03-02-2026, 07:47 AM
[personajeinvalido=3118]
Ah, la información… ¿Había algo más hermoso y a la vez más útil que eso? Tal vez no. ¿Y algo más cruel que negarla, que guardarla como un arma silenciosa? No quería ser parte de esa crueldad, no, al menos no desde el lado de quien la esconde. Al final del día, la información siempre termina compartiéndose; solo cambia a quién se le concede ese privilegio, quién la merece de verdad.
Lo único que no podía aceptar era la ignorancia. No saber. Porque yo… yo necesito saber. Me gusta saber.
Sobretodo cuando había encontrado una mina de oro.
Al terminar uno de mis más recientes trabajos, en lugar de pagarme con berries como era lo usual me dio información, igualmente apreciada por supuesto, sobre algo que no esperaba. “Habrá una reunión en un bar de la zona, Norova…” Su voz era venenosa, terrible, maliciosa y tacaña, pero pagarme era obligatorio. “Podría interesarte habrá marines… Cipher Pol… ¿Piensas lo que yo? Sabes… Parece ser que… tu tutor sufrió a manos de ser local, en esta precisa isla ¿Por qué no matar dos pájaros de un tiro? “Oh, podría ser muchas cosas, una mentira, todo, nada. Pero siempre he arriesgado y por esta situación, por la mínima cosa, no temía arriesgar la vida. —Hágame un favor, señorita Ashowin…— Hablé con mi empleadora, como si la situación fuera cambiar, tal vez lo haría. —Si lo que me comenta es cierto; Le pido en su eterna bondad como mi empleadora que por favor consiga a alguien que pueda brindarme asistencia… como entenderá…

…Esta gente me disgusta en exceso ¿Me entiendes? —
[…]
Apenas unas horas después, entré en aquel bar de mala música y peor reputación. Mi ojo ávido se movía con cuidado, reconociendo peligros aquí y allá mientras avanzaba con las manos hundidas en los bolsillos, procurando no llamar la atención de nadie en particular. Pasar desapercibido era un arte, y esa noche me aferraba a él mientras buscaba un lugar donde sentarme a esperar… o a observar.
La suerte siempre había sido una dama curiosamente gentil con su pobre apostador, y una vez más me encontraba dependiendo de ella para seguir avanzando. La barra se ofrecía como una opción segura, casi natural, para un solitario como yo; un vaso en la mano justificaba el silencio y la mirada perdida. Pero quizá no había venido a ahogar penas, sino a recoger palabras, gestos, rumores mal dichos.
Porque el trabajo no había terminado. Ni de cerca.
Desde la puerta, me moví 8 metros, 6 metros hacia adelante y 2 a la derecha, hasta quedar cerca de la rockola. No era casualidad. Estaba lo bastante próximo como para que cualquier marine pudiera escuchar una conversación mal disimulada y con suerte yo podría escuchar la suyas, pero no tanto como para parecer que buscaba problemas… o compañía. Un punto intermedio, cómodo, calculado.
Elegí con la mirada a la persona más maleante de la pequeña área, el tipo de rostro que prometía historias sucias y precios aún peores, pero cuidándome bien de que no tuviera pinta de marine, o al menos intentándolo. Me negaba rotundamente a hablar con marines; tienen cerebro de nuez y trajes demasiado blancos para mi gusto, imposibles de ignorar incluso cuando intentan pasar desapercibidos. —Oye… He escuchado un chisme por la zona ¿Te lo cuento? — Inicié a hablar, esperando llamar su atención mientras pretendía parecer despreocupado. — Un tal Norova, alguien pesado por la zona, creo que un marine o algo así… Parece que lo vieron y parece tener dinero ¿Sabes algo? Podriamos robarle e irnos a la mita’ ¿Me entiendes? — Le regalé mi mejor sonrisa, hablando en voz alta, sin tener mucho cuidado por ocultarlo.
Karmas
Bélico
Resumen
Posicionamiento
Inventario

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