01-02-2026, 05:32 AM
Elara sentía que se estaba ahogando, se sentía muy ahogada en ese sofá de cuero rojo que estaba tan frío. Todo era demasiado, era una situación demasiado loca y muy, muy fuerte para ella. Sentía que el cuerpo se le ponía flojo, muy flojo por culpa del alcohol y de cómo Maki la tocaba sin parar. Tenía miedo, un miedo muy grande de lo que estaba pasando, pero a la vez sentía un calor que la quemaba por dentro, un calor que no podía controlar de ninguna forma.
Cuando sintió los dedos de Maki bajando por su vientre, Elara soltó un gemido muy largo, un gemido que le dio muchísima vergüenza. Estaba temblando, temblaba mucho y sus alas golpeaban el sillón sin ritmo ninguno, dejando plumas por todos lados. No sabía qué hacer con sus manos, no sabía si empujarla o agarrarse a ella, porque se sentía muy, muy perdida en mitad de tanto beso y tanta saliva.
— ¡M-Maki! ¡Nee~! Para... es que es mucho... me siento muy rara, muy, muy rara — alcanzó a decir con la voz muy bajita, casi como un susurro que se perdía entre los labios de la otra mujer que sabían a miel y a ese licor tan fuerte.
Sentía la lengua de Maki bajando por su abdomen, bajando y bajando hacia su ombligo, y Elara cerró los ojos con mucha fuerza, con muchísima fuerza porque no quería ver lo que estaba pasando. Cuando sintió que los dedos de Maki entraban en ella, la primera vez que sentía algo tan... tan prohibido, Elara soltó un grito ahogado. Estaba muy húmeda, se sentía muy avergonzada de estar tan húmeda por algo que ella pensaba que era un pecado muy feo y muy malo.
— No... no puedo... nee~... me siento como si me fuera a romper en pedazos — murmuró Elara apretando los cojines con los dedos, porque sentía que si se soltaba se iba a caer al vacío.
Veía a Maki tocándose a sí misma mientras movía los dedos dentro de ella, y esa imagen era muy fuerte, una imagen muy intensa que le daba vueltas en la cabeza. Elara sentía que se estaba deshaciendo, que se deshacía del todo en ese sillón de lujo. Sentía mucha pasión, una pasión que la estaba asustando pero que no la dejaba moverse, y solo podía jadear mientras veía cómo la cabeza de Maki bajaba todavía más, acercándose a su sexo de una forma que la hacía temblar de arriba abajo.
— Estás muy loca... estamos las dos muy locas, nee~... esto está muy mal, pero me siento... me siento que voy a explotar — sollozó con el rostro todo rojo, muy rojo y muy caliente, dejando que su cabeza cayera hacia atrás porque ya no tenía fuerzas para luchar contra lo que Maki le estaba haciendo sentir.
Cuando sintió los dedos de Maki bajando por su vientre, Elara soltó un gemido muy largo, un gemido que le dio muchísima vergüenza. Estaba temblando, temblaba mucho y sus alas golpeaban el sillón sin ritmo ninguno, dejando plumas por todos lados. No sabía qué hacer con sus manos, no sabía si empujarla o agarrarse a ella, porque se sentía muy, muy perdida en mitad de tanto beso y tanta saliva.
— ¡M-Maki! ¡Nee~! Para... es que es mucho... me siento muy rara, muy, muy rara — alcanzó a decir con la voz muy bajita, casi como un susurro que se perdía entre los labios de la otra mujer que sabían a miel y a ese licor tan fuerte.
Sentía la lengua de Maki bajando por su abdomen, bajando y bajando hacia su ombligo, y Elara cerró los ojos con mucha fuerza, con muchísima fuerza porque no quería ver lo que estaba pasando. Cuando sintió que los dedos de Maki entraban en ella, la primera vez que sentía algo tan... tan prohibido, Elara soltó un grito ahogado. Estaba muy húmeda, se sentía muy avergonzada de estar tan húmeda por algo que ella pensaba que era un pecado muy feo y muy malo.
— No... no puedo... nee~... me siento como si me fuera a romper en pedazos — murmuró Elara apretando los cojines con los dedos, porque sentía que si se soltaba se iba a caer al vacío.
Veía a Maki tocándose a sí misma mientras movía los dedos dentro de ella, y esa imagen era muy fuerte, una imagen muy intensa que le daba vueltas en la cabeza. Elara sentía que se estaba deshaciendo, que se deshacía del todo en ese sillón de lujo. Sentía mucha pasión, una pasión que la estaba asustando pero que no la dejaba moverse, y solo podía jadear mientras veía cómo la cabeza de Maki bajaba todavía más, acercándose a su sexo de una forma que la hacía temblar de arriba abajo.
— Estás muy loca... estamos las dos muy locas, nee~... esto está muy mal, pero me siento... me siento que voy a explotar — sollozó con el rostro todo rojo, muy rojo y muy caliente, dejando que su cabeza cayera hacia atrás porque ya no tenía fuerzas para luchar contra lo que Maki le estaba haciendo sentir.
