Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#16
Todos reaccionaron de manera distinta. Enji, al ser el más veloz del grupo, fue el primero en moverse. Su cuerpo respondió antes que cualquier otra cosa, casi por reflejo. Sin embargo, quien tuvo los mejores reflejos fue Juan. Fue él quien se percató primero de la presencia de la criatura, tal vez un movimiento fugaz en su campo visual, una sombra cruzando por el rabillo del ojo, o un sonido demasiado leve para que otros lo notaran, aun así, su cuerpo no reaccionó con la misma rapidez con la que lo hizo su mente.

En contraste, el llamado ¨Sargento pervertido¨, como ya lo habían apodado en ocasiones anteriores, Enji, actuó sin titubeos. Con un impulso explosivo, avanzó y lanzó una patada directa hacia Gorgie, una acción cargada de velocidad y fuerza, el impacto levantó una nube espesa de polvo y hojas, que se expandió de inmediato por el sendero y cortó la visión del resto del grupo, durante un breve instante, nadie pudo ver con claridad qué había ocurrido, solo quedó el sonido del polvo al caer lentamente y la tensión suspendida en el aire, mientras los demás permanecían expectantes, tratando de discernir el resultado de aquel movimiento repentino en medio de la jungla.

Para refrescarles la memoria les comento que sucedió exactamente en ese momento para quienes no pudieron percatarse de la acción; Cuando la patada de Enji ascendió con violencia en dirección a Gorgie, la criatura se percató del ataque en el acto y lejos de entrar en pánico, el chimpancé reaccionó con una coordinación sorprendentemente fluida, con un movimiento conjunto de brazos y piernas, se deslizó hacia abajo, pegándose al cuerpo del prisionero y desplazándose hasta la parte inferior de este, utilizando su propia velocidad para evadir la patada por completo.

El golpe de Enji cortó el aire donde Gorgie había estado apenas un instante antes, sin perder tiempo ni impulso, y aprovechando su nueva posición casi a ras del suelo, el chimpancé contraatacó, con el cuerpo bajo y estable, lanzó un puñetazo directo hacia la pierna izquierda de Enji la cual estaba apoyada en el suelo sosteniendo todo su peso, apuntando con precisión mientras este aún se encontraba extendiendo su otra pierna por la inercia de su propio movimiento, todo ocurrió en un parpadeo, demasiado rápido para tratarse de un animal común y como si aquello no fuera suficiente, una vez efectuado el golpe, el animal no se detuvo, con una potencia imposible de atribuir a una bestia común, dio un salto vertical de casi dos metros, elevándose por encima del prisionero encadenado con una agilidad asombrosa. Su silueta cruzó el aire en una fracción de segundo, pasando justo por encima de los hombros del ex sargento y el descenso fue inmediato, aprovechando la caída y la cercanía, Gorgie lanzó un cabezazo directo contra Enji, impactándolo con fuerza seca y precisa, el golpe terminó de romper su equilibrio, obligándolo a ceder y caer, mientras el polvo volvía a levantarse bajo sus pies, el movimiento fue limpio, casi técnico, ejecutado con una coordinación que no dejaba lugar a dudas, aquello no era un animal actuando por instinto, sino alguien o algo que sabía perfectamente cómo pelear.

—¡¡SHAAAASHASHASHASHA!!— La risa del exsargento se expandió por todo el bosque, rápida y estridente, rebotando entre los troncos como si la jungla misma la amplificara, no había nerviosismo en ella, ni histeria, es mas esta sonaba genuinamente divertida, Douglas Maracai Bo parecía haber disfrutado cada segundo de la escena, como si aquello confirmara algo que siempre había sabido, el animal, ahora sin lugar a dudas, le pertenecía o al menos eso daba a entender. —No golpees tan fuerte a la nueva generación, Gorgie —dijo con un tono casi despreocupado, como quien calma a un viejo conocido. —Sino quedaran tontos como los anteriores. — Acto seguido, el prisionero dio dos pasos hacia la izquierda, haciendo tintinear las cadenas al tensarlas, y sin ningún apuro se dejó caer al suelo, sentándose con las piernas relajadas. Desde allí observó la escena con total calma, como si no fuera el centro del conflicto, como si los marines presentes no tuvieran mayor importancia, los otros tres soldados parecían no existir para él.

Mientras tanto, Akira realizaba unas señas extrañas con las manos y los brazos, movimientos que recordaban vagamente a los gestos utilizados para comunicarse con chimpancés salvajes, sin embargo, había algo evidente en la postura de Gorgie, aquel animal no reaccionaba como uno común, no imitaba, no respondía por instinto, no mostraba confusión, Gorgie no era un chimpancé salvaje y Douglas Maracai Bo, sentado en el suelo con una sonrisa inquietante, parecía saberlo mejor que nadie. —¡Niño, deja de hacer esas muecas estúpidas! —soltó de pronto, dirigiéndose a Akira, antes de soltar otra carcajada —¡Shaaashashashasha!— El exsargento parecía disfrutar del momento con una naturalidad perturbadora, sus manos se movían con calma, jugando distraídamente con el barro del suelo, dejando surcos irregulares entre sus dedos como si nada de lo que sucedía a su alrededor tuviera verdadera importancia.—Gorgie no es un animal salvaje — continuó, con un tono casi nostálgico —Sí, fue mi mascota hace muchos años.— Alzó apenas la vista, lo justo para observar a la criatura antes de volver a bajar la mirada, aún entretenido con la tierra húmeda.

—Pero terminó convirtiéndose en un sargento de la Marina, igual que yo. — Sus palabras no sonaban a provocación ni a engaño, no había exageración ni intención de manipular, era la verdad, dicha con la serenidad de un hombre que ya no tenía nada que ocultar, ni nada que perder. Finalmente, levantó el rostro por completo, su sonrisa seguía ahí, torcida y peligrosa. —Gorgie podría matarlos a todos ustedes. — La frase cayó pesada, sin énfasis ni amenaza directa, solo una constatación, el bosque pareció guardar silencio una vez más, como si incluso la jungla entendiera el peso de aquellas palabras.

Gorgie realizó una serie de señas con una precisión inquietante, comenzó con su mano dominante, extendiendo el índice para apuntar directamente a su propio pecho, trazando luego un movimiento semicircular hacia los lados, incluyéndose a sí mismo y a Douglas en el gesto. A continuación, abrió ambas manos y ejecutó un movimiento simétrico, lento y medido, como si estuviera equilibrando una balanza invisible. Por último, llevó los dedos hasta la comisura del labio, tocándola con suavidad, antes de avanzar un paso al frente.

Douglas soltó una carcajada breve, casi automática, pero en un solo instante, su expresión cambió, la sonrisa desapareció, la mirada se volvió dura, firme y peligrosa. —Claro que sí, Gorgie, nosotros somos la justicia verdadera.— No había duda alguna, el animal se comunicaba mediante lenguaje de señas, y Douglas lo comprendía a la perfección. No necesitaban palabras ni explicaciones adicionales, entre ambos existía un entendimiento absoluto, forjado en algo que iba mucho más allá de una relación entre humano y bestia.

—NOSOTROS SOMOS LA VERDADERA JUSTICIA. — Esta vez, el exsargento gritó. Su voz estalló en el aire con una fuerza brutal, expandiéndose por el bosque como una onda de choque, como si esperara que la selva misma lo escuchara, o cualquier cosa que se ocultara entre sus sombras, las aves alzaron el vuelo a lo lejos, el eco de sus palabras rebotó entre los troncos. —USTEDES, nuevos soldados… DÉBILES SOLDADOS—continuó, señalando al frente con desdén —TIENEN QUE FORMAR PARTE DE LA VERDADERA JUSTICIA.— En un movimiento que desafiaba toda lógica, de un solo salto, imposible para alguien encadenado, Douglas se puso de pie. Las cadenas tintinearon, tensándose, pero no lo detuvieron, su postura ya no era la de un prisionero, era la de un predicador fanático, de un líder consumido por su propia doctrina. —DEJAR ATRÁS LA MALDITA DEBILIDAD DEL MUNDO, LAS CÁRCELES NO DEBEN EXISTIR, LOS JUICIOS NO DEBEN EXISTIR.— Cada frase era un martillazo para los presentes. —TODO AQUEL QUE COMETA UN CRIMEN DEBE MORIR Y AQUELLOS QUE LLEVAMOS LA VERDADERA JUSTICIA, ACABAREMOS CON SUS VIDAS SIN PIEDAD ALGUNA. — Mientras hablaba, Gorgie lo observaba con atención absoluta. Sus ojos brillaban, cargados de una emoción casi reverencial, no había duda el animal había sido criado bajo esa misma comprensión retorcida de la justicia, era la única que conocía, la única que reconocía como válida y la única que estaba dispuesto a seguir hasta la muerte.

Douglas dio un paso al frente, las cadenas arrastrándose contra la tierra húmeda. —USTEDES. —escupió la palabra —ÚNANSE A LA JUSTICIA QUE IMPARTO… A LA QUE IMPARTIMOS. DEJEN DE PERTENECER AL GRUPO QUE CAERÁ ANTE LA NUEVA ORDEN. — Su rostro se deformó en una sonrisa amplia, desquiciada, los ojos abiertos de par en par, encendidos por una fe enfermiza.

—¡¡SHAAAAAASHASHASHASHA!!— La risa volvió a estallar, más fuerte, más rota, mezclándose con los sonidos del bosque, que ya no parecía un simple escenario sino un testigo silencioso de la locura que acababa de revelarse.

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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Tensui Marlin - 04-02-2026, 03:06 AM

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