04-11-2023, 08:48 PM
La presencia de Alzeid parecía haber pasado desapercibido para las personas presentes y no fue algo que le gustara en exceso. Pero aquel hombre le reconoció, y eso le ayudaba para satisfacer sus ansias de excitación momentáneas, pues le permitía 'arrimarse' a ellos y tener una compañía diferente. Más corpulenta. Unas almas mucho más sabrosas que cualquiera de las que estaban pisando Ohara en ese mismo momento. - ¿Y cómo era tu nombre? - Preguntaba, mientras con su dedo índice toqueteaba una de las tres coletas que descendían sobre su hombro derecho. Estaba claramente coqueteando. - ¿Y el tuyo? - Miró directamente hacia la compañera, pues a ella sí que nunca la había conocido. - Tu alma y la mía parece que resonarían bien. Lo veo en tu mirada. - Dijo, como si alguien fuese a entender las elucubraciones de una persona que acababa de conocer. Pero era cierto. Algo en la mirada de aquella compañera le llamaba la atención. Quizá su forma de mirar y observar, la profundidad de sus ojos, el color... algo le había interesado de ella. Y pronto lo acabaría descubriendo.
Pero, antes de eso, era consciente de que aquella situación nunca terminaría si no hacían algo con el grupo de humanos al que estaban interrogando. Unos calvos aburridos nada interesantes, así que cuanto antes se fueran de ahí, mucho mejor para Alzeid. - Pero vamos a ver, ¿acaso no os están haciendo unas preguntas? - Se levantó y pasó su brazo izquierdo por el cuello de uno de ellos, apretándolo hacia sí mismo, impidiendo que se pudiese escapar. - Me pregunto qué podría encontrar si este cuello tuviese una abertura... - Preguntó, con la mirada perdida, mientras mordía el dedo índice de su mano derecha, dejando caer unas gotas de sangre por el resto de la mano. Estuvo tentado a comprobarlo, aguantando las ganas de abrir un pequeño tajo en el cuello del hombre al que estaba sujetando, pero tenía que ser cauteloso pues se encontraba también ante otros miembros del Cipher Pol. ¿Qué pasaría si descubrieran su fetichismo por estas cosas macabras? Era un maníaco, pero también pensaba antes de actuar, para no dejar rastro. Aunque esta vez... se dejó llevar. Lamió rápidamente la sangre derramada por su dedo. - Vaya... La emoción de ver gente nueva me ha invadido de golpe. ¿Os gustaría experimentar la emoción de estar vivos a vosotros? - Dejó de agarrarlo por el cuello, poniéndose frente a él y sacudiendo su mano derecha, esperando que secase por completo después de haber limpiado con su propia saliva. - Llevo muchos días solo en este pueblo. Se hace aburrido, ¿sabes? - Seguía sacudiendo la mano.
Pero en ese momento, observó que la compañera del hombretón tenía un comportamiento similar al de ella. Sorprendentemente, su taconazo había sido lo suficientemente fuerte como para perforar la ropa del mozo. - Sí, sí. ¿Jugamos a eso? - Alzeid se estaba emocionando. Excitando. Quizá, si sus compañeros se mostraban receptivos y eran recíprocos, aquello podría convertirse en una pequeña masacre. Y Alzeid adora las masacres. - Voy a ayudaros, ¿vale? - La sangre de la herida volvió a surgir, cayendo a cuentagotas de su dedo al suelo. Agarró nuevamente al chico por el cuello. - ¿Verdad? - Y le lamió la cara. Aquello parecía que se iba a poner emocionante.
Pero, antes de eso, era consciente de que aquella situación nunca terminaría si no hacían algo con el grupo de humanos al que estaban interrogando. Unos calvos aburridos nada interesantes, así que cuanto antes se fueran de ahí, mucho mejor para Alzeid. - Pero vamos a ver, ¿acaso no os están haciendo unas preguntas? - Se levantó y pasó su brazo izquierdo por el cuello de uno de ellos, apretándolo hacia sí mismo, impidiendo que se pudiese escapar. - Me pregunto qué podría encontrar si este cuello tuviese una abertura... - Preguntó, con la mirada perdida, mientras mordía el dedo índice de su mano derecha, dejando caer unas gotas de sangre por el resto de la mano. Estuvo tentado a comprobarlo, aguantando las ganas de abrir un pequeño tajo en el cuello del hombre al que estaba sujetando, pero tenía que ser cauteloso pues se encontraba también ante otros miembros del Cipher Pol. ¿Qué pasaría si descubrieran su fetichismo por estas cosas macabras? Era un maníaco, pero también pensaba antes de actuar, para no dejar rastro. Aunque esta vez... se dejó llevar. Lamió rápidamente la sangre derramada por su dedo. - Vaya... La emoción de ver gente nueva me ha invadido de golpe. ¿Os gustaría experimentar la emoción de estar vivos a vosotros? - Dejó de agarrarlo por el cuello, poniéndose frente a él y sacudiendo su mano derecha, esperando que secase por completo después de haber limpiado con su propia saliva. - Llevo muchos días solo en este pueblo. Se hace aburrido, ¿sabes? - Seguía sacudiendo la mano.
Pero en ese momento, observó que la compañera del hombretón tenía un comportamiento similar al de ella. Sorprendentemente, su taconazo había sido lo suficientemente fuerte como para perforar la ropa del mozo. - Sí, sí. ¿Jugamos a eso? - Alzeid se estaba emocionando. Excitando. Quizá, si sus compañeros se mostraban receptivos y eran recíprocos, aquello podría convertirse en una pequeña masacre. Y Alzeid adora las masacres. - Voy a ayudaros, ¿vale? - La sangre de la herida volvió a surgir, cayendo a cuentagotas de su dedo al suelo. Agarró nuevamente al chico por el cuello. - ¿Verdad? - Y le lamió la cara. Aquello parecía que se iba a poner emocionante.
