05-02-2026, 07:25 PM
(Última modificación: 06-02-2026, 08:52 PM por Miyori Hoshino.)
![[Imagen: EkY_bIfWAAAr2NF.png]](https://pbs.twimg.com/media/EkY_bIfWAAAr2NF.png)
Me preocupé de inmediato por él, pues parecía a punto de perder el equilibrio y caer por las escaleras lo que hizo que mantuviera mis brazos atentos a cualquier riesgo de caída peligrosa, lista para sostenerlo en caso que necesitara mi ayuda.
Cuando recuperó su cordura y su compostura, me cuestionó con una sonrisa ladina sobre lo que yo había dicho respecto a mi edad, y a que aún podría considerarme una niña. Lo sé, lo sé muy bien. Apreté los labios, conteniendo una frustración silenciosa que se asentó en mi pecho, en mis sentimientos. Lo observé en silencio en lo que él se terminaba la botella de alcohol que sostenía entre sus manos, al saciar su sed, lanzó con fuerza aquella botella contra la fachada del edificio de enfrente, el estruendo de aquello quebrandose no me asustó en lo más mínimo. Mis ojos solo estaban atentos a su mirada y a sus acciones. Él era el guardián y yo la loca que insistia en cruzar la entrada.
Aquel hombre de pelo color morado se inclinó hacia mi persona, acortando la distancia por completo. No retrocedí ni un paso, me quedé ahí, a centímetros de lo que parecía ser una intimidación verbal de su parte. Pude percibir el olor a alcohol mezclada con la tonalidad arrogante de su voz saliendo por sus labios. Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral en cuanto escuché la gravedad de su voz, era como si yo fuera un ratón y lo que estaba frente a mis ojos era mi cazador. Él me explicó cómo era este presuntuoso bar, no había reglas, ni seguridad, estaba lleno de piratas, prostitutos y drogadictos, y claro, reinaban los vicios y las malas decisiones. Replicó diciendo que no era un lugar para alguien como yo, que al parecer daba la impresión de ser alguien tierno y blandito.
Su dedo índice tocó mi mejilla, hundiéndola lo suficiente como para casi chocar contra mis dientes. Me sentí incómoda, pero en lugar de hacerme a un lado o de quitar de su mano de mi rostro, lo dejé ser, lo dejé escupir todo el veneno que quería decirme…y fue entonces que comprendí que no era bienvenida. De algún modo, eso me hizo sentir pequeña. Mis ojos se humedecieron más de lo normal, asomándose pequeñas lagrimitas que no amenazaban con salir o desbordarse, al menos no aún. Me indicó que me marchara, y comprendí que ese era el ultimátum. -Pero…- susurré de forma muy leve que podría decirse fue imposible de escuchar.
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No pude decir nada, solo me quedé ahí, a un costado de la entrada. Aquel alto hombre de apariencia atrevida y metalera tomó sus cosas y luego procedió a retirarse, para ser precisos volvió hacia el interior del local al cuál me prohibió la entrada. Me quedé ahi, quieta, en el umbral de las escaleras viendo como mi oportunidad de conocer música nueva se me escapa de las manos. En ese momento sí me sentí aún más pequeña, y mis labios empezaron a temblar, ¿estaba a punto de llorar?. Levanté mi mano derecha con la intención de alcanzarlo, de tomarlo de la camisa y suplicarle que me dejase entrar, pero, antes de que pudiera decir o hacer algo, lo escuché preguntarme algo que me sorprendió o quizás fue el timbre de su voz que sonaba más amena lo que me hizo olvidar que estaba a punto de llorar. “ ¿Te gusta la música?”, preguntó, a lo que dudé si debía responderle o si en verdad me hablaba a mí. Tragué un poco de saliva para poder hablar de manera firme y respetuosa, y que esta vez me escuchara.
-Me encanta…- Respondí, era mi sueño, mi pasión. Era todo lo que me gustaría hacer y ser por el resto de mi vida, la música me enseñó que había un mundo más allá de lo normal. Más interesante que las drogas, los vicios, el alcohol, las apuestas, el bien o el mal, más interesante que cualquier pasatiempo. Era mi mundo. -Desde pequeña me ha gust…-
No pude terminar de decir porque fui interrumpida con lo que parecía ser unas indicaciones de seguimiento. Me aseguró que nadie se atrevería a tocarme y con una señal de su mano izquierda me indicó que podía ir con él. -¡G-gracias! - Dije con la voz más gentil y animada que tenía, y como si fuera la persona más rápida del mundo acorte la distancia por completo, hasta posicionarme a un costado de su presencia. Fue entonces que bajando la mirada me di cuenta que este chico poseía una hermosa guitarra, peculiar en su forma, pero su tonalidad me resultaba preciosa. Levanté mi mirada cargada de curiosidad para observar de nuevo la parte lateral de su rostro, ¿Era músico como yo?.
“Recuerda que si estás aquí es bajo tu responsabilidad” Me advertió nuevamente en lo que abria la puerta de aquel bar de una patada. Finalmente podía observar el interior de aquel local llamado “Supernatural”, y fue tal y como lo describió el chico de prendas negras y plataformas de cuero. Pero, mi mirada se centró únicamente en dónde provenía aquella interesante música. Mi ojos brillaron de inmediato, mi sonrisa se amplio de par a par, y entre pequeños saltitos de entusiasmo, me atreví a romper la primera regla: No separarme del guardián. Me adentré con esmero, casi corriendo, para ver a los músicos que tocaban aquella melodía hechizante, tenía mil preguntas que hacer, quería aprender, quería saberlo todo.
-*Aguarda Miyori, ¿no olvidas a alguien?* - Me dije internamente, ¿era la voz de mi conciencia tal vez?, recordé que no estaba sola. Frené mi andar de inmediato, y volteé a ver hacia atrás lentamente, a donde había dejado al joven de la guitarra. Y con miedo de que me regañase, volví a él con la mirada fija en el suelo…- Lo siento, tendré más cuidado. - Expresé con algo de nerviosismo, mientras mis ojos se desviaban de vez en cuando hacia donde estaban los demás músicos. Me moría de ganas por irme hacia ellos.
-Por cierto…- Levanté mi mirada hacia el joven de cabellos morados, y extendí mi mano derecha hacia él, con una amplia sonrisa me presenté de inmediato, me habia dado cuenta que no sabía su nombre, y tampoco quería que él me llamase niña toda la noche. - Mi nombre es Miyori Hoshino, un verdadero placer. - Dije, mientras el fondo tras de mí era la imagen del infierno, personas gritando, jurándose muerte, mujeres que rebosaban en el regazo de algún hombre borracho, apuestas, y sobre todo la música más intensa. Nada de eso podría importar si hay alguien sonriendote de frente, ¿verdad?.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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