se encontraba una feria, un pequeño festival local, donde la gente se juntaba, compartían comida, bebida, compraban y vendían todo tipo de artesanías, telas, y demás.

Sin darse cuenta, había llegado a la plaza, donde se agolpaba la gente, luces colgaban por sobre las cabezas de la gente como guirnaldas sobre los cables elegantemente arqueados en el aire. Podía escucharse el bullicio, risas, ruido de música, vasos, verse gente danzando, bebiendo y festejando alegremente. Sin haber reparado en cómo, el espadachín había terminado en medio de todo eso, y le invadió una sonrisa, ese día no hacía falta más... Se sintió un tanto asfixiado entre medio de la multitud y quería fumar un cigarro... Así que se alejó un poco del tumulto, aún en la plaza, para ir a descansar un poco de la multitud. Sus ojos habían visto una glorieta elevada sobre unos escalones, adornada de hierbas colgantes, y se acercó allí, se veía un lugar apacible. Era pequeña, sin robar protagonismo en la plaza... La gente iba y venía frente a esta, ninguna se detenía realmente. Al acercarse... No pudo comprender realmente el porque... Sus ojos brillaron con fulgor, una sonrisa llena de brillo se dibujó en el rostro, como si aquella melodía hubiera puesto en marcha un viejo mecanismo que llevaba frenado hace mucho tiempo...

Esa melodía...

...







Aquella melodía caló profundo en el pelinegro, que la conocía a la perfección.. No tenía dudas, la emoción era latente, y a medida que se acercaba, la melodía que desprendía el violín inundaba el aire, haciendo eco en la mente del pirata. Se acercó sonriente hasta estar frente a la glorieta observando aquel hermoso concierto. Al estar allí simplemente se sentó sonriente en el suelo entrecruzando sus piernas, sonriente, dando pequeños meneos con su cabeza siguiendo la melodía. La gente pasaba como si nada, no reparaban en aquella canción que alegraba el corazón de Cill. Era como ver una fotografía desenfocada por el movimiento donde solo podía verse nitidamente aquella glorieta y a Cill sentado frente a esta viendo aquella violinista performar su acto. Disfrutando... Era irrelevante si el oído ajeno no era lo suficientemente sensible para apreciar tal canción o quizás era porque sabían que era una antigua canción muy ligada al espíritu pirata... Daba igual... La música hacía su magia... Solo pudo disfrutar en silencio.

Al acabar la pieza, ese mismo instante siguiente de silencio, entre el ruido alrededor, los aplausos de Cill aún sentado y con una amplia sonrisa y risas por medio aplaudiendo, maravillado. —Eso fué excelente— espetó sin vergüenza dándole voz a su sentir —¿Podrías continuar?— pidió sonriente, inocente, sonriendo, disfrutando aquel momento que parecía detener lo demás. No se le ocurría nada mejor que poder continuar disfrutando de aquel momento.
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La música que nos une [Pasado][Privado] - por Cill Blinton - 30-01-2026, 10:01 PM

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