02-02-2026, 04:26 PM
Los ojos de Jin se elevaron. Sus ojos revelando al fin el estrés, la tortura mental a la que se estaba viendo sometido y a la que lentamente iba cayendo. —Tú no sabes nada. — Se silenció de repente, su voz se había vuelto firme, serio, por un momento incluso le tembló la voz.
No detalló si era a su jefe, pero estaba claro a qué se refería. Todo bajo grandes precauciones. Como ya se había habituado, y ahora no deseaba en absoluto que Tezca se viera involucrado en un mayor peligro. Desde luego que no. Incluso en ese estado, la seguridad del rubio seguía siendo su máxima prioridad. Descendió su mano, viendo el agua frente a él. Lo único que quería era fumar... Solo fumar hasta toser que sus pulmones cedieran.
Elevó su mano, llamando de vuelta a la camarera. Al fin, pudo pedir un encendedor, haciendo que aquellos temblores y sudores fríos finalmente, aunque de forma leve y lenta, fueran disminuyendo poco a poco. Una calada, larga. ¿Cuántos iban ya? Ni él lo sabía. —Traiga también vino. — Ahora quien quería emborracharse era él. No prestó siquiera atención al menú, ni siquiera cuando sus ojos estaban enfocados en la hoja que estaba frente a él. Pidió lo primero que vio recomedado y lo dejó sobre la mesa, acercando el cenicero para lanzar las cenizas. Por supuesto, también tomó prestado temporalmente el mechero, que la camarera solo disfrutó con una leve sonrisa, no solo observándolo a él, sino también al rubio.
—…¿Qué tanto me vigilaron tus trabajadores? ¿Desde hace cuanto? ¿Cómo… supieron que me hospedaba?
La esperada... o no tan esperada quizás, pregunta, llegó. Sus ojos se elevaron a la altura de su pecho, donde el colgante brillaba con aquella ropa, sobre su pecho. Cerró los ojos, sentía que eso no iba a acabar nada bien.
Sonó frío, acercando la copa de vino en el momento que la propia botella llegó, llenando solo su propia copa. Suficiente había tomado el contrario. Qué irónico. Solo que, a diferencia de él, Jin sabía tolerar mejor el alcohol. —Igual que tú no indagaste demasiado, no voy a indagar tampoco sobre tu vida. Tienes el derecho de guardar secretos. — No lo dijo directamente, no lo haría. Tampoco diría si había estado o no allí, incluso si las huellas de sus zapatos habían quedado en el polvo de aquella casa destartalada que todavía estaba registrada en documentos. Elevó su mano, con el cigarrillo entre sus labios. Abrumado, estresado, cansado... La idea de verse como su jefe lo estaba agobiando de sobremanera.
Hizo una pausa, sin apartar su mano, el humo solo se elevaba por encima de su cabeza. —Solo somos amantes, y trabajas para mí. No tienes por qué preocuparte de lo que pase o deje de pasarme. Ahora mismo quien te tiene que proteger soy yo. — Por mucho que su pecho lo oprimiera al mencionar esas palabras, era lo mejor. Sí, era lo mejor. —Como te he dicho, no preguntaré ni indagaré sobre... lo que sea. — Apartó su mano de su rostro, dando una nueva larga calada. —Puedes estar tranquilo, sigues teniendo un trato preferencial.
—El encuentro no es algo que se deba hablar en público, sé que lo sabes.
No detalló si era a su jefe, pero estaba claro a qué se refería. Todo bajo grandes precauciones. Como ya se había habituado, y ahora no deseaba en absoluto que Tezca se viera involucrado en un mayor peligro. Desde luego que no. Incluso en ese estado, la seguridad del rubio seguía siendo su máxima prioridad. Descendió su mano, viendo el agua frente a él. Lo único que quería era fumar... Solo fumar hasta toser que sus pulmones cedieran.

—Bien. Cenemos.
Elevó su mano, llamando de vuelta a la camarera. Al fin, pudo pedir un encendedor, haciendo que aquellos temblores y sudores fríos finalmente, aunque de forma leve y lenta, fueran disminuyendo poco a poco. Una calada, larga. ¿Cuántos iban ya? Ni él lo sabía. —Traiga también vino. — Ahora quien quería emborracharse era él. No prestó siquiera atención al menú, ni siquiera cuando sus ojos estaban enfocados en la hoja que estaba frente a él. Pidió lo primero que vio recomedado y lo dejó sobre la mesa, acercando el cenicero para lanzar las cenizas. Por supuesto, también tomó prestado temporalmente el mechero, que la camarera solo disfrutó con una leve sonrisa, no solo observándolo a él, sino también al rubio.
—…¿Qué tanto me vigilaron tus trabajadores? ¿Desde hace cuanto? ¿Cómo… supieron que me hospedaba?
La esperada... o no tan esperada quizás, pregunta, llegó. Sus ojos se elevaron a la altura de su pecho, donde el colgante brillaba con aquella ropa, sobre su pecho. Cerró los ojos, sentía que eso no iba a acabar nada bien.

—Más de lo que te gustaría quizás.
Sonó frío, acercando la copa de vino en el momento que la propia botella llegó, llenando solo su propia copa. Suficiente había tomado el contrario. Qué irónico. Solo que, a diferencia de él, Jin sabía tolerar mejor el alcohol. —Igual que tú no indagaste demasiado, no voy a indagar tampoco sobre tu vida. Tienes el derecho de guardar secretos. — No lo dijo directamente, no lo haría. Tampoco diría si había estado o no allí, incluso si las huellas de sus zapatos habían quedado en el polvo de aquella casa destartalada que todavía estaba registrada en documentos. Elevó su mano, con el cigarrillo entre sus labios. Abrumado, estresado, cansado... La idea de verse como su jefe lo estaba agobiando de sobremanera.

—Tú mismo lo has dicho.
Hizo una pausa, sin apartar su mano, el humo solo se elevaba por encima de su cabeza. —Solo somos amantes, y trabajas para mí. No tienes por qué preocuparte de lo que pase o deje de pasarme. Ahora mismo quien te tiene que proteger soy yo. — Por mucho que su pecho lo oprimiera al mencionar esas palabras, era lo mejor. Sí, era lo mejor. —Como te he dicho, no preguntaré ni indagaré sobre... lo que sea. — Apartó su mano de su rostro, dando una nueva larga calada. —Puedes estar tranquilo, sigues teniendo un trato preferencial.
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