Mientras en su mente divagaba por la posibilidad del apodo y su posible peso en el futuro, esa ilusión que empezaba a dibujarse en su mente y en su realidad, la realidad le pegaba una cachetada tan violenta como para, una y otra vez, destruirle cualquier tipo de idea que pueda hacerse.
De repente, una onda violenta pudo sentirse exactamente desde la dirección en donde se encontraba el enmascarado. Ya había sentido esto una vez, una violencia, una presencia tan atronadora que acalambra, que le quitó del sumidero violento de pensamientos en los que se agolpaba su cabeza -¡¡!!- la atención se disparó, como si su instinto de supervivencia, por enésima vez, le advirtiese de que Sohem Burnedead podría acabar con su vida en una micronésima de segundo y, de forma simultánea, era capturado desde el pecho de su chaqueta roja para ser atraído hacia esos ojos ambarinos que podían distinguirse desde los agujeros del famoso yelmo.
Y, posteriormente mientras tenía ese supremo brazo mecánico alzado justo delante de su rostro, empezaba a contabilizar las razones de "lo que estaba pasando"; Owen se había pecado de confiado, casi como si se hubiese olvidado de todo lo acontecido en la playa de Little Garden o simple y llanamente dándose unas confianzas que nunca le habían convenido. Él tenía un excelente don de gentes, sí, pero creía que estaba siendo halagado por el enmascarado que, uno a uno, le dejaba en claro algo: Baja los humos y las confianzas, porque podrías lamentarlo.
Llegaba al tercer dedo mecánico -Yo...lo sien- pero era automáticamente interrumpido, hasta que llegó al pulgar, uno que le hizo una herida peor que el terror que sentía por el enmascarado: "Te he llamado rojo porque ni me interesa aprenderme tu nombre" y, sin ser capaz de poder distinguir si eso era una mentira debido al miedo intrínseco que tenía por la situación, solo se quedó estático, mirándole a la tenue distancia provocada por el empujón dado posteriormente. Su mirada se desvió hacia abajo mientras fruncía el ceño con muchísima desilusión; Al parecer, hasta ahora, nada había sido suficiente.
Su expresión de cachorro regañado denotaba muchísimo no solo lo apenado que estaba por haberle incomodado mientras escuchaba el sonido del chasquido de lengua del enmascarado, pero sintió su espíritu quebrado al creer que había alcanzado un pequeño escalón en sentir que, todo esto, todo su esfuerzo, de alguna u otra manera, le hacía sentir que tenía algún tipo de valor.
Alzó la vista ante sus palabras para poder atender a que, al parecer, esa sensación tan terrible que provocaba su existencia no era simple y llanamente algo que despertaba de manera instintiva, sino, literalmente, algo que el propio Sohem forzaba a voluntad -Haoshoku.- fue lo único que el pelirrojo pudo balbucear, habiendo quedado bastante perjudicado no solamente por el efecto de aquella poderosa técnica, sino, por sus palabras que le habían afectado mucho más que el dolor de su brazo fracturado. Le observó quitarse el casco y dejar ver ese cabello rosa chicle que tan poderosamente llamativo era, en ese porte serio y de fuertísimos contrates entre su vestimenta, color de pelo e iris, distinguible a kilómetros de casi cualquier persona.
Ahí es donde empezó el "meollo" de la situación: El haki se dividía en tres y así funcionaba en la mente de Owen: Uno te protege, otro mejora tus sentidos y otro doblega las voluntades. Jin añadió lo mismo que pensó el pelirrojo, pero debido a lo fuertemente incómodo que estaba y ya pudiendo dejar de sentir esa "mala vibra" provocada por el pelirrosa, simplemente mantuvo su ceño relativamente fruncido y una mirada vaga, observando. Sus ojos, a veces iban hacia abajo, divagando en su propia mente -Tal vez aprendiendo esto me vuelva suficiente. Espero.-.
El mafioso no dudó en terminar de fumar su cigarrillo, pisándolo, y ahí fue cuando pudo escuchar sus palabras al igual que las directrices del propio Sohem: Medio millón de berries y encontrarle buscándolo a través de su presencia. Había...algo curioso en cuanto había realizado la expansión de su presencia, ¿Porqué sintió cómo el rosa se irradiaba no solo por su cabello, sino, por su cuerpo entero? Fue un instante, medio segundo, como si hubiese habido un error en su vista que le obligó a parpadear una y otra vez, difuminado en una mota de humo -Estaré delirando.- pensó el muchacho pestañeando con mucha fuerza una y otra vez, observando que el único rosa que había presente era el del tono chicle de su pelo. Seguramente había sido una confusión por el miedo y el calor.
Su contestación fue casi automática. Su mirada seguía cabizbaja, como si le costase levantarla. El ambientazo del casino era impresionante, maravilloso, tanto que provocó una pequeña mueca de nostalgia en el pelirrojo, marcando el hoyuelo de su mejilla izquierda al realizar una sonrisa de lado -Ojalá que, luego de esto, puedas ver cómo soy,- y, viendo como el enmascarado se alejaba con el amor de su vida -Gwen.- se despidió de ella, pudiendo, finalmente, terminar casi completamente a solas con la persona que había iniciado todo esto en un primer lugar: Jin Onizuka.
-Bueno, terminemos con esto pronto.- el barullo de la gente era inaudito. Las maquinitas, ruido, era todo tan avasallante que, cuando el chico quiso percatarse, había perdido total y completamente a la pareja. ¿Tenía un nudo en la garganta gigantesco de saber que la mujer de sus sueños se había ido con alguien que le había roto el brazo, mancillado el ego y asustado? Sí, uno muy grande. Por primera vez en todo lo que llevaba de esta travesía, sí se sentía derrotado -Hay...joder.- en el insulto, su mano derecha viajó hasta su rostro, frotándosela como si recién se hubiese levantado, incapacitado con la izquierda aún -Jin, tú has sido seguridad, y mafia, y cosas de esas en varios casinos como el de Isla del Karate, ¿Sabes si hay algún sistema que podamos trucar para conseguir el medio millón y no morirnos del asco aquí, eternamente?- le miraba hacia esos vacíos ojos entre grises y celestes, teniendo que elevar la cabeza para coincidir visualmente. La mirada del pelirrojo no se veía chispeante ni emocionada, sino, sometida -Que tenga un problema de ludopatía severo no significa que siempre ganase en las maquinitas. ¿Tú trucaste la máquina en la que yo ganaba siempre el día que nos conocimos?- preguntó genuinamente, intentando buscar respuestas mientras comenzaba a caminar por los infinitos pasillos de luces y colores, con aparatejos y personas que parecían gritar de dicha y de dolor solo por el resultado de tres simbolitos en un carrusel redondo.
De verdad que le había afectado mucho que alguien a quien Owen consideraba una eminencia y el pico máximo de la fuerza, hasta ahora, reconociera a dos del trío, pero no a él. Debía esforzarse más, y debía ser mejor. O volvería a quedarse atrás, otra vez.
-Tal vez si fuese Roj-
De repente, una onda violenta pudo sentirse exactamente desde la dirección en donde se encontraba el enmascarado. Ya había sentido esto una vez, una violencia, una presencia tan atronadora que acalambra, que le quitó del sumidero violento de pensamientos en los que se agolpaba su cabeza -¡¡!!- la atención se disparó, como si su instinto de supervivencia, por enésima vez, le advirtiese de que Sohem Burnedead podría acabar con su vida en una micronésima de segundo y, de forma simultánea, era capturado desde el pecho de su chaqueta roja para ser atraído hacia esos ojos ambarinos que podían distinguirse desde los agujeros del famoso yelmo.
— Escucha atentamente mocoso —
![[Imagen: tltkv3d.png]](https://i.imgur.com/tltkv3d.png)
-...qué...pasa?-
Y, posteriormente mientras tenía ese supremo brazo mecánico alzado justo delante de su rostro, empezaba a contabilizar las razones de "lo que estaba pasando"; Owen se había pecado de confiado, casi como si se hubiese olvidado de todo lo acontecido en la playa de Little Garden o simple y llanamente dándose unas confianzas que nunca le habían convenido. Él tenía un excelente don de gentes, sí, pero creía que estaba siendo halagado por el enmascarado que, uno a uno, le dejaba en claro algo: Baja los humos y las confianzas, porque podrías lamentarlo.
Llegaba al tercer dedo mecánico -Yo...lo sien- pero era automáticamente interrumpido, hasta que llegó al pulgar, uno que le hizo una herida peor que el terror que sentía por el enmascarado: "Te he llamado rojo porque ni me interesa aprenderme tu nombre" y, sin ser capaz de poder distinguir si eso era una mentira debido al miedo intrínseco que tenía por la situación, solo se quedó estático, mirándole a la tenue distancia provocada por el empujón dado posteriormente. Su mirada se desvió hacia abajo mientras fruncía el ceño con muchísima desilusión; Al parecer, hasta ahora, nada había sido suficiente.
— Si quieres mantener el otro brazo sano no olvides lo que te acabo de decir. Nunca —
![[Imagen: xYYjF0H.png]](https://i.imgur.com/xYYjF0H.png)
-Entendido. Lo siento, mucho.-
Su expresión de cachorro regañado denotaba muchísimo no solo lo apenado que estaba por haberle incomodado mientras escuchaba el sonido del chasquido de lengua del enmascarado, pero sintió su espíritu quebrado al creer que había alcanzado un pequeño escalón en sentir que, todo esto, todo su esfuerzo, de alguna u otra manera, le hacía sentir que tenía algún tipo de valor.
Pero no, parecía que estaba en cero otra vez.
Alzó la vista ante sus palabras para poder atender a que, al parecer, esa sensación tan terrible que provocaba su existencia no era simple y llanamente algo que despertaba de manera instintiva, sino, literalmente, algo que el propio Sohem forzaba a voluntad -Haoshoku.- fue lo único que el pelirrojo pudo balbucear, habiendo quedado bastante perjudicado no solamente por el efecto de aquella poderosa técnica, sino, por sus palabras que le habían afectado mucho más que el dolor de su brazo fracturado. Le observó quitarse el casco y dejar ver ese cabello rosa chicle que tan poderosamente llamativo era, en ese porte serio y de fuertísimos contrates entre su vestimenta, color de pelo e iris, distinguible a kilómetros de casi cualquier persona.
Ahí es donde empezó el "meollo" de la situación: El haki se dividía en tres y así funcionaba en la mente de Owen: Uno te protege, otro mejora tus sentidos y otro doblega las voluntades. Jin añadió lo mismo que pensó el pelirrojo, pero debido a lo fuertemente incómodo que estaba y ya pudiendo dejar de sentir esa "mala vibra" provocada por el pelirrosa, simplemente mantuvo su ceño relativamente fruncido y una mirada vaga, observando. Sus ojos, a veces iban hacia abajo, divagando en su propia mente -Tal vez aprendiendo esto me vuelva suficiente. Espero.-.
El mafioso no dudó en terminar de fumar su cigarrillo, pisándolo, y ahí fue cuando pudo escuchar sus palabras al igual que las directrices del propio Sohem: Medio millón de berries y encontrarle buscándolo a través de su presencia. Había...algo curioso en cuanto había realizado la expansión de su presencia, ¿Porqué sintió cómo el rosa se irradiaba no solo por su cabello, sino, por su cuerpo entero? Fue un instante, medio segundo, como si hubiese habido un error en su vista que le obligó a parpadear una y otra vez, difuminado en una mota de humo -Estaré delirando.- pensó el muchacho pestañeando con mucha fuerza una y otra vez, observando que el único rosa que había presente era el del tono chicle de su pelo. Seguramente había sido una confusión por el miedo y el calor.
—Vamos, no perdamos tiempo. Ya has escuchado al jefe. No estoy dispuesto a decepcionarlo, y sé que tú tampoco. —
![[Imagen: 164209f76ac4abd4dfa2cc64efd82122.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/16/42/09/164209f76ac4abd4dfa2cc64efd82122.jpg)
-Supongo que no. Venga, vamos.-
Su contestación fue casi automática. Su mirada seguía cabizbaja, como si le costase levantarla. El ambientazo del casino era impresionante, maravilloso, tanto que provocó una pequeña mueca de nostalgia en el pelirrojo, marcando el hoyuelo de su mejilla izquierda al realizar una sonrisa de lado -Ojalá que, luego de esto, puedas ver cómo soy,- y, viendo como el enmascarado se alejaba con el amor de su vida -Gwen.- se despidió de ella, pudiendo, finalmente, terminar casi completamente a solas con la persona que había iniciado todo esto en un primer lugar: Jin Onizuka.
-Bueno, terminemos con esto pronto.- el barullo de la gente era inaudito. Las maquinitas, ruido, era todo tan avasallante que, cuando el chico quiso percatarse, había perdido total y completamente a la pareja. ¿Tenía un nudo en la garganta gigantesco de saber que la mujer de sus sueños se había ido con alguien que le había roto el brazo, mancillado el ego y asustado? Sí, uno muy grande. Por primera vez en todo lo que llevaba de esta travesía, sí se sentía derrotado -Hay...joder.- en el insulto, su mano derecha viajó hasta su rostro, frotándosela como si recién se hubiese levantado, incapacitado con la izquierda aún -Jin, tú has sido seguridad, y mafia, y cosas de esas en varios casinos como el de Isla del Karate, ¿Sabes si hay algún sistema que podamos trucar para conseguir el medio millón y no morirnos del asco aquí, eternamente?- le miraba hacia esos vacíos ojos entre grises y celestes, teniendo que elevar la cabeza para coincidir visualmente. La mirada del pelirrojo no se veía chispeante ni emocionada, sino, sometida -Que tenga un problema de ludopatía severo no significa que siempre ganase en las maquinitas. ¿Tú trucaste la máquina en la que yo ganaba siempre el día que nos conocimos?- preguntó genuinamente, intentando buscar respuestas mientras comenzaba a caminar por los infinitos pasillos de luces y colores, con aparatejos y personas que parecían gritar de dicha y de dolor solo por el resultado de tres simbolitos en un carrusel redondo.
![[Imagen: 5oHLIPr.png]](https://i.imgur.com/5oHLIPr.png)
-Así dejamos a Gwen sola con él. Él podrá ayudarla mejor de lo que yo lo haría nunca.-
De verdad que le había afectado mucho que alguien a quien Owen consideraba una eminencia y el pico máximo de la fuerza, hasta ahora, reconociera a dos del trío, pero no a él. Debía esforzarse más, y debía ser mejor. O volvería a quedarse atrás, otra vez.
Defuse the bomb:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
![[Imagen: Fusaneitor.gif]](https://sig.grumpybumpers.com/host/Fusaneitor.gif)
