03-02-2026, 09:03 PM
En cuanto puse un pie en el reino de Sorbet, sentí de inmediato un cambio climático distinto al del lugar en el que había estado antes. No había pasado mucho tiempo desde que dejé mi antiguo punto de estadía y, aún así, ya me encontraba en otro territorio, dispuesta a conocer una nueva cultura, nueva música y nuevas personas que sean capaces de enseñarme experiencias innolvidables. Estaba feliz con lo poco que llevaba en mi bolsillo y con mi violín acompañándome a todas partes. ¿Qué más podría desear?
Con el tiempo, tras haberme establecido en la zona norte de Sorbet y realizar pequeños trabajos que me ayudaban a mantener cierta estabilidad económica, el destino quiso cruzar mi camino con algunas caras conocidas. O, más bien, con un joven que estimé profundamente desde el primer día que lo conocí en aquel bello festival de la plaza de Samba, “Cill Blinton”, muy inteligente, carismático, y sobre todo, dueño de un carácter inquebrantable. Agradecí a los dioses al descubrir que seguía siendo el mismo chico de aquella vez. En nuestro último encuentro, mientras yo trabajaba en un humilde restaurante tocando algunas melodías con mi violín, Cill tuvo la idea de invitarme a un lugar situado un poco más alejado de la zona común de Sorbet, a un bar en específico. Acepté su invitación y le aseguré que estaría puntual en cuanto terminase mi jornada laboral.
Con el anochecer descendiendo y al sentirme libre de mis responsabilidades, me despedí de la dueña de aquel restaurante y le agradecí por los alimentos que me había brindado a cambio de mi música. Ella me despidió con bendiciones y, cuál madre, me advirtió que tuviera mucho cuidado, que a esas horas no era prudente vagar por las calles. Agradecí el consejo y me marché con una sonrisa amable.
-Me pregunto si Cill ya conocerá todo Sorbet…espero pueda darme algunas indicaciones…- Me dije para mí misma en un susurro mientras deambulaba por las calles. Aunque llevaba ya algunos días en Sorbe, aún tenía muchos lugares por conocer. Actualmente iba vestida con vestido blanco y en mi espalda siempre cargaba mi estuche negro con su violín, sobre mi cabeza no llevaba mi sombrero de paja que usaba durante en el día, lo acomodé enganchado al estuche.
Me detuve unos segundos frente a la fachada del local, tratando de discernir si realmente se trataba del lugar mencionado por Cill. Todo indicaba que si lo era. Tome la manija de la puerta y, con algo de inquietud, la abrí despacio, permitiendo observar el interior poco a poco. Sí, era un bar de aspecto sombrío, donde parecía que las fechorías formaban parte del menú diario. Tragué saliva y ahogué un suspiro, reuniendo el coraje suficiente para ingresar por completo aunque mis piernas pecaban de nerviosismo. Lo que más me incomodaba era la música, que más que crear un buen ambiente resultaba ruidosa, y las conversaciones eran tan fuertes que por momentos me desorientaban mientras avanzaba a una zona más estable. Supongo que todos estaban tan absortos en sus propios mundos y en sus platicas como para darse cuenta de mi presencia, o de cualquiera que entrase de forma silenciosa.
Me situé en uno de los asientos disponibles de la barra, cerca de una rockola que dejaba de reproducir música no grata, al menos no para mí. Pero me cuestioné internamente: ¿Acaso no estaba dispuesta a aprender todo tipo de música?.
-*Quizás esta sea la música de Sorbet, ¡Debo aprenderla!* - pensé, dejando que mi mente volara entre ideas e imaginaciones. Tal vez ni me había dado cuenta de si Cill ya se encontraba dentro del local, o si aún no había llegado… o, peor aún, ¿me equivoqué de lugar?.
Con el tiempo, tras haberme establecido en la zona norte de Sorbet y realizar pequeños trabajos que me ayudaban a mantener cierta estabilidad económica, el destino quiso cruzar mi camino con algunas caras conocidas. O, más bien, con un joven que estimé profundamente desde el primer día que lo conocí en aquel bello festival de la plaza de Samba, “Cill Blinton”, muy inteligente, carismático, y sobre todo, dueño de un carácter inquebrantable. Agradecí a los dioses al descubrir que seguía siendo el mismo chico de aquella vez. En nuestro último encuentro, mientras yo trabajaba en un humilde restaurante tocando algunas melodías con mi violín, Cill tuvo la idea de invitarme a un lugar situado un poco más alejado de la zona común de Sorbet, a un bar en específico. Acepté su invitación y le aseguré que estaría puntual en cuanto terminase mi jornada laboral.
Con el anochecer descendiendo y al sentirme libre de mis responsabilidades, me despedí de la dueña de aquel restaurante y le agradecí por los alimentos que me había brindado a cambio de mi música. Ella me despidió con bendiciones y, cuál madre, me advirtió que tuviera mucho cuidado, que a esas horas no era prudente vagar por las calles. Agradecí el consejo y me marché con una sonrisa amable.
-Me pregunto si Cill ya conocerá todo Sorbet…espero pueda darme algunas indicaciones…- Me dije para mí misma en un susurro mientras deambulaba por las calles. Aunque llevaba ya algunos días en Sorbe, aún tenía muchos lugares por conocer. Actualmente iba vestida con vestido blanco y en mi espalda siempre cargaba mi estuche negro con su violín, sobre mi cabeza no llevaba mi sombrero de paja que usaba durante en el día, lo acomodé enganchado al estuche.
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![[Imagen: adde7d407333973f1c4c6d570ad286c0fee08554.jpg]](https://64.media.tumblr.com/c901b6c350996eb3bb56fd85705217c8/0801bec6f86c3938-d7/s400x600/adde7d407333973f1c4c6d570ad286c0fee08554.jpg)
Me detuve unos segundos frente a la fachada del local, tratando de discernir si realmente se trataba del lugar mencionado por Cill. Todo indicaba que si lo era. Tome la manija de la puerta y, con algo de inquietud, la abrí despacio, permitiendo observar el interior poco a poco. Sí, era un bar de aspecto sombrío, donde parecía que las fechorías formaban parte del menú diario. Tragué saliva y ahogué un suspiro, reuniendo el coraje suficiente para ingresar por completo aunque mis piernas pecaban de nerviosismo. Lo que más me incomodaba era la música, que más que crear un buen ambiente resultaba ruidosa, y las conversaciones eran tan fuertes que por momentos me desorientaban mientras avanzaba a una zona más estable. Supongo que todos estaban tan absortos en sus propios mundos y en sus platicas como para darse cuenta de mi presencia, o de cualquiera que entrase de forma silenciosa.
Me situé en uno de los asientos disponibles de la barra, cerca de una rockola que dejaba de reproducir música no grata, al menos no para mí. Pero me cuestioné internamente: ¿Acaso no estaba dispuesta a aprender todo tipo de música?.
-*Quizás esta sea la música de Sorbet, ¡Debo aprenderla!* - pensé, dejando que mi mente volara entre ideas e imaginaciones. Tal vez ni me había dado cuenta de si Cill ya se encontraba dentro del local, o si aún no había llegado… o, peor aún, ¿me equivoqué de lugar?.
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Vestimenta
Karmas
Bélico
Inventario
Resumen
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
![[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]](https://i.ibb.co/WWRcn6nZ/file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png)
