02-02-2026, 02:54 AM
Día 62, primavera. Año 17.
—...
¿En serio, Hasegawa? ¿Es en serio?
Hae-won no tenía una buena dosis de sueño desde hace días. La realidad a veces podía ser bastante cruel y ella, con sueño ligero, no es capaz de conciliar con facilidad eso que es tan importante para el organismo humano. De más está decir que la situación no ayuda a su humor precisamente, sin embargo, la idea de llegar a tiempo y de manera segura a su nuevo destino es mucho más reconfortante de lo que piensa.
Aún así, no deja de observar a su compañero de trabajo con los brazos cruzados y la mirada seria.
—Hmmmmm…
En esos momentos lo que tendría que hacer sería golpearlo. Manejar su paciencia es una de las tareas más grandes que tiene; el desarrollo de la misma se lo debe a su mejor amiga, con sus arrebatos y sus locuras la dotó de ese fruto espiritual con el que puede lidiar con este tipo de situaciones.
—Hasegawa —Su tono de voz es muy bajo, pero se hace oír—... Yo sé que soy bajita, y creo que incluso soy la más joven del grupo pero, por favor, no lo hagas tan evidente —Lleva el cabello detrás de la oreja, inconsciente, como todos los días—. Aquí una estaba tratando de usar tacones para nivelar un poco las alturas… y ni así, porque es muy incómodo llevar ese tipo de zapatos todo el tiempo.
Ahora mismo, está usando calzados bajos porque se niega en rotundo a ponerse unos stilettos de diez centímetros para bajar de un barco.
Suspira cuando se da cuenta de que el foco de atención de ese caballero ahora se centra en su nueva compañera de trabajo. Negar con la cabeza es un gesto que nace de manera natural cuando siente que el alivio invade su sistema; toma una de las maletas y enfrenta la inmensidad de nueva tierra con mayor tranquilidad. Inhala una buena cantidad de aire y observa la inmensidad del cielo.
Los Blues tienen su encanto, de alguna manera.
—Omuyaga, espera —La dama da un par de pasos para apresurarse y acercarse a su compañero—. Te acompaño —Sonríe con educación—. Imagino que debemos ir a las oficinas para pedir el barco y todo eso. No estoy muy acostumbrada a la burocracia de la profesión, así que pido disculpas de antemano por eso.
Por lo que tiene entendido, además de presentar una solicitud para la adquisición de una unidad naval para poder moverse, también tienen que encontrarse con el compañero restante, que está trabajando de manera efectiva en esta isla. Choi sabe que tiene mucho que hacer, no solamente ayudar en esta gestión. Debe buscar un trabajo o cumplir algún tipo de misión para colaborar con la marina de manera tal que pueda sentirse útil. Mira hacia atrás antes de dar los últimos pasos para bajar del barco, esperando que sus compañeros y mejor amiga no hayan tenido contratiempos más allá de los esperables.
Baterilla, la división setenta y cinco ha llegado a tus puertas.
A ver qué sale de esto.
