[Pasado] La joya y la ladrona (Priv. Dimitri y Choi)
#2
¿Conoces la historia de las tres hijas del emperador de Pluto, Wonnie? Te contaré un secreto atronador: Pluto nunca pudo tener hijos, porque los dioses lo maldijeron por su pecado mortal.

—Hmmm… ¿Dijiste que el empleador que te llamó era un hombre asquerosamente rico?
—... No, Wonnie, creo que has entendido mal —La voz rasposa de Wonwick, el viejo, se oyó con bastante desgana—. El empleador es un asqueroso, a secas. Todos los piratas lo son, a fin de cuentas.

Una criatura de quince años no debería haberse relacionado de la manera en que lo hizo Hae-won, con esa clase de gente. Wonwick lo sabía; no tuvo que haberlo mencionado, y menos aún cuando vio el dibujar esa expresión. No pudo evitar maldecir cuando el rostro de la joven se enturbió, sus ojos se abrieron y lo miró con ese claro terror en su semblante, ese que gritaba que por favor no se acercara a ellos. Normal. Hace un año, sus padres estuvieron a punto de llevarla ante ellos contra su voluntad.

—Nunca dejaste de pensar en Ji-won, ¿cierto?

La mirada de la adolescente vagó por diferentes partes, desde las paredes de aquel cuarto que poco a poco se volvían más cercanas, hasta el techo que amenazaba con aplastarla.

—Choi Hae-won.

Wonwick no dudó en traerla a tierra, llamándola por nombre completo cuando vio que su mente empezó a crear escenarios cargados de violencia y muerte. La miró como quien exigía una completa atención, y buscó anclarla a la realidad que importaba: una en la que ella era libre de los pecados de sus padres, una en la que tenía la fuerza suficiente para abrazar su nueva concepción de existencia.

—No quiero que te acerques. Tienes que estar fuera de la vista de ese hombre y, por sobre todas las cosas: no te acerques a sus joyas —El caballero, tan corpulento como severo, llevó ambas manos al rostro de su alumna—. Ya he perdido tres hijas; no quiero perder otra más.

En aquel momento, la palabra de su maestro era misa y ley absoluta. Mantuvo su perfil con clara tranquilidad; siguió las instrucciones de su mentor y ella logró observar desde lejos. Le bastó ver una simple imagen para entender que aún no estaba preparada para enfrentar a sus demonios. Una imagen que, hasta su actualidad, tenía grabada en sus retinas.

Ese maldito… Y ese pobre cordero encadenado en oro y joyas preciosas. Le provocó más pena que enamoramiento, porque su belleza era sinónimo de yugo, estaca y una cifra. Si tan solo los Hasegawa estuvieran aquí, tal vez, y solo tal vez, podrían sacarlo de allí. Sin embargo, en aquel momento, simplemente suspiró. Agachó la mirada como quien sabía que no podía meterse, y tragó en silencio las muchas palabras que florecían en su propio corazón. 

Pensó en Ji-won; pensó en sus progenitores; pensó en su vida y todo aquello que creyó real, pero resultó falsedad absoluta. Y viendo a ese hombre, ese sentir que poseía hacia los piratas, se reafirmó y grabó en piedra.

~~~

¿Qué podía hacer?

El cordero encadenado clamaba a la luna en medio de la noche. Joya partida en dos, flor que empezaba a marchitarse; bordeó los límites de su realidad y cayó del alhajero que lo guardaba con celo delirante. La joya que se rompió, empezó a desintegrarse y a perder su brillo.

Grande fue el impacto de la luna cuando uno de sus hijos suplicaba por aire y rogaba en favor de una nueva oportunidad para ser una persona. Hae-won palideció; no debía acercarse a las joyas. No debía permitirse tocarla. No podía o se convertiría en una vil ladrona. Pero sus pisadas no perdieron el ritmo cuando, encapuchada hasta la cabeza, y cubierto su rostro, avanzó sin pensar. Debí llevar esta joya a su mejor orfebre. Un catalejo, monedas y un mapa la acompañaron en esa travesía contra el tiempo.

—Oye, muchacho —Le entregó una hoja de menta amarga para que mastique—. Mastica esto y escúpelo. No lo tragues —La frescura de la menta aclararía su aire—. Trata de moverte. Levántate y no mires atrás.

Wonnye no era una orfebre. Wonnye no tenía la capacidad para evaluar joyas ni ponerles un precio. Ella solo sabía que un alma valía más que todo el oro del mundo, y eso bastaba para entender que el ser encadenado, la joya partida, tendría que volver a formarse con un nuevo dolor a cuestas, pero con su valor intacto. Y ella haría todo lo que esté a su alcance para que pudiera lograrlo.

—Tienes que salir de aquí así sea lo último que hagas —La máscara oscura cubrió su boca; la capa negra resguardó sus vestiduras y las botas a sus pies lograron silenciar sus pasos—. Vamos.

Así tuviera que arrastrarlo, ella nunca dudó. Saldría de allí.
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RE: [Pasado] La joya y la ladrona (Priv. Dimitri y Choi) - por Choi Hae-won - 04-02-2026, 09:23 PM

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