01-02-2026, 05:12 AM
Elara sintió que el corazón se le hinchaba de emoción, se le hinchaba mucho y de forma muy rápida cuando Dharma la llamó "Mujer Rayo" otra vez. Le gustaba mucho ese nombre, le gustaba tanto que sus alas volvieron a aletear suavemente, soltando otra pequeña lluvia de plumas rosadas. Se sentía importante, se sentía especial y muy, muy feliz.
Pero su emoción duró poco cuando él le preguntó por qué quería volverse fuerte. Elara se quedó un momento en silencio, muy en silencio y con la mirada un poco perdida, porque no sabía cómo explicarle a un hombre tan imponente sus sueños de cambiar el mundo sin que sonara a una tontería. Miró a Dharma con los ojos muy abiertos, notando que él seguía siendo serio, pero que ahora estaba un poco menos tenso, lo cual la animaba un poquito.
— ¡Nee~! Es que... es que el mundo está un poco roto, señor Dharma. Hay gente muy, muy mala que no deja que los demás sean libres, que los explota y que les hace sufrir mucho — explicó ella con su honestidad habitual, aunque su voz sonaba un poco más baja y seria de lo normal. — Y yo quiero ser fuerte para poder... para poder ayudar a esa gente, para que nadie más tenga que llorar por culpa de los malos. Quiero que todos puedan sonreír y que nadie tenga miedo, nee~ — dijo ella con una convicción que no solía mostrar, pero es que para Elara, su causa era muy importante.
Se puso roja, muy roja y muy colorada, cuando él dijo lo de Wano. Ese nombre le sonaba a una tierra muy lejana y muy misteriosa, y el hecho de que Dharma quisiera ir allí y necesitara gente fuerte la puso muy nerviosa. Se quedó mirándolo fijamente, sus sentidos aumentados captando cada detalle de su rostro, buscando alguna pista de si él la consideraría lo suficientemente fuerte para acompañarlo.
— ¿Wano? ¡Nee~! Eso suena a un lugar muy, muy lejano. ¿Y qué vas a hacer allí? ¿Encontrar más guerreros como tú? — preguntó ella con mucha curiosidad, inclinándose un poquito hacia adelante en el taburete. Luego se dio cuenta de lo que había dicho, de lo de "guerreros como tú", y se tapó la boca con la mano, sintiendo que sus mejillas ardían otra vez.
— ¡O sea! ¡Me refiero a guerreros muy fuertes! ¡Muy fuertes y con muchas espadas! ¡Nee~! — intentó arreglarlo, pero solo logró que su voz sonara más aguda y que sus alas dieran pequeños aleteos de puro nerviosismo. — Yo... yo no soy tan fuerte todavía, pero lo intento de verdad. Quizás si me enseñas a usar las espadas como tú, podría ser muy, muy útil para tu viaje, nee~ — soltó de repente, lanzando la propuesta sin pensar, impulsada por su honestidad y por ese fetichismo que la hacía querer estar cerca de Dharma y de sus músculos.
Se quedó esperando la respuesta con el corazón latiendo a mil, con muchísima expectativa. Sabía que era una locura proponerle eso a un pirata que apenas conocía, pero la idea de viajar a un lugar lejano con alguien tan "sólido" como Dharma le parecía una aventura muy emocionante, muy peligrosa y muy, muy atractiva.
Pero su emoción duró poco cuando él le preguntó por qué quería volverse fuerte. Elara se quedó un momento en silencio, muy en silencio y con la mirada un poco perdida, porque no sabía cómo explicarle a un hombre tan imponente sus sueños de cambiar el mundo sin que sonara a una tontería. Miró a Dharma con los ojos muy abiertos, notando que él seguía siendo serio, pero que ahora estaba un poco menos tenso, lo cual la animaba un poquito.
— ¡Nee~! Es que... es que el mundo está un poco roto, señor Dharma. Hay gente muy, muy mala que no deja que los demás sean libres, que los explota y que les hace sufrir mucho — explicó ella con su honestidad habitual, aunque su voz sonaba un poco más baja y seria de lo normal. — Y yo quiero ser fuerte para poder... para poder ayudar a esa gente, para que nadie más tenga que llorar por culpa de los malos. Quiero que todos puedan sonreír y que nadie tenga miedo, nee~ — dijo ella con una convicción que no solía mostrar, pero es que para Elara, su causa era muy importante.
Se puso roja, muy roja y muy colorada, cuando él dijo lo de Wano. Ese nombre le sonaba a una tierra muy lejana y muy misteriosa, y el hecho de que Dharma quisiera ir allí y necesitara gente fuerte la puso muy nerviosa. Se quedó mirándolo fijamente, sus sentidos aumentados captando cada detalle de su rostro, buscando alguna pista de si él la consideraría lo suficientemente fuerte para acompañarlo.
— ¿Wano? ¡Nee~! Eso suena a un lugar muy, muy lejano. ¿Y qué vas a hacer allí? ¿Encontrar más guerreros como tú? — preguntó ella con mucha curiosidad, inclinándose un poquito hacia adelante en el taburete. Luego se dio cuenta de lo que había dicho, de lo de "guerreros como tú", y se tapó la boca con la mano, sintiendo que sus mejillas ardían otra vez.
— ¡O sea! ¡Me refiero a guerreros muy fuertes! ¡Muy fuertes y con muchas espadas! ¡Nee~! — intentó arreglarlo, pero solo logró que su voz sonara más aguda y que sus alas dieran pequeños aleteos de puro nerviosismo. — Yo... yo no soy tan fuerte todavía, pero lo intento de verdad. Quizás si me enseñas a usar las espadas como tú, podría ser muy, muy útil para tu viaje, nee~ — soltó de repente, lanzando la propuesta sin pensar, impulsada por su honestidad y por ese fetichismo que la hacía querer estar cerca de Dharma y de sus músculos.
Se quedó esperando la respuesta con el corazón latiendo a mil, con muchísima expectativa. Sabía que era una locura proponerle eso a un pirata que apenas conocía, pero la idea de viajar a un lugar lejano con alguien tan "sólido" como Dharma le parecía una aventura muy emocionante, muy peligrosa y muy, muy atractiva.
