05-02-2026, 07:39 PM
«Ah… Sabía que esto pasaría».
—Hmmm…
Si hay algo que Hae-won sabe muy bien de su mejor amiga es, precisamente, que su sentido de la seriedad prima por encima de muchos otros factores. No da lugar a la camaradería excesiva y prefiere la seriedad absoluta aún en medio de los momentos más distendidos. No puede preguntarse por qué, ambas se formaron bajo la misma comandancia y han sido instruidas del mismo modo durante los años en los que han trabajado. Pasaron de limpiar pasillos y estudiar, a mantener el orden y patrullar las aguas de las zonas en las que ahora se encuentran.
Niega con la cabeza mientras la observa, porque entiende mejor que nadie el por qué se comporta y discute con ese chico como lo hace, pero sabe que debe mantener una mínima de paciencia para llevarse bien dentro de un grupo concreto. Son un equipo ahora; ambos forman parte de la misma tripulación y revelar así sus carencias puede llegar a ser contraproducente. Shin Hasegawa puede llegar a ser una persona extremadamente irritante. Sí. Pero no es un mal tipo. No puede olvidar la forma en la que ayudó a ese chico a no cometer un error en el mercado de las zonas más bajas del pueblo en el que estaban.
«Amiga, le acabas de dar más material para que te moleste, ¿no te das cuenta de eso? ¡Por favor!»
No dice nada con la voz. No necesita hacerlo para saber que, si Dravenia voltease a verla, podría leer las expresiones de Choi por lo bien que se conocen. La paciencia es, a sus ojos, la madre de las virtudes. Gracias a ella, se conquistan ciudades y se ganan las guerras. La paciencia es el arma más poderosa que tiene un Marine, además de la voluntad y la firmeza que solo un hombre justo puede alcanzar. Hae-won sabe que hay que mantener la seriedad. Entiende que deben labrarse una imagen. Tiene en cuenta los mil y un factores que sacan a un cuerpo adelante, y por eso mismo es que se debe mantener el sentido real de unidad.
No habla. Solo observa. Toma la carpeta de Dashrath para ojearla por encima.
—si te quieres saltar esta parte, puedes hacerlo—
No puede negar que la curiosidad la aparta por unos instantes de la conversación presente y la centra de manera directa en los expedientes, los recortes de diarios y las noticias que hacen que sus alarmas se levanten. ¿Por qué son la división setenta y cinco, si la división ochenta y cuatro parece emerger con una fuerza arrolladora? No muestra expresión alguna ante lo que parece ser un claro caso de avance y presión que la obligan a anclar el pensamiento a la verdad.
Ahora entiende a Dravenia y sus maneras de actuar. Cada uno tiene una manera de entender el concepto de división, pero ellos avanzaron rápido y contundente. No tienen un capitán directamente asignado. Choi Hae-won está sobrepensando. Las alarmas se encienden de manera casi inmediata y busca recabar en sus muchos recuerdos archivados alguna cosa que le haya permitido ganar tal mérito.
Sí. Tiene misiones realizadas e incluso alguna que otra condecoración menor, pero es una maldita don nadie que no parece mostrar una proeza o hazaña reconocible más allá de lo extremadamente básico de un soldado raso… ¿Y son la división setenta y cinco? No levanta la mirada. Busca entre los archivos de los integrantes para hallar alguna respuesta que le permita comprender más o menos los motivos.
Lo hace con calma, mientras piensa con rapidez. Sin embargo, sus pensamientos se anclan en un nombre particular.
—…
Dimitri St. George.
Sí. Ese rostro es muy fácil de reconocer para quien tiene la maldición de no olvidar. Sonríe casi de inmediato, inconsciente, mientras contempla con velado orgullo el resumen de su expediente. Se unió al cuerpo de Marines, y será su compañero de trabajo. Eso en sí mismo es genial. Recuerda la primera y última vez que lo vio, y pensar en su yo actual le calienta un poquito el corazón al ver que, en efecto, logró conquistar su condición de persona y ser independiente. Seguramente es una persona brillante, como todos los que forman parte de este escuadrón.
Pasa con cuidado las hojas. Revisa recortes y busca, con más calma, alguna cosa que le permita saber por qué están tan arriba en la escala jerárquica dentro de la flota, si ni siquiera tienen un barco. Se calma. Tratará de pensar en todo eso más tarde, mientras levanta la mirada y los mira con calma. A todos y cada uno de ellos. No olvidaría sus rostros por más que lo quisiera. No desea hacerlo, en realidad.
—Puedes seguir leyendo a partir de aquí si te saltaste lo anterior—
Cuando se asegura de que todos hayan terminado de hablar, toma su turno para decir un par de cosas acerca de sí misma. Extiende la carpeta para la siguiente persona que desee revisar los papeles que trajo el más alto de sus compañeros.
—Ya conocen mi nombre, así que procederé a destacar mi especialidad —Sonríe ante la clara ironía que se planta en sí misma. Se evalúa y compara con el resto de sus compañeros en altura, peso y aparente fuerza—. Yo me encargo de la reparación naval. Soy carpintera, en aras de convertirme en arquitecta a futuro —Hay un poco de orgullo en su semblante—. Si hay que reparar botes o arreglar desperfectos estructurales, yo podré encargarme de eso sin problemas. Me he formado lo suficientemente bien para esa tarea. Por supuesto, si requiero de asistentes, imagino que podré contar con ustedes para ayudarme en tareas relativamente mínimas, ¿cierto?
Porque sí. Tiene fuerza para cargar tablones de madera… ¡Pero todos ellos son malditamente altos! ¡A todos los va a poner a trabajar en caso de que sea extremadamente necesario!
