02-02-2026, 04:25 PM
¿Quién extorsionó a mi memoria? Y otras preguntas que no deberías hacer si quieres conservar la tuya
Introducción
Durante las últimas semanas en Isla Baterilla, un rumor ha crecido como pólvora en las tabernas del puerto: una banda de bandidos está extorsionando a los pescadores locales, asfixiando el comercio y dejando a la gente más humilde sin su sustento.
Tú, decidido a poner fin a esta situación, has seguido el hilo de los rumores, recopilado información y finalmente te has lanzado a la aventura, recorriendo senderos escarpados hasta llegar al volcán de la isla.
Al llegar, esperabas encontrar guardias armados, trampas y criminales hostiles… pero lo que te recibe es otra cosa: un campamento extraño, donde las estructuras parecen haber envejecido décadas en días, y donde la actividad no tiene sentido aparente.
Aquí, entre lonas raídas y cajas dispersas, alguien dejó un mensaje: «Interior del volcán, hoy a la tarde».
29 de primavera del año 17
En la cara norte de Baterilla, donde la falda del anciano volcán se retuerce entre una frondosa maraña de vegetación, se alza un joven asentamiento que exhala una poderosa aura de decrepitud. Allí, las estructuras parecen haber envejecido décadas en apenas unos días, como si el lugar hubiera decidido saltarse directamente la etapa de prosperidad hasta el declive absoluto.Y es que, poco tiempo atrás, cualquier observador con un poco de consciencia sobre lo que estaba ocurriendo en la ciudad habría identificado ese bullicio de lonas, sudor y madera como el feudo de Don Átivos, un espécimen de avanzada edad cuya única ambición —ganar mucho y trabajar nada— solo es superada por su convincente verborrea.
En otras palabras, aquel era el hogar de su banda a quienes había tenido la ocurrencia de bautizar como F.I.S.C.O. —Fuerza Inmediata de Solicitud de Contribuciones Obligatorias —, un acrónimo tan pomposo como ridículo en un burdo intento por camuflar sus extorsiones bajo la semántica legal, como si cambiar el nombre de la patología bastara para curar el crimen.
Sin embargo, lo que hasta entonces había sido un campamento hostil y ruidoso se reducía ahora a un espacio fantasmal, donde la presencia de hombres amenazantes había transmutado en la de almas en pena deambulando con las pupilas dilatadas, la mirada perdida y un hilo de saliva recorriendo la comisura de los labios como si sus cerebros hubieran sufrido un golpe casi mortal.
¿De verdad podían ser aquellos los extorsionadores que Enji buscaba?
Los barriles con pescado relativamente fresco que rodaban por el suelo parecían indicar que sí. Al fin y al cabo, el modus operandi de los F.I.S.C.O. consistía en reclamar a los pescadores un pago por faenar en su propia área —a no ser que no pudieras afrontar la inmensamente ridícula suma exigida, en cuyo caso podías hacerlo en especies.
Una aplicación creativa —aunque poco ética— de la ley de oferta y demanda, con la salvedad de que solo una de las partes parecía haber sido informada.
Además, por si aquella muestra de culpabilidad no fuera suficiente, todavía quedaban hombres con las ropas del F.I.S.C.O custodiando el campamento de proporciones desmesuradas. Aunque, la verdadera pregunta no era si aquel lugar pertenecía a los bandidos o no. Sino quién en su sano juicio necesitaba tantas tiendas de lona raída y espacios comunes extendiéndose como una mancha de aceite, cuando los informes hablaban de únicamente cuatro hombres y ninguno de ellos especialmente dado a la vida comunitaria.
Sin embargo, en un gesto de ironía perfectamente innecesario, el día había amanecido con un sol vibrante y un calor asfixiante, completamente ajeno al estado del campamento, y no parecía tener la menor intención de aflojar. Ya que, incluso ahora, a tu llegada a primera hora de la tarde, cuando el sol ya había superado su cenit, la humedad retenida por la selva se adhería a la piel de los presentes como una segunda perlada capa innecesaria, espesando el aire hasta volverlo casi masticable.
Mas, es una suerte para Enji que el aire esté muerto y que ni una brizna de viento se atreve a cruzar el campamento hoy. Pues, de no ser así el hedor de los barriles, la peste a mar putrefacto, le habría golpeado como un puñetazo tan solo llegar. Y, si por cualquier motivo eso no le hubiera hecho vomitar, el pestoso perfume de las tiendas, ediondo olor a humanidad sucia y babas —ese rastro viscoso y brillante que dejan los bandidos que han olvidado cómo tragar saliva— quizás lo habría logrado.
¿Definitivamente es una suerte que el silencio atmosférico actúe como una campana de cristal, atrapando los olores en burbujas invisibles, no crees? Porque, de otro modo, cada paso de Enji habría desencadenado un concierto de aromas tan insultantemente precisos que hasta los fantasmas del campamento se habrían apartado con gesto de repulsión. Los cuales, dispersos por el terreno como marionetas olvidadas por un titiritero retirado, se encontraban haciendo todo tipo de actividades sin sentido.
Y si no me crees, basta con mirar al bandido más cercano al marine, posicionado justo a la entrada de una cabaña de lona color verde oliva, inclinado sobre una caja de madera de poco más de un metro de altura; de él apenas se ve la parte inferior, como si el resto del cuerpo hubiera decidido ausentarse por propia voluntad. Y si prestas atención, podrás escuchar manotazos que recuerdan al movimiento coordinado de alguien nadando.
¿Será que tanto tiempo rodeado de peces muertos le ha hecho creerse uno de ellos? Es difícil asegurarlo a simple vista, pero esos pantalones militares de color azul oscuro podrían recordarte perfectamente a la cola de un tritón.
Por el contrario, los dos que parecen inspeccionar la hojarasca con tal ahínco que uno habría jurado que esperaban descubrir algún milagro vegetal escondido en ella, son —aparentemente– de lo más normales. Si tan sólo no fuera por esa expresión infantil e ilusionada, podrías observar lo verdaderamente intimidantes que son.
Y no, no hablo de que sean simios. Sino del tamaño gigantesco te tienen. Sobre todo rubio de cabello en punta que parece tener músculos en los músculos. O de las intimidantes cicatrices que tiene el otro, bulbosas y lilaceas, que sobresalen por todo su cuerpo; ambos visten con camisetas negras con las letras de F.I.S.C.O. malpintadas luciendo orgullosas de color blanco y unos pantalones del mismo color que su compañero.
A la izquierda de estos hombres se apila una montonera de cajas, dos de ellas dispuestas como mesas improvisadas, con papeles dispersos que demuestran que en esa zona hubo actividad intelectual no hace demasiado tiempo. Un quinqué y bolígrafos completan el caos.
Tras toda esa montonera, otra tienda muestra un manchón que parece letras, aunque por donde llegas no puedes distinguirlas. Tendrás que acercarte. Y si lo haces, verás que, oculto por el ángulo, el tercero continúa removiendo un caldero con gestos torpes, concentrado en su tarea absurda como si fuera el acto más importante del mundo.
Información
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
