05-11-2023, 01:29 PM
Daryl e Irina. Esos eran los nombres de las personas que trabajaban, como Alzeid, para el Cipher Pol. Parecían personas interesantes a los ojos de Alzeid, aunque todavía tenía que conocerlas mucho más a fondo para poder confirmar esta posibilidad. – Es un placer conoceros. – Contestó con una sonrisa, mientras mantenía agarrado a aquel civil con su mano izquierda. Irina no parecía una persona muy habladora, quizá porque necesitase tener algún vínculo previo, o quizá porque era igual que Alzeid si éste no tuviese una fachada las veinticuatro horas del día. Pero la situación se estaba poniendo, por fin, muy interesante. – Nos lo vamos a pasar muy bien a partir de ahora todos juntos. – Continuó con su respuesta, acercando su cara al rostro del hombre que tenía sujeto. – ¿Verdad? – Sonrió. El civil parecía ciertamente asustado y no estaba oponiendo ninguna resistencia, como era de esperar. ¿Quién querría hacerlo en una situación así? Pero no nos engañemos. A Alzeid no le gustaba este sentimiento de superioridad y no lo buscaba. Lo que él buscaba trascendía más allá de lo meramente corporal. Quería conocer cómo eran las personas y, para eso, era necesario abrirlas. Lanzó hacia la pared al civil y con la mano derecha desenfundó su katana, realizando un tajo vertical que partiría en dos mitades la sudadera de su objetivo, dejando su torso completamente expuestos. – Veamos qué podemos encontrar por aquí... – Lamió el filo de la espada justo antes de volver a enfundarla. Y, rápidamente, se agachó para situarse a la misma altura que el civil, colocando su cara contra su pecho, concretamente su oreja izquierda. – Tu alma me dice... que algo guardas, ¿verdad? ¿Qué sabes? – Preguntaba de forma incesante mientras levantaba la cabeza hasta situarla a la misma altura que la del joven. A veces usaba la excusa de que las almas hablaban para validar sus acciones, aunque en realidad él sí que escuchaba una voz. Pero era suya. Era como una reacción que auto-generaba después de leer el contexto.
Pero en medio de este interrogatorio, un par de compañeros huyeron del lugar. Crear un alboroto no sería la mejor idea, ¿pero quién le iba a decir algo al Cipher Pol? De cualquier manera, Irina pareció haber obtenido la información que necesitaban para su misión, dejando libre a la persona presa que tenía bajo su tacón. Alzeid hizo lo mismo. Se separó del civil y con su mano derecha le indicó el camino. – Parece que ya tenemos lo que queremos. Aunque tu alma todavía me está llamando, así que duerme con un ojo abierto. – Le guiñó un ojo, mientras el joven huía despavorido de la zona. Su alma era naranja, una de las peores cosas que podía suceder. Y, por fin, Irina comenzó a dirigirse a Alzeid de forma directa. Aparentemente, se mostraba colaborativa, igual que Daryl, con recibir la ayuda del maníaco e incluso le explicó con detalle la misión en la que se encontraban. – Parece mucho más interesante vuestra misión que la que me encomendaron a mí. Así que será un placer poder colaborar. – Tenía una gran sonrisa en el rostro, estaba contento por este nuevo encuentro. – Quizá si encontramos a ese tal Glatus podré ver si tiene algún tipo de vínculo con una supuesta revuelta que unos eruditos quieren hacer con el gobierno mundial. – Bostezó. – Qué aburrido me parece. ¿Por qué se iban a juntar un par de ancianos a organizar una ofensiva contra el gobierno cuando les quedarán cinco años de vida? – De encontrarlos, seguramente esos cinco años se volverían segundos. – Un señor me ha dejado una casa cerca de una expedición que está ubicada en el árbol central. Si os apetece, os puedo invitar a esa mansión. – En realidad, había engatusado al señor para que le dejase su hogar de forma temporal. Cuando cayó en las redes de Alzeid, ya era demasiado tarde.
Pero a Irina también pareció interesarle algo de lo que Alzeid había dicho. Que sus almas resuenan... – Ciertamente, así lo creo. Me encantan las almas y creo que los cuerpos son sólo vasijas que las encierran. Cuando hay grietas... las almas gritan, piden ayuda... o sonríen. La tuya y la mía sonríen, encerradas en una penumbra. A veces parece incluso que danzan, como cuando lanzaste ese taconazo. – Comenzó a danzar, dando vueltas sobre sí mismo. Se estaba excitando. Vio en Irina a alguien que podría compartir sus gustos macabros y eso le gustaba. Daryl parecía más reservado, pero acabaría sucumbiendo. – Y ahora tu alma quiere encontrar a Glatus y jugar con él. Está emocionada. – Se volvió a lamer la herida del dedo índice. – Y... las almas no tienen género. – Le guiñó un ojo. En realidad, él se refería a sí mismo como un hombre pero por una cuestión social. Si pensaba sobre ello, no encajaba en los cánones establecidos para su género, por lo que seguramente se clasificara como una persona no binaria. – Las almas de aquellos civiles estaban pidiendo ayuda. Quería salir de esos cuerpos y no las hemos ayudado. Eso significa que no durarán mucho tiempo con vida, ya que las almas siempre buscan una grieta por la que salir cuando no están cómodas. – Sentenció. Por supuesto, Alzeid no “veía” las almas. Pero sí que, como si padeciese sinestesia, asociaba colores a las personas tan pronto las veía. Aquellas con colores alegres eran las almas que buscaban escapar. La de Irina y la suya eran completamente negras. – Eso o... alguien les da la mano para que salgan de allí. Eso hago yo. Salvo almas. – Sonrió de forma macabra.
