02-02-2026, 07:20 AM
Narrador / María Merlot
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Eh?.., A..., Este..., Yo...
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Eh?.., A..., Este..., Yo...
María observó de reojo a su compañero alado de esa tarde. Sus balbuceos la hicieron sonreír, solía causar esa impresión en varias personas cuando sus palabras fluían sin control. Tal vez debió ser más comedida, más como “una señorita”. Así fue como la llamo él ¿No? Pero antes de poder procesar más allá, se volvió a distraer con su fortaleza de arena, que hasta ese momento parecía más bien un proyecto fallido a los ojos de cualquiera, sin embargo, ella podía ver su potencial. Alguien como ella, que quería conocer los secretos del mundo… social, debía ser buena observado ¿Cierto?
Él, luego de un desconcierto que se reflejo en sus ojos, termino sentado en la arena, como por inercia o por haber perdido aquella batalla de palabras o tal vez solo se mareo por tantos vocablos dicho a la vez… ¿Debería llamar a su médico para que lo ayudará? No, él se veía bien, solo un poco aturdido, normal cuando se enfrentan a su vendaval de pensamientos caóticos. Ella continuo con su construcción, mientras lo dejaba estar, porque parecía que algo colisionaba en su interior… ¿Por qué lo sabía? Su ceño fruncido, el desconcierto en sus ojos, ese leve movimiento de sus alas que dejo caer algunas plumas; no había que ser muy perceptivo para darse cuenta. ¿Tendría algún problema? ¿Acaso ella podría ayudarlo? Le hubiera preguntado pero otra pluma cayo, tan blanca como una nube, y recordó la pluma negra que tenía, se la había regalado Brownie, quien tenia alas… pero tan oscuras como la noche misma, totalmente diferente al cálido muchacho.
Una sonrisa encantadora se formo en los labios de María cuando lo vio intentar levantar parte del Castillo. Y ahí estaba otra vez, esa introspección que en la cabeza de la celeste se traducía como todo un mundo interior… ¿estaría peleando con reyes marinos? ¿salvando a alguna princesa atrapada en una torre de arena? No lo sabía, pero esperaba que ganara, y derrocara a los malos. Ella volvió su atención a su tercera torre, su proyecto iba bien, muy bien y ahora con el joven pelinegro iba a mejorar de manera exponencial.
Él, luego de un desconcierto que se reflejo en sus ojos, termino sentado en la arena, como por inercia o por haber perdido aquella batalla de palabras o tal vez solo se mareo por tantos vocablos dicho a la vez… ¿Debería llamar a su médico para que lo ayudará? No, él se veía bien, solo un poco aturdido, normal cuando se enfrentan a su vendaval de pensamientos caóticos. Ella continuo con su construcción, mientras lo dejaba estar, porque parecía que algo colisionaba en su interior… ¿Por qué lo sabía? Su ceño fruncido, el desconcierto en sus ojos, ese leve movimiento de sus alas que dejo caer algunas plumas; no había que ser muy perceptivo para darse cuenta. ¿Tendría algún problema? ¿Acaso ella podría ayudarlo? Le hubiera preguntado pero otra pluma cayo, tan blanca como una nube, y recordó la pluma negra que tenía, se la había regalado Brownie, quien tenia alas… pero tan oscuras como la noche misma, totalmente diferente al cálido muchacho.
Una sonrisa encantadora se formo en los labios de María cuando lo vio intentar levantar parte del Castillo. Y ahí estaba otra vez, esa introspección que en la cabeza de la celeste se traducía como todo un mundo interior… ¿estaría peleando con reyes marinos? ¿salvando a alguna princesa atrapada en una torre de arena? No lo sabía, pero esperaba que ganara, y derrocara a los malos. Ella volvió su atención a su tercera torre, su proyecto iba bien, muy bien y ahora con el joven pelinegro iba a mejorar de manera exponencial.
A... Si, te refieres a Kelvin. El tiende a hacer esas cosas
Su voz la hizo levantar la mirada de su obra de ingeniería justo a tiempo para verlo sonreír. ¿Él sabia sonreír? ¡Si, lo sabía! Fue tenue pero suficiente para que su rostro adquiriera un matiz atractivo e inalcanzable, como si hubiera presenciado algo que pasaba una vez cada mil años. Aunque sonreír y reír no era complicado, quizás si ella tomaba una de esas plumas y lo acaricia con ésta en partes estratégicas de su cuerpo lo haría carcajearse con mucho ímpetu. La idea la borró de su cabeza, él se sentía distante, aunque amable. No quería incomodarlo, solo quería divertirse construyendo un castillo y pasando el tiempo… para no tener que pensar en las consecuencias que el foso dejo en su tripulación.
Lo vio mirar el mar, como si buscará algo en la distancia. ¿Aceptará su idea de enseñarlo a nadar? Ella volvió la atención a la arena y continúo apilándola, y dándole forma deformada, en su cabeza estaba quedando perfecto.
Lo vio mirar el mar, como si buscará algo en la distancia. ¿Aceptará su idea de enseñarlo a nadar? Ella volvió la atención a la arena y continúo apilándola, y dándole forma deformada, en su cabeza estaba quedando perfecto.
Aag… ugh
Sus respuestas venían en sonidos que no lograba descifrar pero que le resultaban divertidos, y la hacían sonreír. Es como si no encontrará las palabras, palabras que a ella le sobraban… por primera vez conoció a alguien que no tenía mucho que decir, o quizás si tenía mucho que decir, pero no lograba materializarlo, su voz no salía y formaba palabras. ¿Necesitaría que ella revisara su boca en busca de los vocablos perdidos? Se imagino mirando dentro de su cavidad con una de las paletas de Hyakinthos pero no sabría que buscar para encontrar su voz. Tal vez debería darle un beso, el beso curo a su peluche… o eso fue lo que ella asimilo, luego del relato del medico rosado.
Lo vio levantarse, extender sus preciosas alas blanca… ¡Un Ángel! El movimiento la distrajo e hizo sonreír con alegría mientras un pensamiento se gestaba en su mente ¿Podría volar? El masculino empezó a hablar, un poco más, ya no eran simples balbuceos, los ojos de María brillaron, le gusto su voz… tranquila y sin prisas, tímida pero cálida. Entonces si iba dentro de su amigo gigante, como Thrym llevaba a Cara Melo. Ella tenia que alguna vez intentarlo, meterse en la ropa de su gigante, o del gigante de él. Lo vio buscar algo, la curiosidad de ella burbujeo a la expectativa... porque ya había descubierto un misterio, el nombre del gigante: Kelvin.
Lo vio levantarse, extender sus preciosas alas blanca… ¡Un Ángel! El movimiento la distrajo e hizo sonreír con alegría mientras un pensamiento se gestaba en su mente ¿Podría volar? El masculino empezó a hablar, un poco más, ya no eran simples balbuceos, los ojos de María brillaron, le gusto su voz… tranquila y sin prisas, tímida pero cálida. Entonces si iba dentro de su amigo gigante, como Thrym llevaba a Cara Melo. Ella tenia que alguna vez intentarlo, meterse en la ropa de su gigante, o del gigante de él. Lo vio buscar algo, la curiosidad de ella burbujeo a la expectativa... porque ya había descubierto un misterio, el nombre del gigante: Kelvin.
Como este pequeño amigo
Su boca formo una perfecta “O” mientras sus ojos brillaban al ver a la pequeña Piruleta, así le decía ella a los Den Den Mushi. Ella tenia dos, uno que le permitía hablar con sus nakamas, otro que le permitía escuchar conversaciones privadas, después de todo era una cotilla por naturaleza. La Piruleta tenía una mata de cabellos negros, alitas y una sonrisa que disparo una flecha hasta el corazón de la semi sirena que se acercó para verlo mejor — ¡Lindo! — admitió encantada porque las alitas le daban un toque especial, el de ella tenia escamas y cabello celeste. Aunque ella, si era honesta, no tenía esa manera de hacerlos salir de sus caparazones, verlo agitarlo la hizo soltar una suave risa sirenezca.
Este es Hato, puede ser el guardián del castillo, el que no dejara entrar a los cangrejos malvados
Sus frases eran más largas, él la había escuchado y le estaba respondiendo, siguiendo su juego al pie de la letra y pensando más allá del castillo y sus amenazas. Los ojos ámbar brillaron con emoción mientras lo veía colocar al pequeño guardián en su fortaleza — Hola, Hato. Eres nuestro guardián, no dejes que ningún cangrejo malvado conquiste el castillo. Si cumples con tu noble misión, el Príncipe Alado te nombrara cabello de la orden — mientras ella hablaba con el caracol el pelinegro traía una pluma y la clavaba en una de las torres, decretando que ahí irían los que se parecían a él. María solo puso asentir y sonreír con alegría, era perfecto, todo había quedado mejor que en su imaginación.
Él la había escuchado.
Él había actuado siguiendo sus locuras.
Él era un príncipe alado.
Él había actuado siguiendo sus locuras.
Él era un príncipe alado.
Y mucho más cuando la sonrisa de sus acciones se reflejó en sus labios. Tal vez, y solo tal vez, el mundo interno del Ángel podía ser exteriorizado… a ella le gustaría conocer sus quimeras internas, y seguir viendo aquel amable y sonriente rostro, que la animo y contagio con su júbilo contenido. Deberían intercambiar frecuencias de piruletas y continuar su amistad naciente, aunque fuera en la distancia — … Es perfecto — comento María viendo el final de la construcción, no había nada más que mejorar porque ya tenia la esencia de las escamas y plumas. Antes de poder hacer algo más, él continuo…
Veras…
Se detuvo un momento, lo que hizo que María lo observara inclinando un poco su cabeza hacia la izquierda y haciendo que su largo cabello celeste cayera como cascada hacia ese lado. Esperaba sus palabras, como quien esperaba el agua en un desierto… ¿Qué podría decir, entre titubeas, una persona reservada? Su voz llego hasta la mestiza, sintió que dudaba, pero aun así soltó aquella petición.
Cosas útiles en el naufragio.
Ir a nadar.
Acompañarlo.
Ir a nadar.
Acompañarlo.
La celeste parpadeo dos veces, procesando lo que el Príncipe Alado le estaba pidiendo. ¡Ir nadar! No importaba la razón, ella amaba nadar. María le sonrió al tiempo que se sacudía las manos — … Si, claro que sí. Soy muy buena nadando. Mira… — la chica se quito la camisa blanca que fungía como chaqueta, se dio la media vuelta al tiempo que con la diestra retiraba su largo cabello celeste, dejando al descubierto sus preciosas escamas celeste que al sol parecían resplandecer como tornasol — … si, yo puedo nadar… ¿tu puedes valor? — le pregunto con curiosidad inocente, ella nunca había volado… ¿él la podría hacer nadar por las nubes? La idea la hizo revolotear de felicidad al tiempo que amarraba la camisa a su cintura y deja a la vista más piel, porque su top blanco no es que fuera muy abrigador — … el castillo ya está listo, podemos ir hacia el naufragio — comento tomando a la pequeña Piruleta con cuidado entre sus manos y dándole un beso en su cabecita — … felicidades soldado Hato, usted ha cumplido su misión satisfactoriamente, puede volver a su retiro caracolistico como caballero de la orden de escamas y plumas — comento con voz de lo que ella asumió sería un marine para extendérselo al pelinegro. No podían irse y dejarlo solito en ese castillo de arena.
María vio al alado, luego al mar, luego llevo su diestra a su mentón pensativa pero no duro mucho porque se dio cuenta que tenía arena y procedió a limpiarla. ¿La había tenia todo ese tiempo? ¡Que bochorno! ¡Que divertido! — ¿Tengo más arena en la cara? — le pregunto acercándose a él para que viera mejor, pero con la diferencia de altura quizás él tendría que inclinarse — … tu aun tienes en el cabello. Ven, baja la cabeza que te ayudo a sacudirte — estiro sus manos poniéndose de puntillas y estirando sus brazos a todo lo que podía para poder ayudarlo, ella estaba muy, muy cerca de él, separados por centímetros. El espacio personal no tenia significado para ella — ¿Por qué eres tan alto? ¡Todos parecen ser más altos que yo! No sé dónde esta el naufragio, aunque si tu me llevas volando y me tiras al mar, yo lo busco en las profundidades — comento dejando de estar en puntillas, e indicándole que era muy mala orientándose, si él los llevaba, ella por supuesto que lo ayudaría — … pero tendrás que entrar al mar conmigo, me pierdo… y distraigo con facilidad, pero tal vez verte en la superficie me ayudaría a mantenerme orientada… o como mínimo enfocada. ¿No te pasa? ¡Qué de pronto más por aquí, pero terminas yendo por allá! — hablo riendo a lo ultimo porque a ella siempre le pasaba, y terminaba perdida.
María vio al alado, luego al mar, luego llevo su diestra a su mentón pensativa pero no duro mucho porque se dio cuenta que tenía arena y procedió a limpiarla. ¿La había tenia todo ese tiempo? ¡Que bochorno! ¡Que divertido! — ¿Tengo más arena en la cara? — le pregunto acercándose a él para que viera mejor, pero con la diferencia de altura quizás él tendría que inclinarse — … tu aun tienes en el cabello. Ven, baja la cabeza que te ayudo a sacudirte — estiro sus manos poniéndose de puntillas y estirando sus brazos a todo lo que podía para poder ayudarlo, ella estaba muy, muy cerca de él, separados por centímetros. El espacio personal no tenia significado para ella — ¿Por qué eres tan alto? ¡Todos parecen ser más altos que yo! No sé dónde esta el naufragio, aunque si tu me llevas volando y me tiras al mar, yo lo busco en las profundidades — comento dejando de estar en puntillas, e indicándole que era muy mala orientándose, si él los llevaba, ella por supuesto que lo ayudaría — … pero tendrás que entrar al mar conmigo, me pierdo… y distraigo con facilidad, pero tal vez verte en la superficie me ayudaría a mantenerme orientada… o como mínimo enfocada. ¿No te pasa? ¡Qué de pronto más por aquí, pero terminas yendo por allá! — hablo riendo a lo ultimo porque a ella siempre le pasaba, y terminaba perdida.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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