01-02-2026, 08:06 PM
Los ojos descendieron a los cigarrillos que le tendía el rubio, no los iba a desaprovechar, pero por el momento lo primero era terminarse su propio cigarrillo. Su mandíbula se tensó, incómodo ante la mención de su primer día. No iba a decirle que ese encuentro no fue del todo casual, de momento era mejor dejar las cosas tal y como eran.
Su mandíbula se apretó todavía más, con más incomodidad. No podía darle la contraria, por mucho que lo odiara. No respondió, no tuvo el valor de hacerlo, ahora ni siquiera era capaz de verlo a la cara. Lo peor no era eso sino más bien... la risa, la risa ante la comparación del hombre que lo había llevado a esos límites. —No... — apenas salió la palabra con un hilo de voz. Sus ojos ahora fueron a parar en la botella de Burbon que todavía tenía su contenido. Sintió asco de sí mismo, porque lo peor era ser comparado con su jefe. No le hacía gracia, y eso parecía divertirle a Tezca, pero no quiso romper el momento. Prestó más atención al cigarrillo que comenzó a consumir como una chimenea, terminándolo en unas pocas caladas antes de estirar el brazo hasta donde estaban el resto de cigarrillos que le había ofrecido el propio Tezca, encendiendo el segundo.
Su voz, de nuevo, sonó suave, sus dedos se apretaron más en la mano que ahora sostenía la del contrario. Quiso incluso alejarla, sintiendo la ofensa, incluso si la culpa no era de él, al menos hasta que el contrario le apretó un poco más. Sus ojos descendieron a las manos unidas que existía entre ellos. No podía alejarlo, no sin levantar algún tipo de sospecha, pero la sonrisa que hasta entonces había tratado de mantener se había desvanecido en el aire. Ni siquiera cuando la mirada del contrario iba en su dirección y lo sabía lo tuvo en cuenta, solo se enfocó en fumar su cigarrillo, no prestarle atención en sí. Ni siquiera cuando se levantó, solo lo observó, se quedó allí, con la mirada en otra dirección, apagando el segundo cigarrillo en el cenicero que estaba cerca de él e ir ya a por el tercero. No solía ir a por tantos de forma tan seguida, pero el estrés y la situación en ese momento lo estaban abrumando. No conocer qué le ocurría, no saber qué pasaba, la clara falta de bienvenida inicial, incluso el compararlo con su propio jefe. Todos factores que lo incitaban a guardar un silencio que lo destrozaba por dentro.
De nuevo la mirada no fue dirigida a él, no más que ver el pasillo, como una invitación a que se fuera. Sus labios se apretaron entre sí, en una nueva larga calada, el humo cubriendo su rostro. Pero las últimas palabras, “verse en tres horas”. Lo asumió como lo que comprendía, una invitación para marcharse. No hubo un contacto como el habitual y no entendía por qué le molestaba tanto. Se puso en pie, apagando el tercer cigarrillo, encendiendo el cuarto antes de dejar el mechero allí mismo y caminar por el pasillo. —Muy bien... Tres horas... — su voz sonó en un murmuro. Sintió que todos los esfuerzos habían sido en vano y todo por su propia culpa. Ahora caminó, con una mano en el bolsillo, en dirección a la entrada principal.
“Tienen costumbres muy extrañas en tu casa, Jin”
Su mandíbula se apretó todavía más, con más incomodidad. No podía darle la contraria, por mucho que lo odiara. No respondió, no tuvo el valor de hacerlo, ahora ni siquiera era capaz de verlo a la cara. Lo peor no era eso sino más bien... la risa, la risa ante la comparación del hombre que lo había llevado a esos límites. —No... — apenas salió la palabra con un hilo de voz. Sus ojos ahora fueron a parar en la botella de Burbon que todavía tenía su contenido. Sintió asco de sí mismo, porque lo peor era ser comparado con su jefe. No le hacía gracia, y eso parecía divertirle a Tezca, pero no quiso romper el momento. Prestó más atención al cigarrillo que comenzó a consumir como una chimenea, terminándolo en unas pocas caladas antes de estirar el brazo hasta donde estaban el resto de cigarrillos que le había ofrecido el propio Tezca, encendiendo el segundo.

—Tengo motivos para preocuparme.
Su voz, de nuevo, sonó suave, sus dedos se apretaron más en la mano que ahora sostenía la del contrario. Quiso incluso alejarla, sintiendo la ofensa, incluso si la culpa no era de él, al menos hasta que el contrario le apretó un poco más. Sus ojos descendieron a las manos unidas que existía entre ellos. No podía alejarlo, no sin levantar algún tipo de sospecha, pero la sonrisa que hasta entonces había tratado de mantener se había desvanecido en el aire. Ni siquiera cuando la mirada del contrario iba en su dirección y lo sabía lo tuvo en cuenta, solo se enfocó en fumar su cigarrillo, no prestarle atención en sí. Ni siquiera cuando se levantó, solo lo observó, se quedó allí, con la mirada en otra dirección, apagando el segundo cigarrillo en el cenicero que estaba cerca de él e ir ya a por el tercero. No solía ir a por tantos de forma tan seguida, pero el estrés y la situación en ese momento lo estaban abrumando. No conocer qué le ocurría, no saber qué pasaba, la clara falta de bienvenida inicial, incluso el compararlo con su propio jefe. Todos factores que lo incitaban a guardar un silencio que lo destrozaba por dentro.

—Está bien. ¿Al menos me dejas ayudarte a limpiar?
De nuevo la mirada no fue dirigida a él, no más que ver el pasillo, como una invitación a que se fuera. Sus labios se apretaron entre sí, en una nueva larga calada, el humo cubriendo su rostro. Pero las últimas palabras, “verse en tres horas”. Lo asumió como lo que comprendía, una invitación para marcharse. No hubo un contacto como el habitual y no entendía por qué le molestaba tanto. Se puso en pie, apagando el tercer cigarrillo, encendiendo el cuarto antes de dejar el mechero allí mismo y caminar por el pasillo. —Muy bien... Tres horas... — su voz sonó en un murmuro. Sintió que todos los esfuerzos habían sido en vano y todo por su propia culpa. Ahora caminó, con una mano en el bolsillo, en dirección a la entrada principal.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
