01-02-2026, 02:15 AM
No pude evitar que mi cola se agitara cuando quiso saber más sobre mi observación respecto a nombre. ¡De verdad le interesaba!
—¡Pues todo! —exclamé con una sonrisa, respondiendo a su primera pregunta—. Piénsalo: «Rack», esa erre tan sonora, ese sonido ka del final… recuerda al ruido “crack”, y eso suena durooo, graaande y fuerteee, ¡como una roca! —expliqué alargando y haciendo más graves esas tres palabras antes de fingir que levantaba un gran pedrusco con ambas manos—. Y tú eres grande y fuerte, pero también simpático, así que no eres nada áspero, afilado o aburrido como una roca —reí con suavidad antes de pasar al nombre por el que me había preguntado de verdad—. En cambio, fíjate: Uker. Úuukeer —repetí lentamente haciendo una curva con el dedo, primero subiéndolo, luego bajando con la segunda vocal y volviendo a subir ligeramente con la última consonante—. ¿Ves? Aunque la ka y la erre están también, la erre ya no suena tan fuerte. Ese “er” casi suena a ronroneo… ¡como un gatito! —expuse colocando mis manos como las patas de un gato antes de reír de nuevo—. ¡Y los gatos son elegantes! Además, con todo eso, la ka ya no suena como algo rompiéndose, sino que estar entre dos vocales le da un toque mucho más suave y sofisticado. Peeero, ¡es un nombre corto! —gestualicé un momento acercando las palmas de las manos de forma paralela entre sí, como dos pareces que se acercasen—, ¡así que no suena pomposo! Y tú no eres para nada pomposo. ¡Te pega mucho más!
Pero también me divierte bastante que se extrañe de no haberme sorprendido y ni haberlo llamado por el apellido al menos un tiempo.
—Bueno, me diste a elegir, así que supongo que no te pone incómodo, ¡y justamente lo que has dicho es parte de la razón! —comenté sonriendo, enlazando mis manos en mi espalda—. La gente casi siempre espera a tener cercanía antes de empezar a llamar a alguien por su nombre… pero ¿y si funciona al revés también? Yo tengo la teoría de que, cuando llamas a alguien por su nombre, es más fácil que os volváis amigos. Por eso yo me he presentado como Nyra, aunque mi nombre completo sea Nyra Kuroshiro. ¿No es la misma razón por la que lo has hecho tú? —inquiero con curiosidad.
El tema no tardó en avanzar hacia el tema de cocinar, nuestra edad y… ¡¿comenzó a trabajar allí a los quince años?! Mis ojos se abrieron mucho ante la noticia. ¡Eso sí es sorprendente!
—Vaya, ¡y yo que pensaba que había entrado joven! ¿Y has seguido aquí desde entonces? Eso es increíble, yo en mi primer trabajo duré una semana —reí suave y brevemente al recordarlo—. ¡Y no te preocupes! Si tú no me juzgas y me ofreces la oportunidad de tratarte de forma cercana, no lo voy a desaprovechar. ¡Ya era hora de que me tocara un jefe que no fuera un estirado!
¡Pero habíamos venido a cocinar! Así que la conversación derivó inevitablemente al tema del menú, alergias e intolerancias, cosas a las que presté completa atención.
—¡Tomo nota! —asentí, mostrando toda mi atención y disciplina. Sin embargo, pronto salieron palabras que no conocía de nada—. Vaale… Eh… Bueno, no tengo ni idea de qué es eso de “salsa fileto” ni “fideos radiatori” —«¡Al final sí que va a ser algo pomposo!», reí internamente, procurando que no se me notara mucho en el rostro—, pero si me lo explicas, ¡seguro que puedo hacerlo! O quizás incluso los he hecho otras muchas veces y simplemente no sabía que se llamaban así —«¿De dónde habrá sacado esas palabras trabajando en un orfanato?».
Pero aquella pregunta interna se me olvidó pronto, porque la cocina es un arte que requiere preparación, disciplina y una atención constantes, y nada de eso podía quedar relegado. Sin embargo, la actividad se pausó a medias con la llegada de una chica unos poquitos años menor que yo. Mientras el joven la atendía, yo estaba atenta a la escena, pero en ningún momento dejé de echar miradas esporádicas ni a su preparación ni a la mía, asegurándome de que nada se pegara.
La verdad era que estaban muy monos juntos. ¡Pareciera que Uker fuera su hermano mayor! Y esa idea solo se reforzó más ante la petición de Akura, ante la que tuve que tratar de contener una sonrisita inevitable que procuré disimular centrándome aparentemente más en la salsa que estaba removiendo. ¡Así que a ambos les gustaban las espadas! Ya vi lógico que me requisaran la espada al entrar, pero ahora con esto tenía aún más sentido. Por otra parte, aunque entendía el razonamiento de Uker, ya que las armas son peligrosas, en realidad estaba más de acuerdo con la chica. Siempre he creído que saber defenderse es importante para cualquiera. Sí, sería ideal no tener que necesitarlo nunca, pero quizás habría menos víctimas si el número de indefensos disminuyera… Aunque, por supuesto, eso no era algo que fuera a confiarle a la joven.
En cuanto el moreno se apartó, mi mirada y mi sonrisa, ya sin contener, se cruzaron con las pupilas de la recién llegada.
—¡Hola, Akura! Yo me llamo Nyra —me presenté alegremente, saludando brevemente con la mano y sin dejar desatendido el cazo antes de abrir un poco más los ojos, revelando una idea que se me acababa de ocurrir—. ¡Oye! A lo mejor me puedes ayudar —comencé, tratando de contener una risita—. Como ves, yo soy una humink zorro, y me divierte ver qué animales podrían ser los humanos. Le comentaba a Uker que creo que él tiene el aire de un gato —comenté mirándolo de reojo un instante con bastante diversión, aunque ambos supiéramos que no era realmente eso lo que yo había dicho y que esto era solo una manera de distraerla del tema original—, ¡pero yo lo acabo de conocer! Tú sabes sobre él muchísimas más cosas que yo —devolví mi total atención a Akura—. Dime, ¿estás de acuerdo o crees que sería otro animal?
—¡Pues todo! —exclamé con una sonrisa, respondiendo a su primera pregunta—. Piénsalo: «Rack», esa erre tan sonora, ese sonido ka del final… recuerda al ruido “crack”, y eso suena durooo, graaande y fuerteee, ¡como una roca! —expliqué alargando y haciendo más graves esas tres palabras antes de fingir que levantaba un gran pedrusco con ambas manos—. Y tú eres grande y fuerte, pero también simpático, así que no eres nada áspero, afilado o aburrido como una roca —reí con suavidad antes de pasar al nombre por el que me había preguntado de verdad—. En cambio, fíjate: Uker. Úuukeer —repetí lentamente haciendo una curva con el dedo, primero subiéndolo, luego bajando con la segunda vocal y volviendo a subir ligeramente con la última consonante—. ¿Ves? Aunque la ka y la erre están también, la erre ya no suena tan fuerte. Ese “er” casi suena a ronroneo… ¡como un gatito! —expuse colocando mis manos como las patas de un gato antes de reír de nuevo—. ¡Y los gatos son elegantes! Además, con todo eso, la ka ya no suena como algo rompiéndose, sino que estar entre dos vocales le da un toque mucho más suave y sofisticado. Peeero, ¡es un nombre corto! —gestualicé un momento acercando las palmas de las manos de forma paralela entre sí, como dos pareces que se acercasen—, ¡así que no suena pomposo! Y tú no eres para nada pomposo. ¡Te pega mucho más!
Pero también me divierte bastante que se extrañe de no haberme sorprendido y ni haberlo llamado por el apellido al menos un tiempo.
—Bueno, me diste a elegir, así que supongo que no te pone incómodo, ¡y justamente lo que has dicho es parte de la razón! —comenté sonriendo, enlazando mis manos en mi espalda—. La gente casi siempre espera a tener cercanía antes de empezar a llamar a alguien por su nombre… pero ¿y si funciona al revés también? Yo tengo la teoría de que, cuando llamas a alguien por su nombre, es más fácil que os volváis amigos. Por eso yo me he presentado como Nyra, aunque mi nombre completo sea Nyra Kuroshiro. ¿No es la misma razón por la que lo has hecho tú? —inquiero con curiosidad.
El tema no tardó en avanzar hacia el tema de cocinar, nuestra edad y… ¡¿comenzó a trabajar allí a los quince años?! Mis ojos se abrieron mucho ante la noticia. ¡Eso sí es sorprendente!
—Vaya, ¡y yo que pensaba que había entrado joven! ¿Y has seguido aquí desde entonces? Eso es increíble, yo en mi primer trabajo duré una semana —reí suave y brevemente al recordarlo—. ¡Y no te preocupes! Si tú no me juzgas y me ofreces la oportunidad de tratarte de forma cercana, no lo voy a desaprovechar. ¡Ya era hora de que me tocara un jefe que no fuera un estirado!
¡Pero habíamos venido a cocinar! Así que la conversación derivó inevitablemente al tema del menú, alergias e intolerancias, cosas a las que presté completa atención.
—¡Tomo nota! —asentí, mostrando toda mi atención y disciplina. Sin embargo, pronto salieron palabras que no conocía de nada—. Vaale… Eh… Bueno, no tengo ni idea de qué es eso de “salsa fileto” ni “fideos radiatori” —«¡Al final sí que va a ser algo pomposo!», reí internamente, procurando que no se me notara mucho en el rostro—, pero si me lo explicas, ¡seguro que puedo hacerlo! O quizás incluso los he hecho otras muchas veces y simplemente no sabía que se llamaban así —«¿De dónde habrá sacado esas palabras trabajando en un orfanato?».
Pero aquella pregunta interna se me olvidó pronto, porque la cocina es un arte que requiere preparación, disciplina y una atención constantes, y nada de eso podía quedar relegado. Sin embargo, la actividad se pausó a medias con la llegada de una chica unos poquitos años menor que yo. Mientras el joven la atendía, yo estaba atenta a la escena, pero en ningún momento dejé de echar miradas esporádicas ni a su preparación ni a la mía, asegurándome de que nada se pegara.
La verdad era que estaban muy monos juntos. ¡Pareciera que Uker fuera su hermano mayor! Y esa idea solo se reforzó más ante la petición de Akura, ante la que tuve que tratar de contener una sonrisita inevitable que procuré disimular centrándome aparentemente más en la salsa que estaba removiendo. ¡Así que a ambos les gustaban las espadas! Ya vi lógico que me requisaran la espada al entrar, pero ahora con esto tenía aún más sentido. Por otra parte, aunque entendía el razonamiento de Uker, ya que las armas son peligrosas, en realidad estaba más de acuerdo con la chica. Siempre he creído que saber defenderse es importante para cualquiera. Sí, sería ideal no tener que necesitarlo nunca, pero quizás habría menos víctimas si el número de indefensos disminuyera… Aunque, por supuesto, eso no era algo que fuera a confiarle a la joven.
En cuanto el moreno se apartó, mi mirada y mi sonrisa, ya sin contener, se cruzaron con las pupilas de la recién llegada.
—¡Hola, Akura! Yo me llamo Nyra —me presenté alegremente, saludando brevemente con la mano y sin dejar desatendido el cazo antes de abrir un poco más los ojos, revelando una idea que se me acababa de ocurrir—. ¡Oye! A lo mejor me puedes ayudar —comencé, tratando de contener una risita—. Como ves, yo soy una humink zorro, y me divierte ver qué animales podrían ser los humanos. Le comentaba a Uker que creo que él tiene el aire de un gato —comenté mirándolo de reojo un instante con bastante diversión, aunque ambos supiéramos que no era realmente eso lo que yo había dicho y que esto era solo una manera de distraerla del tema original—, ¡pero yo lo acabo de conocer! Tú sabes sobre él muchísimas más cosas que yo —devolví mi total atención a Akura—. Dime, ¿estás de acuerdo o crees que sería otro animal?
