04-02-2026, 11:22 PM
La amenaza estaba sorprendentemente clara, observándolo de reojo cuando le lanzaba las advertencias a Owen. Por su parte solo lo dejó hacer, no iba a ir en contra de su jefe, bajo ninguna circunstancia. Se limitó a seguir dando caladas al cigarrillo que tenía entre sus labios, retirando pacientemente su abrigo y colgándolo en su brazo izquierdo. Se planteó la idea de ofrecérsela a Sohem para que pudiera así cubrir mejor el brazo, pasar desapercibido, pero no sabía si podría desencajar con esa vestimenta y, obviamente, siendo él todavía solo un subordinado, no quería dar ideas equivocadas. Dejó que todo aconteciera y siguiera su curso guardando absoluto silencio. Ni siquiera cuando fue acusado de los “sonidos” que Owen pudo haber escuchado dijo nada al respecto. Estaba calmado, ya había tenido algunos encuentros en el interior del barco y siempre procuró que no fuera una molestia para su jefe.
Su cuerpo vibró, lo pudo sentir claramente, aquella sensación. Era de forma leve, por supuesto, sin embargo por mucho que fuera el caso, el poder que emanaba era suficiente para recordar esa sensación que Sohem describía. Prestó especial atención a las palabras que pronunciaba. Había escuchado de “Haki” como un poder invisible, aunque ahora era cuando descubría que había varios tipos. Le sorprendía que, pese a lo duro que fue en la pelea, se le dieran bien las explicaciones al hombre. Lo que tenía claro era que tenía que recordar esa sensación a la que llamaba Haoshoku.
No habló específicamente para nadie, más bien se autoconvencía, elevando la mirada hacia las puertas. Dejó que Sohem retirase su máscara, lo miró de reojo. Comprendió el motivo, y no era realmente malo. ¿Más adelante él también debería de ponerse alguna para ocultar su identidad si llegaba a lo más alto? No. Todavía no podía ni olerlo, quedaba mucho camino por delante. Claro, usar ese Haki para ganar dinero, y luego con una enorme cantidad de personas tratar de encontrarlo a ciegas. Era, cuanto menos, interesante. La casa siempre gana... a menos que conozcas sus trucos. Qué hombre más impresionante. Cada vez estaba más convencido de haber dado con la persona adecuada.
Dejó caer el cigarrillo en el suelo, pisándolo tranquilamente, terminando de soplar el humo antes de siquiera entrar. Se acercó a Owen, tomándolo por el cuello de su ropa después del reclamo de Sohem. —Vamos, no perdamos tiempo. Ya has escuchado al jefe. No estoy dispuesto a decepcionarlo, y sé que tú tampoco. — Lo soltó pronto, viendo que las puertas se abrían. Todavía se le hacía extraño ver el rostro repleto de cicatrices y el cabello rosado del hombre, pero no dijo nada al respecto.
Respiró profundo, viendo el ambiente, ya era el momento de separarse. Miró a su jefe y a Gwendolyn de reojo por algunos segundos antes de hablar. —Buena suerte. — Aunque, sabiendo lo que sabía ahora, dudaba que les hiciera falta. Todo lo que tenía que hacer ahora era ir a conseguir la cantidad de berries que se le había ordenado, al lado de un ludópata que esperaba poder controlarse al menos lo justo y necesario. Para colmo, a diferencia de las cartas, las tragaperras eran completamente aleatorias, dentro de su conocimiento, por supuesto. ¿Cómo iba a conseguir ganar todo ese dinero por ver algo? ¿Ver el qué? Es algo que le iba a tocar averiguar.
Su cuerpo vibró, lo pudo sentir claramente, aquella sensación. Era de forma leve, por supuesto, sin embargo por mucho que fuera el caso, el poder que emanaba era suficiente para recordar esa sensación que Sohem describía. Prestó especial atención a las palabras que pronunciaba. Había escuchado de “Haki” como un poder invisible, aunque ahora era cuando descubría que había varios tipos. Le sorprendía que, pese a lo duro que fue en la pelea, se le dieran bien las explicaciones al hombre. Lo que tenía claro era que tenía que recordar esa sensación a la que llamaba Haoshoku.
—Asumo pues, que lo que aprenderemos con esto es Kenbunshoku...
No habló específicamente para nadie, más bien se autoconvencía, elevando la mirada hacia las puertas. Dejó que Sohem retirase su máscara, lo miró de reojo. Comprendió el motivo, y no era realmente malo. ¿Más adelante él también debería de ponerse alguna para ocultar su identidad si llegaba a lo más alto? No. Todavía no podía ni olerlo, quedaba mucho camino por delante. Claro, usar ese Haki para ganar dinero, y luego con una enorme cantidad de personas tratar de encontrarlo a ciegas. Era, cuanto menos, interesante. La casa siempre gana... a menos que conozcas sus trucos. Qué hombre más impresionante. Cada vez estaba más convencido de haber dado con la persona adecuada.
Dejó caer el cigarrillo en el suelo, pisándolo tranquilamente, terminando de soplar el humo antes de siquiera entrar. Se acercó a Owen, tomándolo por el cuello de su ropa después del reclamo de Sohem. —Vamos, no perdamos tiempo. Ya has escuchado al jefe. No estoy dispuesto a decepcionarlo, y sé que tú tampoco. — Lo soltó pronto, viendo que las puertas se abrían. Todavía se le hacía extraño ver el rostro repleto de cicatrices y el cabello rosado del hombre, pero no dijo nada al respecto.
Respiró profundo, viendo el ambiente, ya era el momento de separarse. Miró a su jefe y a Gwendolyn de reojo por algunos segundos antes de hablar. —Buena suerte. — Aunque, sabiendo lo que sabía ahora, dudaba que les hiciera falta. Todo lo que tenía que hacer ahora era ir a conseguir la cantidad de berries que se le había ordenado, al lado de un ludópata que esperaba poder controlarse al menos lo justo y necesario. Para colmo, a diferencia de las cartas, las tragaperras eran completamente aleatorias, dentro de su conocimiento, por supuesto. ¿Cómo iba a conseguir ganar todo ese dinero por ver algo? ¿Ver el qué? Es algo que le iba a tocar averiguar.
Cajita de Tabaco
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