31-01-2026, 08:30 PM
(Última modificación: 31-01-2026, 08:44 PM por Rackham Uker.)
- Pienso lo mismo, pero no se me ocurre donde más tendríamos libertad para poder luchar sin molestias -. Esa fue su respuesta a las palabras cortadas y adoloridas del medico de la tripulación, un hombre que ya conocía hace más tiempo del que habían compartido en ese nuevo barco, pero que siempre encontraba formas de sorprenderlo. - Te recuerdo que puedo cargarte en la vuelta si lo necesitas -. Sus palabras podían sonar a una burla, pero la seriedad en su voz y en su rostro solo mostraban que era una preocupación genuina por la salud del otro.
Las reglas fueron puestas, esta cueva sería su campo de batalla, la nieve que cubría el suelo era una molestia, se desarmaba bajo sus pies y no le permitía moverse con comodidad, por lo que el cocinero se puso a dar saltos alzando sus rodillas. Intentaba lograr que sus piernas y su cabeza se acostumbren al entorno, algo que iba a ser mucho más difícil de lograr que que un movimiento tan simple como ese. El frío también era un problema, entumecía sus músculos y no le dejaba actuar con todo lo que quería, pero desde que llegó a esta isla estuvo agradeciendo no tener que sufrir el calor insoportable que se sentía en Little Garden. - Bien, aunque no creo poder hacerles tanto daño -. Decía eso, pero un espadachín era capaz de causar cortes peligrosos incluso con poco movimiento.
Se estaba subestimando a sí mismo, así que este entrenamiento también sería una muestra de fuerza para él, aunque no quiera verlo.
Kiyoshi animando al grupo en un entrenamiento, nunca hubiera imaginado que ese hombre podría siquiera querer realizar algo como eso. El mundo los cambió, a todos, así como había hablado con Eros. Para Uker, no fue solo Little Garden, fueron los Cabos Gemelos, su incapacidad, esa herida en su pecho que ahora quedó marcada como una cicatriz más. Llevó su mano a ese lugar, a su pectoral izquierdo, casi debajo del hombro, a veces podía sentir el dolor de esa noche reflejado en su cuerpo. Sakana estaba muerto y aún lograba atormentar su mente, eso era verdadera fuerza.
Suspiró, los equipos fueron nuevamente aclarados, la mirada del pelinegro se centró en los que en esa ocasión serían sus contrincantes. - Estaré contento de que intenten golpearme -. Confiaba en sus reflejos, en su velocidad, por mucho que esa nieve no lo dejara moverse. No podría repetir la misma jugada que contra el gyojin, pero había estado practicando mucho desde la aparición de Sohem en Little Garden. Un nuevo estilo, algo más calmado.
Ya había visto luchar a Eros, centrado en ataques muy cercanos y daño no continuo pero aterrador, le daba miedo entablar golpes a mano limpia con alguien así, pero no por eso iba a huir del combate. De quien no tenía información era de Varo, habían compartido palabras y comidas durante el viaje a y en la isla, pero poco sabía sobre sus capacidades. Eso era interesante, podría aprender, aprender y mejorar en consecuencia.
Al otro lado, de su parte, Kiyoshi. Ya conocía al médico también, mucho más que Eros, pero su cambio de actitud tal vez vino con un cambio en fuerza que el del mechón blanco desconoce. - Si debes disparar en mi dirección, hazlo -. El mismo Maeda había dicho que nada de ir a matar, así que eso le daba la confianza suficiente para dejarlo pelear sin problemas, así podrían entenderse mejor y combinar ataques en el futuro. - Úsame de cebo, creo que puedo evitar tus ataques también -. Exacto, no estaba seguro para nada de esa casi afirmación.
Las reglas fueron puestas, esta cueva sería su campo de batalla, la nieve que cubría el suelo era una molestia, se desarmaba bajo sus pies y no le permitía moverse con comodidad, por lo que el cocinero se puso a dar saltos alzando sus rodillas. Intentaba lograr que sus piernas y su cabeza se acostumbren al entorno, algo que iba a ser mucho más difícil de lograr que que un movimiento tan simple como ese. El frío también era un problema, entumecía sus músculos y no le dejaba actuar con todo lo que quería, pero desde que llegó a esta isla estuvo agradeciendo no tener que sufrir el calor insoportable que se sentía en Little Garden. - Bien, aunque no creo poder hacerles tanto daño -. Decía eso, pero un espadachín era capaz de causar cortes peligrosos incluso con poco movimiento.
Se estaba subestimando a sí mismo, así que este entrenamiento también sería una muestra de fuerza para él, aunque no quiera verlo.
Kiyoshi animando al grupo en un entrenamiento, nunca hubiera imaginado que ese hombre podría siquiera querer realizar algo como eso. El mundo los cambió, a todos, así como había hablado con Eros. Para Uker, no fue solo Little Garden, fueron los Cabos Gemelos, su incapacidad, esa herida en su pecho que ahora quedó marcada como una cicatriz más. Llevó su mano a ese lugar, a su pectoral izquierdo, casi debajo del hombro, a veces podía sentir el dolor de esa noche reflejado en su cuerpo. Sakana estaba muerto y aún lograba atormentar su mente, eso era verdadera fuerza.
Suspiró, los equipos fueron nuevamente aclarados, la mirada del pelinegro se centró en los que en esa ocasión serían sus contrincantes. - Estaré contento de que intenten golpearme -. Confiaba en sus reflejos, en su velocidad, por mucho que esa nieve no lo dejara moverse. No podría repetir la misma jugada que contra el gyojin, pero había estado practicando mucho desde la aparición de Sohem en Little Garden. Un nuevo estilo, algo más calmado.
Ya había visto luchar a Eros, centrado en ataques muy cercanos y daño no continuo pero aterrador, le daba miedo entablar golpes a mano limpia con alguien así, pero no por eso iba a huir del combate. De quien no tenía información era de Varo, habían compartido palabras y comidas durante el viaje a y en la isla, pero poco sabía sobre sus capacidades. Eso era interesante, podría aprender, aprender y mejorar en consecuencia.
Al otro lado, de su parte, Kiyoshi. Ya conocía al médico también, mucho más que Eros, pero su cambio de actitud tal vez vino con un cambio en fuerza que el del mechón blanco desconoce. - Si debes disparar en mi dirección, hazlo -. El mismo Maeda había dicho que nada de ir a matar, así que eso le daba la confianza suficiente para dejarlo pelear sin problemas, así podrían entenderse mejor y combinar ataques en el futuro. - Úsame de cebo, creo que puedo evitar tus ataques también -. Exacto, no estaba seguro para nada de esa casi afirmación.
libro de recetas
