31-01-2026, 11:52 PM
Escuchó los pasos acercarse a la puerta. Los nervios ascendían sin siquiera tener un motivo aparente. No lo comprendía, pero sabía que deseaba verlo. Escuchó el clic de la puerta y apartó su mano del cuello de su camisa roja, buscando esbozar una de sus sonrisas, mas pronto se desvaneció al poder sentir el olor. No el tabaco, eso era algo a lo que se había habituado debido a su propio vicio, pero sí el alcohol. No era solo eso, pese a que se veía igual de hermoso que siempre, algo no iba bien. ¿Su expresión? ¿Su frialdad? ¿Aquella sorpresa? Bueno, cierto era que había aparecido sin avisar. No, no era solo eso, ni siquiera le dio la sensación de siempre, la sensación de que pudieran verse, de darse la bienvenida mutuamente, aquella seguridad incluso de la que siempre alardeaba y que él mismo disfrutaba.
Adelantó un pie, posicionándolo frente a la puerta. No iba a permitirlo, no permitiría que lo dejara fuera, no cuando estaba más que claro que podía estar en un momento vulnerable. Se mantuvo tranquilo, buscando en los ojos ajenos, su cabello desaliñado y su mirada cualquier indicio de explicación a lo que fuera que ocurriera.
La respuesta fue directa, sin explicaciones. Estaba seguro de que Tezca, siendo como era, sabría cómo había llegado hasta allí o, como mínimo, lo sospecharía. —Quería darte una sorpresa. — elevó su mano, tratando de abrir un poco la puerta, no prestando atención al interior. Eso solo fue peor, acercarse a la puerta solo le hizo llegar con mayor intensidad el olor a alcohol. —¿Has bebido? ¿O acaso tienes a alguien y te escondes por eso? — No, no. No podía ser. ¿Cierto? ¿Quién más podría estar allí?
Una sensación desagradable llenó su interior, tragando saliva a la sola idea de... No, no podía pensar en eso, Tezca era libre de hacer lo que quisiera. Mientras su mente debatía en lo que estaba bien o no, la mano se apretaba con más firmeza en la puerta, marcando sus venas con una claridad alarmante. —Si no estás solo... puedo venir en otro momento. — ¿Lo estaba? Le habían confirmado que lo estaba pero... ¿y si no? Su mandíbula se apretó un poco más, sus músculos se tensaron. En su mente solo le regresaba aquella imagen de la casa destartalada, abandonada, llena de polvo y solitario. Aquel lugar que parecía guardar más secretos de los que él conocía. ¿Quizás él fuera de allí? ¿Quizás la isla en la que se encontraba le brindaba recuerdos indeseados? Sus labios se apretaron entre sí, su rostro descendió ligeramente.
Hizo una pausa. Era la primera vez que no se sentía bienvenido. ¿Acaso no tenía ese derecho? Él lo había recibido con los brazos abiertos. Su mano se apretó todavía con más firmeza. Se había esmerado, se había esforzado tanto como le había sido posible y, aunque se lo había repetido tantas veces, Tezca seguía bebiendo. ¿Por qué? ¿Acaso no era suficiente? ¿Acaso...?
Lo dejó en el aire, su rostro volviéndose más serio, su voz más firme. No era lo que tenía inicialmente en mente, pero sí lo único que podía usar para no tener que irse y estar a su lado en ese momento. Silenciosamente, sentía que era lo que realmente necesitaba Tezca, aunque no iba a decirle de sus nuevos conocimientos, ni mucho menos sus sospechas.
Adelantó un pie, posicionándolo frente a la puerta. No iba a permitirlo, no permitiría que lo dejara fuera, no cuando estaba más que claro que podía estar en un momento vulnerable. Se mantuvo tranquilo, buscando en los ojos ajenos, su cabello desaliñado y su mirada cualquier indicio de explicación a lo que fuera que ocurriera.

—Lo sé.
La respuesta fue directa, sin explicaciones. Estaba seguro de que Tezca, siendo como era, sabría cómo había llegado hasta allí o, como mínimo, lo sospecharía. —Quería darte una sorpresa. — elevó su mano, tratando de abrir un poco la puerta, no prestando atención al interior. Eso solo fue peor, acercarse a la puerta solo le hizo llegar con mayor intensidad el olor a alcohol. —¿Has bebido? ¿O acaso tienes a alguien y te escondes por eso? — No, no. No podía ser. ¿Cierto? ¿Quién más podría estar allí?
¿Alek?
Una sensación desagradable llenó su interior, tragando saliva a la sola idea de... No, no podía pensar en eso, Tezca era libre de hacer lo que quisiera. Mientras su mente debatía en lo que estaba bien o no, la mano se apretaba con más firmeza en la puerta, marcando sus venas con una claridad alarmante. —Si no estás solo... puedo venir en otro momento. — ¿Lo estaba? Le habían confirmado que lo estaba pero... ¿y si no? Su mandíbula se apretó un poco más, sus músculos se tensaron. En su mente solo le regresaba aquella imagen de la casa destartalada, abandonada, llena de polvo y solitario. Aquel lugar que parecía guardar más secretos de los que él conocía. ¿Quizás él fuera de allí? ¿Quizás la isla en la que se encontraba le brindaba recuerdos indeseados? Sus labios se apretaron entre sí, su rostro descendió ligeramente.

—Déjame pasar. Solo... quiero verte.
Hizo una pausa. Era la primera vez que no se sentía bienvenido. ¿Acaso no tenía ese derecho? Él lo había recibido con los brazos abiertos. Su mano se apretó todavía con más firmeza. Se había esmerado, se había esforzado tanto como le había sido posible y, aunque se lo había repetido tantas veces, Tezca seguía bebiendo. ¿Por qué? ¿Acaso no era suficiente? ¿Acaso...?

—Hay cosas que tengo que comentarte.
Lo dejó en el aire, su rostro volviéndose más serio, su voz más firme. No era lo que tenía inicialmente en mente, pero sí lo único que podía usar para no tener que irse y estar a su lado en ese momento. Silenciosamente, sentía que era lo que realmente necesitaba Tezca, aunque no iba a decirle de sus nuevos conocimientos, ni mucho menos sus sospechas.
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