Un sabor nuevo en una vida repetida [PASADO | Uker]
#7
Decidí no responder de inmediato.

A veces, algunas respuestas pierden peso si se entregan  demasiado rápido y no porque sus palabras me hubieran tomado por sorpresa. Dejé que el silencio se acomodara entre nosotros, lo justo como para que no resultara incómodo, pero sí perceptible. Ese tipo de pausa que obliga al otro a preguntarse si dijo algo de más… o de menos.

Las viñas seguían su curso indiferente a nuestro intercambio. El viento arrastró un poco de tierra seca, el sol caía sin piedad y, a lo lejos, el murmullo del trabajo recordaba que nada se detenía solo porque dos personas estuvieran conversando. Me gustó esa idea: la intimidad no como aislamiento, sino como elección consciente.

Pasé los dedos por una de las hojas cercanas y la giré con cuidado, observándola a contraluz. El gesto no fue casual. Había visto cómo él hacía lo mismo minutos antes, con esa atención que no es técnica ni calculada, sino aprendida. Hay quienes miran la tierra como un recurso. Otros como algo que hay que dominar. Y, muy de vez en cuando, aparece alguien que la observa como si todavía estuviera dialogando con ella. Ese tipo de mirada no se improvisa.

— La mayoría cree que conocer un lugar es caminarlo — dije al fin — y no. Caminar es sencillo. Lo difícil es entender cuándo avanzar… y cuándo quedarse quieto. Es todo un tema.

Retomé el paso, apenas más lento, no para facilitarle nada, sino para ver si sabía ocupar el espacio sin invadirlo.

— ¿Que si eso satisface mi curiosidad? — repetí, dejando que la pregunta se acomodara entre nosotros — Depende. Las respuestas sinceras rara vez la cierran del todo.

Apoyé apenas el peso sobre una pierna, dejando que el tajo del vestido hiciera lo que siempre hacía sin que yo tuviera que ayudarlo. No fue un gesto calculado, pero tampoco inocente. A esa altura, ya sabía que él miraba. No con descaro, pero tampoco con la ingenuidad de quien no registra lo que tiene enfrente.

— Qué pregunta complicada para algo que empezó siendo tan simple — dije con una media sonrisa que no terminaba de aclarar nada.

— No suelo hacer de guía — añadí — No porque no pueda, sino porque casi nadie sabe qué hacer con lo que ve cuando se sale del recorrido bonito.

Fue entonces cuando lo miré de nuevo, justo cuando extendía la mano. Observé el gesto con la misma atención selectiva con la que lo había observado todo desde que salimos de la casa. No era una invitación torpe ni una exigencia. Era una espera. Eso, al menos, jugaba a su favor.

Pasé con suavidad los dedos por el dorso apenas, lo suficiente como para marcar presencia sin cerrar el gesto, y avancé un paso para continuar la caminata, quedando a su lado. Emparejar no siempre significa igualar.

— Si querés que te siga mostrando cosas así — continué — no va a ser porque me lo pidas bien, sino porque sepas mirar sin querer apropiarte.

Seguimos avanzando, dándole espacio a que Uker llevara su propio ritmo.

Entonces, unos trabajadores aparecieron desde una de las hileras laterales, cargando herramientas, transpirados, la piel curtida por el sol.

No los miré enseguida. No hacía falta. Sabía perfectamente cómo se veía la escena desde afuera: la hija del dueño, vestida como si la noche ya hubiera empezado, caminando entre las viñas con el cocinero nuevo. Nada escandaloso. Nada incorrecto. Todo perfectamente interpretable… según quién mirara.

— Buen día — saludé sin detenerme — ¿Cómo va eso?

Se enderezaron al verme — Bien, señorita Asherah. Ya casi terminamos este sector.

— Me alegro — asentí — Tomen agua. No quiero a nadie descompuesto antes del almuerzo.

El agradecimiento llegó casi en coro. Esperé a que pasaran antes de seguir hablando. No por discreción, sino porque algunas palabras funcionan mejor cuando no tienen testigos.

— Mi padre no los trata mal — dije, como si pensara en voz alta — No confunde autoridad con desprecio. Pero tampoco se toma el tiempo. Para él, mientras el trabajo se haga, el resto es accesorio. Es todo un tema.

Me encogí de hombros, sin dramatismo.

— A mí me interesa otra cosa. Saber quiénes son, cómo piensan, qué los mueve. Los negocios no se sostienen solo con números. Se sostienen con personas. Y la gente responde mejor cuando siente que existe.

Incliné apenas la cabeza, evaluándolo con disimulo. No su cuerpo. No su cara. Su manera de estar ahí.

— Además — añadí — siempre es útil saber con quién se puede hablar… y con quién no conviene perder tiempo.

Di un paso hacia un costado, dejándole el camino libre por un segundo. No para alejarlo, sino para ver si entendía que no todo ofrecimiento viene con instrucciones claras.

— En cuanto a qué tan afortunado sos — dejé escapar una risa breve, suave — eso depende del día. Y del tipo de suerte al que estés acostumbrado.

No lo miré de inmediato. Dejé que la frase caminara con nosotros.

— De todos los que están trabajando ahora — continué, bajando un poco la voz — sos el más joven. Y también el que menos encaja del todo.

Una pausa.

— Eso te vuelve interesante. Y, siendo sincera, también el más cercano a mí. No por jerarquía. Por edad... por "margen de error".

Me detuve en un claro pequeño entre las hileras. El sol caía de lleno, marcando sombras irregulares sobre la tela clara del vestido.

— Y sí — añadí, con una sonrisa tranquila — sos guapo. Sería absurdo fingir que no lo noté. Pero no te confundas: eso no suma ni resta demasiado. Solo explica algunas miradas.

El calor apretaba, pero no me incomodaba. El tiempo seguía avanzando. El almuerzo se acercaba, y con él las obligaciones, los horarios, las jerarquías claras. Todo eso volvería a su lugar en unas horas.

— Parece que te van a reclamar pronto — dije — y no pienso robarte demasiado tiempo, como lo había prometido.

Di un paso, quedando apenas delante suyo.

— Esto — señalé alrededor: la viña, el camino, el momento — no fue trabajo. Fue una conversación. Y las conversaciones que valen la pena siempre se retoman.

Reanudé la marcha sin mirarlo.

— Si querés seguir — dejé caer — seguí. No porque te lo pida, sino porque te nazca.

El sendero continuaba, pero ya no se internaba más en las viñas. Giraba con suavidad, casi sin notarse, enfilando otra vez hacia la mansión. El mismo camino, otra dirección.
[Imagen: CwHBiqT.png]
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RE: Un sabor nuevo en una vida repetida [PASADO | Uker] - por Asherah Bel-Nadin - 30-01-2026, 11:17 PM

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