30-01-2026, 10:21 PM
Insurrecto, rebelde y cabezota, por supuesto que tras enterarse de la incursión, Hasegawa decidió que iba a participar aún y si el consejo general fue que no hacía falta la marcha de todos hacia la Isla Baterilla, porque no se explicaba una manera lógica de separar a la División al menos desde su impulso más sobreprotector, de cierta forma los veía a todos hacia abajo, quizás por exceso de confianza o mismamente un ego desconsiderado con las habilidades de otros.
Era el precio de un poder creciente, aspecto que todavía no terminaba de asimilar.
Por ello ya se encontraba en el barco, y es más, en su camarote. Aunque algunas personas tenían quejas sobre esa afirmación, sólo que un durmiente Hasegawa no se había dado cuenta de ello, y no fue hasta unos minutos después de la irrupción que percibió el elemento disonante en la escena.
Una mujer, casi anciana, uniformada como si fuese parte del personal de limpieza en el crucero comercial. Lo mira, con parpadeos varios, ampliamente sorprendida, algo que Shin responde de la misma forma, aunque algo más confuso desde la cama, pues acababa de despertar. El silencio se rompe con un grito abrupto del albino, que es respondido con otro igual de alto por parte de la trabajadora.
—¿¡Qué hace usted aquí, anciana pervertida!? —recogido sobre una esquina de la habitación, la señala, acusativo.
—¡Eso debería preguntarle yo, jovencito inapropiado! —ella también extendió el dedo índice hacia el marine, aunque Shin ladeó la cabeza, sin entenderlo del todo. —¡Se supone que esta habitación debería estar desocupada! ¡Usted se ha confundido! —irónicamente la acusación tenía sentido, porque no recordaba haber leído correctamente el número de su camarote, pero igualmente fue algo que le impactó.
—¿Ah? ¿AAAAAAAH? —Y lo expresó llevándose ambas manos al rostro, exagerando en gestos una sorpresa que nació desde la más absoluta sinceridad.
Camina entre los pasillos del barco hasta reubicarse entre la zona de llegada. Imaginaba que sus compañeros de división iban a rondar ese sector dadas las horas, pero antes de eso tuvo que quitarse las gafas de sol negras, considerando que uno de los dos cristales yacían rotos por un golpe de una anciana que tenía más fuerza de la que aparentaba. Detalles. En el medio, sintió un escalofrío repentino en el cuerpo, sumado a un estornudo que parecía simbolizar que estaban hablando de él, y peor aún, vinculándolo a compromisos, ¿será que esas energías extrañas existen realmente en el mundo? Quién sabe.
Al llegar, los vio reunidos, interactuando, y de soslayo a una pelirroja cargando el pequeño cuerpo de lo que parecía Choi Hae-won. Tuvo que contener la risa, porque parecía excesivamente acelerada en su paso, aunque la propia albina no tardaría en llegar, curiosamente poco antes que él, y no tuvo mejor idea que nombrarlo, algo que desató de manera inmediata su carcajada.
—¡Whahahaha! —sonoro, se hizo notar —¡Oye, ChoiChoi! ¡Juraría que aumentaste la estatura de Nia unos quince centímetros nomás, whahahaha! —se lleva ambas manos al estómago, aunque de forma abrupta se calla, se endereza y se gira a Dashrath, señalándolo con el índice. —Tú no formas parte de esta conversación. —puntualizó, porque claro, burlarse de otras estaturas era tonto cuando el más alto de ellos llegaba a tres metros, ni más ni menos.
—¿Pensaron que se iban a librar de mí? ¡Por favor! Juraría que se morirían de aburrimiento en el viaje si me hubiese quedado en Samba. Aunque... voy a extrañar esa isla. —se apoya en la baranda, extendiendo la mano hacia el reino que abandonaban. —De todas formas, ¿ustedes trajeron equipaje? Porque yo olvidé mis cosas donde me hospedaba, heh. —un auténtico desastre...
Y lo peor es que no mentía, iba a Baterilla con lo que tenía puesto. Es decir, su uniforme, la katana, su den den, el colgante de su clan, muchos berries y las ganas infaltables de fastidiar al resto con su humor absurdo.
Iba a ser un viaje divertido.
Era el precio de un poder creciente, aspecto que todavía no terminaba de asimilar.
Por ello ya se encontraba en el barco, y es más, en su camarote. Aunque algunas personas tenían quejas sobre esa afirmación, sólo que un durmiente Hasegawa no se había dado cuenta de ello, y no fue hasta unos minutos después de la irrupción que percibió el elemento disonante en la escena.
Una mujer, casi anciana, uniformada como si fuese parte del personal de limpieza en el crucero comercial. Lo mira, con parpadeos varios, ampliamente sorprendida, algo que Shin responde de la misma forma, aunque algo más confuso desde la cama, pues acababa de despertar. El silencio se rompe con un grito abrupto del albino, que es respondido con otro igual de alto por parte de la trabajadora.
—¿¡Qué hace usted aquí, anciana pervertida!? —recogido sobre una esquina de la habitación, la señala, acusativo.
—¡Eso debería preguntarle yo, jovencito inapropiado! —ella también extendió el dedo índice hacia el marine, aunque Shin ladeó la cabeza, sin entenderlo del todo. —¡Se supone que esta habitación debería estar desocupada! ¡Usted se ha confundido! —irónicamente la acusación tenía sentido, porque no recordaba haber leído correctamente el número de su camarote, pero igualmente fue algo que le impactó.
—¿Ah? ¿AAAAAAAH? —Y lo expresó llevándose ambas manos al rostro, exagerando en gestos una sorpresa que nació desde la más absoluta sinceridad.
[...]
Camina entre los pasillos del barco hasta reubicarse entre la zona de llegada. Imaginaba que sus compañeros de división iban a rondar ese sector dadas las horas, pero antes de eso tuvo que quitarse las gafas de sol negras, considerando que uno de los dos cristales yacían rotos por un golpe de una anciana que tenía más fuerza de la que aparentaba. Detalles. En el medio, sintió un escalofrío repentino en el cuerpo, sumado a un estornudo que parecía simbolizar que estaban hablando de él, y peor aún, vinculándolo a compromisos, ¿será que esas energías extrañas existen realmente en el mundo? Quién sabe.
Al llegar, los vio reunidos, interactuando, y de soslayo a una pelirroja cargando el pequeño cuerpo de lo que parecía Choi Hae-won. Tuvo que contener la risa, porque parecía excesivamente acelerada en su paso, aunque la propia albina no tardaría en llegar, curiosamente poco antes que él, y no tuvo mejor idea que nombrarlo, algo que desató de manera inmediata su carcajada.
—¡Whahahaha! —sonoro, se hizo notar —¡Oye, ChoiChoi! ¡Juraría que aumentaste la estatura de Nia unos quince centímetros nomás, whahahaha! —se lleva ambas manos al estómago, aunque de forma abrupta se calla, se endereza y se gira a Dashrath, señalándolo con el índice. —Tú no formas parte de esta conversación. —puntualizó, porque claro, burlarse de otras estaturas era tonto cuando el más alto de ellos llegaba a tres metros, ni más ni menos.
—¿Pensaron que se iban a librar de mí? ¡Por favor! Juraría que se morirían de aburrimiento en el viaje si me hubiese quedado en Samba. Aunque... voy a extrañar esa isla. —se apoya en la baranda, extendiendo la mano hacia el reino que abandonaban. —De todas formas, ¿ustedes trajeron equipaje? Porque yo olvidé mis cosas donde me hospedaba, heh. —un auténtico desastre...
Y lo peor es que no mentía, iba a Baterilla con lo que tenía puesto. Es decir, su uniforme, la katana, su den den, el colgante de su clan, muchos berries y las ganas infaltables de fastidiar al resto con su humor absurdo.
Iba a ser un viaje divertido.
Off
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
