Tras mi despliegue. El ambiente se enturbó. Las virutas se detuvieron durante un segundo. Un segundo eterno, mi haki chilló como un sexto sentido, que junto al raro movimiento de las motas que danzaban junto a nosotros se detuvieron.
Quise avisar a Quetzalli, pero él fue más rápido que yo. Como de costumbre. El viento sonó con fiereza en mi oído como si relinchara en la presencia de su amo. La parte semi humana que seguía dando forma al centauro desapareció y en un momento se convirtió completamente en un equino completo, con cabellos blancos.
Oí el rugido de los aires mientras salíamos disparados.
- SUPERSUPERESPACIOOOOOOOOOOOOO -
De un instante a otro habíamos desaparecido de al lado de aquel hombre a una velocidad demencial mientras me giraba para ver como las motas que nos rodeaban se habían convertido en diversas formas que caían con fuerza contra el suelo haciendo que retumbara.
Quetzalli habló. No puede evitar pensar lo extraño que era que un caballo hablase.
- Buen trabajo - Solo supe responder desde su lomo, preocupado por la increíble potencia que había demostrado con un solo movimiento, mientras que Quetzalli se ponía de manos y me obligaba a agarrarme de sus crines para no caerme de su montura. La imagen fue desoladora, un oni montando un caballo de blanca pureza con alas sobre su lomo, levantándose a dos manos enfrentando una lluvia de metales que había convertido el campo de batalla en algo muy parecido a un campo santo. Mi asombro no terminó ahí. Pues noté como mis armas empezaban a desprenderse de mi. La hoja del luto, mi tanto, La Daña Almirantes y los guantes de Rapax que se escaparon de entre mis dedos. Todas se escaparon de mi poder mientras veía cómo escapaban en dirección a aquel hombre y danzaban a su alrededor mientras hablaba, sin inmutarse de que mi ejército le seguía atacando, pero no le entendí, estábamos muy lejos y los metales retumbando contra el suelo en su impacto no facilitaban la tarea. Me crucé de brazos - Este hijo de puta… - susurré - Sabe lo que hace, sí. Sin mi espada estoy vendido - dije de manera completamente honesta a mis compañeros mientras miraba en la lejanía al tipo - Ahhh… - Suspiré - Hoy sí que me estoy divirtiendo - dije asintiendo y observando mis espadas en la lejanía.
- Teníamos que haber traido La Vara de la Enseñan
Quise avisar a Quetzalli, pero él fue más rápido que yo. Como de costumbre. El viento sonó con fiereza en mi oído como si relinchara en la presencia de su amo. La parte semi humana que seguía dando forma al centauro desapareció y en un momento se convirtió completamente en un equino completo, con cabellos blancos.
Oí el rugido de los aires mientras salíamos disparados.
- SUPERSUPERESPACIOOOOOOOOOOOOO -
De un instante a otro habíamos desaparecido de al lado de aquel hombre a una velocidad demencial mientras me giraba para ver como las motas que nos rodeaban se habían convertido en diversas formas que caían con fuerza contra el suelo haciendo que retumbara.
Quetzalli habló. No puede evitar pensar lo extraño que era que un caballo hablase.
- Buen trabajo - Solo supe responder desde su lomo, preocupado por la increíble potencia que había demostrado con un solo movimiento, mientras que Quetzalli se ponía de manos y me obligaba a agarrarme de sus crines para no caerme de su montura. La imagen fue desoladora, un oni montando un caballo de blanca pureza con alas sobre su lomo, levantándose a dos manos enfrentando una lluvia de metales que había convertido el campo de batalla en algo muy parecido a un campo santo. Mi asombro no terminó ahí. Pues noté como mis armas empezaban a desprenderse de mi. La hoja del luto, mi tanto, La Daña Almirantes y los guantes de Rapax que se escaparon de entre mis dedos. Todas se escaparon de mi poder mientras veía cómo escapaban en dirección a aquel hombre y danzaban a su alrededor mientras hablaba, sin inmutarse de que mi ejército le seguía atacando, pero no le entendí, estábamos muy lejos y los metales retumbando contra el suelo en su impacto no facilitaban la tarea. Me crucé de brazos - Este hijo de puta… - susurré - Sabe lo que hace, sí. Sin mi espada estoy vendido - dije de manera completamente honesta a mis compañeros mientras miraba en la lejanía al tipo - Ahhh… - Suspiré - Hoy sí que me estoy divirtiendo - dije asintiendo y observando mis espadas en la lejanía.
- Teníamos que haber traido La Vara de la Enseñan
resumen
Bélico
gastos
inventario
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